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En 2021, la libertad y prosperidad retrocedieron en un mundo en pánico

2021 - el american

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La película Robocop de 2014, dirigida por José Padilha con guión de Joshua Zetumer, Nick Schenk, Edward Neumeier y Michael Miner imagina un futuro cercano en el que la hegemonía global de los Estados Unidos como única superpotencia se refuerza con la presencia militar en el extranjero de soldados robóticos de inteligencia artificial avanzada.

Fue fascinante que la mentalidad woke de los guionistas se empeñara en atribuir a caricaturas de conservadores la desinformación, agitación y propaganda típicas de los medios liberales. Pero lo revelador fue que la imaginaria corporación Omnicorp, fabricante de los poderosos sistemas de combate autónomos de inteligencia artificial, subcontrataba en China, sin preocupación alguna, la producción de esos estratégicos equipos militares americanos.

China, en el imaginario de intelectuales y empresarios woke americanos, sería una eterna fábrica con mano de obra barata y escasas reglamentaciones ambientales en las que subcontratar la fabricación de tecnología americana. No entendían que transferían conocimiento tecnológico y empresarial estratégico a un enemigo en callado ascenso. Y así hicieron de la nueva China de Xi Jinping una superpotencia totalitaria, muho más poderosa de lo que jamás fue la URSS.

Y todavía la ultraizquierda neomarxista tan influyente en el partido demócrata se resiste en 2021 a admitir que Washington enfrenta la realidad de una segunda guerra fría, distinta y distante de la anterior. Algunos incluso ven con simpatía las aspiraciones de poder global de ese totalitarismo comunista que mediante el mercantilismo emplea herramientas capitalistas para hacer del comercio otro campo de batalla por la hegemonía global

Vivimos en un mundo en que la subversión ideológica se extendió por un Occidente que dudaba de sí mismo, de sus valores y sus éxitos. Un mundo en que hemos perdido ante la subversión ideológica neomarxista al grueso de dos generaciones de jóvenes de las sociedades más libres y prosperaras que el mundo jamás había conocido.

El nuestro es un mundo en que una pandemia que se propagó debido al secretismo y la irresponsabilidad de Beijing, y la complicidad inicial de la OMS. Es un mundo en que el daño económico ocasionado, menos por la pandemia que por las ineficaces cuarentenas con las que se pretendió combatirla, han colocado a las economías de Occidente al borde del colapso de la compleja estructura dinámica espontánea del capital de la que dependen las economías de libre mercado.

Pero es un mundo que en 2021 se ha rendido al pánico y arrojado en brazos del autoritarismo en busca de una seguridad imposible. La pandemia nos demostró que los sistemas socializados y centralizados de medicina estatal son incapaces de responder a una emergencia. Pero en democracias tan solidas como Canadá, las autoridades sanitarias, en lugar de enfrentar los ampliados retrasos de atención que en su burocratizado sistema de medicina socializada ocasionaron miles de muertes evitables por otras afecciones diferentes al COVID-19, dedicaba millones a espiar ilegalmente a su población a través de sus teléfonos inteligentes, con la excusa de la pandemia.

Nuestros políticos aprendieron dos grandes lecciones autoritarias: de una parte que la emergencia y el pánico justifican fácilmente grados crecientes de control social inimaginables. Y más importante, que todos los fracasos, económicos y sanitario pueden usarse para exigir más y más de lo mismo. 

Las dos lecciones autoritarias de la pandemia se resumen en que una vez que gobiernos y medios han transformado un temor real en pánico irracional, la mayoría desinformada y temerosa aceptará sin dudar cualquier cosa que el poder le presente como fallida vía a la ilusoria seguridad.

El 2021 ha ha sido un año de retroceso global de la libertad y la prosperidad. Un año de retroceso geopolítico y económico para occidente. Un 2021 de ascenso del poder y la influencia de Beijing. El año en que poderes crecientemente autoritarios gobiernan el mundo libre ocultando que la pandemia ha causado mucho menos daño que el que ellos han causado con sus fallidas políticas de control social contra la pandemia. 

Guillermo Rodríguez is a professor of Political Economy in the extension area of the Faculty of Economic and Administrative Sciences at Universidad Monteávila, in Caracas. A researcher at the Juan de Mariana Center and author of several books // Guillermo es profesor de Economía Política en el área de extensión de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Monteávila, en Caracas, investigador en el Centro Juan de Mariana y autor de varios libros

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