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11-S: la historia de un ciego que se salvó gracias a su perro

Eduardo Rivera contó que su perro comenzó a buscar salir del edifcio, mientras caían vidrios por el ataque

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Se cumplen 20 años del ataque a las Torres Gemelas, el 11 de Septiembre de 2001 y muchas son las historias que se recuerdan de ese hecho que marcó a la historia del mundo. Es el caso de Eduardo Rivera, un ingeniero invidente, que trabajaba en el piso 71 del  World Trade Center.

Su historia fue contada por el diario El Mundo de España el 14 de septiembre de 2001. En ella, se relata que Rivera había llegado más temprano para entregar unos informes de una junta directiva que se realizaría ese día. Lo que no esperaba era que a las 8:44 de la mañana comenzaría a escuchar gritos alertando el choque de los aviones contra el edificio en el que trabaja.

“Me sorprendí aproximadamente a las 8:44 de la mañana, cuando alguien gritó: ‘¿Qué diablos hace este avión acá?’. Pero un poco más tarde hubo un impacto, un ruido tan estruendoso que prácticamente lo escuché como a mi oído. El edificio se comenzó a estremecer y eso es lo que recuerdo”, contó.

Este sábado se recordaron historias como la de Rivera y su perro (Efe)
Este sábado se recordaron historias como la de Rivera y su perro (Efe)

La reacción de su perro

Rivera narró que su perro-guía, de la raza labrador, que estaba al lado de su escritorio, se levantó y salió fuera de la oficina, de forma nerviosa, mientras se escuchaban pedazos de vidrio cayendo. En ese momento comenzaron a correr para evacuar el edificio.

“Yo me quedé pensando qué era lo que debía hacer y tomé la decisión que lo mejor era evacuar. El avión impactó a unos cinco o seis pisos arriba”, comentó.

“Tuvimos muchas dificultades, confusión, arriba había mucho humo, olor a gasolina. Al principio había mucho pánico, algunas personas trataban de coger el primer lugar para evacuar, pero en realidad yo considero que hubo bastante prudencia”.

El ingeniero bajó las escaleras junto con su jefe, Danna Enrigt. En el piso 64 o 65, intentaron quitar la correa de Salty, como se llamaba el perro, para agilizar el paso, pero se negó a seguir sin ellos y tuvieron que calmarlo.

El Mundo detalla que “al llegar a la calle, Rivera y su perro caminaron varias manzanas hasta poder subir al Metro, que los transportó hasta la estación Pelham y después llegaron a Mont Vernon, donde le esperaban su esposa Sonia y sus hijas Elizeth, de 21 años; Andrea, de 17, y Erika, de ocho”.

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