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Wuhan, experimentos, coronavirus

En 2018 China experimentó con coronavirus en laboratorio ubicado en Wuhan

Cables diplomáticos americanos confirmaron que China experimentó riesgosamente con cepas de coronavirus

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El hermetismo de las autoridades chinas para brindar información sobre el origen de la pandemia, los ocultamientos de información valiosa a la OMS sobre el cuadro genético del virus, la negativa a que se lleve adelante una investigación independiente sobre la irrupción del virus; todos son cuestionamientos que se le hacen al régimen comunista chino. Pero, además de lo reseñado, recientemente se reveló otro acontecimiento que deja mal parada a China.

De acuerdo con un pasaje del Ebook «Chaos Under Heaven: Trump, Xi, and the Battle for the Twenty-First Century», adaptado para un artículo en el medio Politico, en 2018 diplomáticos confirmaron que China experimentaba con coronavirus en un laboratorio ubicado en Wuhan. Los experimentos, además, se llevaron a cabo de forma riesgosa, ya que el laboratorio no cumplía con todos los estándares de seguridad necesarios.

El artículo adaptado señala que, a finales de 2017, «altos funcionarios sanitarios y científicos de la Embajada de Estados Unidos en Pekín asistieron a una conferencia en la capital china». En esa ocasión, «vieron la presentación de un nuevo estudio elaborado por un grupo de científicos chinos, entre ellos varios del laboratorio de Wuhan, en colaboración con los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos».

Según explicó el autor del Ebook, Josh Rogin, un condecorado columnista de The Washington Post, desde el lejano brote del virus SARS en 2002 «los científicos de todo el mundo han estado buscando formas de predecir y limitar futuros brotes de enfermedades similares». Para lograr ese objetivo, diversas instituciones, como el Instituto Nacional de la Salud (NIH), financiaron proyectos donde participaron científicos del Wuhan Institute of Virology (WIV) «incluyendo gran parte del trabajo del laboratorio de Wuhan con los coronavirus de los murciélagos».

Uno de los nuevos estudios se llamó «El descubrimiento de un rico acervo genético de coronavirus relacionados con el SARS de los murciélagos proporciona nuevos conocimientos sobre el origen del coronavirus del SARS».

De acuerdo con las informaciones suministradas por los funcionarios americanos, los investigadores chinos encontraron una población de murciélagos que yacían en las cuevas de la provincia de Yunnan. Este descubrimiento «les permitía comprender cómo se originaban y propagaban los coronavirus del SARS».

Rogin escribió que estos investigadores se jactaron de encontrar la cueva donde se originó el coronavirus del SARS. No obstante, «lo único que les importaba a los diplomáticos americanos era que estos científicos habían descubierto tres nuevos virus que tenían una característica única».

Estos virus, según se explica, contenían una «proteína pico», cuya particularidad es «agarrarse a un receptor específico de las células pulmonares humanas conocido como receptor ACE2». ¿Qué significa? Según el texto, «que los virus eran potencialmente muy peligrosos para los humanos y que estos virus estaban ahora en un laboratorio con el que ellos, los diplomáticos americanos, no estaban familiarizados».

Diplomáticos americanos a Wuhan

La realidad es que, a los funcionarios americanos, más allá de las características encontradas en los virus, les inquietaba que el laboratorio de bioseguridad de máximo nivel del WIV (BSL-4) «era relativamente nuevo».

Por esta misma razón los funcionarios de salud de la Embajada americana en China emprendieron un viaje a Wuhan con el objetivo de visitar al laboratorio y comprobar si todo estaba “ok”.

«En total, la embajada envió tres equipos de expertos a finales de 2017 y principios de 2018 para reunirse con los científicos del WIV, entre ellos Shi Zhengli, a menudo conocida como la “mujer murciélago” por su amplia experiencia en el estudio de los coronavirus que se encuentran en los murciélagos», explicó el autor.

La situación fue mucho más alarmante de lo que pensaban los diplomáticos americanos. Las reacciones fueron de sorpresa: «Los investigadores chinos les dijeron que no tenían suficientes técnicos debidamente formados para operar con seguridad su laboratorio BSL-4. Los científicos de Wuhan pedían más apoyo para que el laboratorio estuviera a la altura de los mejores estándares».

Fue así como los diplomáticos del país escribieron y enviaron dos cables a DC, explicando su visita al laboratorio de Wuhan donde China experimentaba con coronavirus. Los funcionarios informaron que Estados Unidos debía hacer «más para ayudar al laboratorio a cumplir las normas de seguridad más estrictas». Además, «advirtieron que los investigadores del WIV habían encontrado nuevos coronavirus de murciélago que podían infectar fácilmente las células humanas y que utilizaban la misma ruta celular que había utilizado el coronavirus original del SARS».

Josh Rogin reveló que uno de los redactores del cable le comentó que la explicación de que China experimentaba con un virus peligroso en un laboratorio con serios riesgos de seguridad «pretendía ser una advertencia sobre una posible crisis de salud pública».

«Los cables se mantuvieron sin clasificar porque querían que más personas en su país pudieran leerlos y compartirlos, según el redactor del cable. Pero no hubo respuesta de la sede del Departamento de Estado y nunca se hicieron públicos. Y a medida que las tensiones entre Estados Unidos y China aumentaron a lo largo de 2018, los diplomáticos americanos perdieron el acceso a laboratorios como el del WIV», explicó Rogin en su relato.

La investigación de Rogin deja muy claro que el gobierno de USA no confiaba en la narrativa que el régimen chino impuso sobre el origen del COVID-19 en un mercado de Wuhan. Una teoría inicial que, al final, los Centros de Control de Enfermedades chinos desmintieron en mayo del 2020. En cambio, una buena parte de los funcionarios americanos sí estaban convencidos de la posibilidad de que un error de laboratorio pudo originar la pandemia. Algo que no se puede averiguar o confirmar sin una investigación independiente a la que China se niega.

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Wuhan (China), 23/02/2017.- A researcher works in a lab of Wuhan Institute of Virology (WIV) in Wuhan, Hubei province, China, 23 February 2017 (issued 16 April 2020). EFE/EPA/SHEPHERD HOU CHINA OUT
Más investigaciones chinas con coronavirus

Algo interesante del texto es que los experimentos e investigaciones con relación al SARS y sus variantes no son nada nuevas. O, al, menos así se reseña.

«A principios de julio de 2020, un grupo de investigadores chinos de Pekín, entre los que se encontraban varios afiliados a la Academia de Ciencias Médicas Militares, publicó un estudio poco conocido», escribió Rogin. «Estos científicos afirmaban haber creado un nuevo modelo para estudiar el SARS-CoV-2 creando ratones con características pulmonares similares a las de los humanos mediante el uso de la tecnología de edición genética CRISPR para dotar a los ratones de células pulmonares con el receptor humano ACE2, el receptor celular que permitía a los coronavirus infectar tan fácilmente los pulmones humanos».

El autor del libro, inquieto, decidió consultar con expertos. Allí reveló que algunos funcionarios americanos creyeron «que este laboratorio de Pekín probablemente estaba realizando experimentos con coronavirus en ratones dotados de receptores ACE2 mucho antes del brote de coronavirus en una investigación que no habían revelado y que siguen sin admitir».

Si bien la administración Trump falló en no prestarle la debida atención a los cables enviados en 2018 por los diplomáticos en Pekín —aunque nadie se imaginaba que podría ocurrir— sí hizo un movimiento importante: la declaración del Departamento de Estado el 15 de enero. Días antes de que el expresidente dejara el cargo.

Aquella declaración fue contundente, con afirmaciones graves, puesto que no solo dijeron que «Pekín sigue ocultando hoy información vital que los científicos necesitan para proteger al mundo de este virus mortal, y del siguiente», sino que pusieron la pelota en el campo del Partido Comunista chino afirmando que la inteligencia americana tenía pruebas de que algunos investigadores del laboratorio del Instituto de Virología de Wuhan se enfermaron y tenían síntomas similares al coronavirus en otoño del 2019.

Además, añadieron que el WIV, pese a que se hace llamar una «Institución civil», llevó adelante proyectos de investigación el Ejército chino.

Y eso no fue todo. El propio Departamento de Estado alegó que, aunque el Instituto de Virología de Wuhan reveló parte de su participación en la investigación de ganancia de función, no dijo nada sobre su trabajo en RaTG13, señalando que «ha participado en investigaciones clasificadas, incluyendo experimentos con animales de laboratorio, en nombre de los militares chinos desde al menos 2017».

«Eso, por sí mismo, no ayudó a explicar cómo se originó el SARS-CoV-2. Pero estaba claro que los funcionarios creían que había una gran cantidad de investigación de riesgo de coronavirus en los laboratorios chinos que el resto del mundo simplemente no conocía», explicó Rogin en su libro.

Un alto funcionario de la administración Trump le dijo a Rogin que esto, simplemente, «fue sólo un vistazo bajo una cortina de toda una galaxia de actividad, incluyendo laboratorios y laboratorios militares en Beijing y Wuhan jugando con coronavirus en ratones ACE2 en laboratorios inseguros».

La administración Trump, en síntesis, con la información que tenía —que no era mucha debido al hermetismo chino— estaba convencida de que el régimen de Xi Jinping manipuló información a su antojo para que encajase a sus intereses y que, además, un accidente de laboratorio era posible. Pero era imposible demostrarlo con pruebas fehacientes.

«Si había una pistola humeante, el Partido Comunista de China la enterró junto con cualquiera que se atreviera a hablar de ello», le dijo un funcionario americano a Rogin. «Probablemente nunca seremos capaces de probarlo de una manera u otra, que era el objetivo de Pekín todo el tiempo».

Lastimosamente, no se escuchó a los diplomáticos que, a finales de 2017 y principios de 2018, informaron sobre los peligros de que China experimentara con coronavirus en laboratorios sin los estándares de seguridad necesarios.

Por último, el autor Rogin, escribió una de las revelaciones que uno de los cableros le dijo:

«Tengo que admitir que pensé que sería tal vez un brote como el del SARS otra vez. Si hubiera sabido que se convertiría en la mayor pandemia de la historia de la humanidad, habría hecho más ruido al respecto».

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