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Las 4 razones por las que Biden no salvará a México

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Biden no salvará a México. Eso es algo evidente, pero amerita reiterarlo, porque conforme avanzó la campaña electoral, en México se construyó un delirio: muchos líderes de opinión y dirigentes de la oposición contra Andrés Manuel López Obrador pasaron de simplemente apoyar a Joe Biden y echarle porras, a convertirlo en una figura redentora con matices casi salvíficos.

De acuerdo a esta interpretación, que se expresa de vez en cuando en la prensa mexicana y que corre con mucha mayor insistencia en los pasillos políticos, Biden llegaría a la Casablanca el 20 de enero con México como prioridad y con Andrés Manuel López Obrador como enemigo.

¿Biden salvará a la nación del sur?

La teoría se monta en argumentos como el hecho de que Andrés Manuel se tardó 38 días en felicitar a Biden por su triunfo, como si el presidente electo de los Estados Unidos fuera una quinceañera caprichosa que lleva la cuenta de quienes no le dieron like a su última foto de Instagram. Según esto, Joe se vengaría del apoyo de Obrador a Trump y lanzaría toda la fuerza de las instituciones norteamericana, haciendo equipo con la oposición mexicana en una especie de sagrada alianza tecnocrática, para arrebatarle a AMLO el dominio del país.

Si esa teoría suena exagerada y absurda es porque lo es. Hay muchas razones por las que Biden no bajará a México como un ángel vengador con la espada en una mano (para decapitar a Obrador) y una hoja de laurel en la otra (para coronar el regreso de la tecnocracia). Aquí van 4:

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Primera. México no es prioridad para Biden

El próximo presidente de los Estados Unidos ha pasado básicamente toda su vida en la alta política y en los pasillos de Washington. En todo ese tiempo no ha demostrado un interés discernible acerca de México. Nunca se ha identificado como un aliado del país y ni siquiera en su campaña presidencial hubo señales de que México sea prioritario, más allá de las casi reglamentarias fotos junto a un conjunto de mariachis.

Incluso en su página de Internet es notorio el desinterés. Dentro de los planes que presume Biden, ninguno se refiere específicamente a México, a pesar de que sí existe uno dirigido específicamente a los países de América Central. A México lo menciona de rebote mientras explica temas de migración, pero incluso ahí el enfoque está en los migrantes que vienen de terceros países y se quedan atorados en la frontera sur. En lugar del muro, Joe promete cooperar con Canadá y México para realizar “inversiones inteligentes” en tecnología fronteriza. Hasta ahí.

Biden va a estar bastante ocupado con lo que pasa al interior de los Estados Unidos como para meterse a pelear las batallas de la oposición mexicana. Incluso en términos de política exterior sus intereses prioritarios estarán en China, Europa y quizá en Irán, Cuba y Venezuela. Mientras no estalle una crisis, México será apenas una nota al pie en el trabajo cotidiano del próximo presidente de los Estados Unidos.

Segunda. López Obrador no es un seguidor a ultranza de Trump

Muchos analistas con poca memoria o agendas interesadas han construido el mito de que Trump y López Obrador son aliados naturales y hermanos del alma. Eso no es cierto. Hasta antes de entrar al Gobierno, Andrés Manuel López Obrador fue tan crítico de Donald Trump como el resto de la clase política mexicana. AMLO no sólo repetía las mismas sandeces prefabricadas que sus opositores respecto a Estados Unidos, sino que incluso las recopiló, imprimió y vendió en un libro titulado: “Oye, Trump”.

¿Qué pasó? Una vez en el poder, Obrador entendió que, para imponer tranquilamente su agenda en México, tenía que llevar la fiesta en paz con el inquilino de la Casa Blanca. Así lo hizo con Trump, y así lo hará con Biden. La única diferencia es que cambiarán los interlocutores, y de hecho la actual embajadora de México en Estados Unidos ya ha anunciado su retiro. A partir del 20 de enero del 2021 Obrador se quitará la playera de los republicanos y se pondrá la de los demócratas, algo que le resultará mucho más sencillo ideológicamente.

Tercera. Biden no piensa intervenir en los países gobernados por la izquierda

Si algo ha dejado claro tanto la campaña como la transición de las últimas semanas, es que Biden buscará reeditar la estrategia de la administración Obama, que privilegio los contactos diplomáticos con los gobiernos de izquierda y con los enemigos de Estados Unidos, lo mismo en Irán, que en Cuba o Venezuela.

Una distensión de las relaciones entre los Gobiernos de Estados Unidos y Venezuela aumentará el margen de maniobra de los socialistas en dicho país y en el resto de América Latina, incluyendo México, donde personajes muy influyentes dentro de la alianza oficialista son abiertamente partidarios la Revolución Bolivariana.

Durante estos dos años, esos izquierdistas radicales estuvieron obligados por las circunstancias a reducir la intensidad de sus esfuerzos y de sus declaraciones, siguiendo la línea de Obrador en cuanto a no pelearse con Trump. Sin embargo, ya con Biden tendrán carta abierta para impulsar su agenda de forma mucho más drástica. El proyecto de la izquierda se fortalecerá y el trabajo de la oposición mexicana será incluso más difícil.

Para decirlo así de claro: Si Trump, siendo Trump, no quitó a Maduro del poder en Venezuela, Biden ni de chiste va a apostar su capital político en sacar a López Obrador del Gobierno en México. tiene otras cosas en qué invertirlo.

Biden no salvará a México, y tampoco le correspondería hacerlo. Imagen: Gage Skidmore, (Flickr)
Cuarta. A Estados Unidos le interesa la estabilidad política

En Washington el pendiente es que México mantenga la estabilidad suficiente como para no ser una grave molestia en la frontera, y no señales realistas en el sentido de que Obrador pierda el control del país en el corto o mediano plazo; al menos no hasta el punto de convertirse en un riesgo para la seguridad nacional de los Estados Unidos.

Sí, por supuesto que habrá algún funcionario del Departamento de Estado a quien se le encargue la relación con México, en equipo con él o la embajadora. En caso de que Obrador incumpla con los acuerdos del tratado de libre comercio (especialmente con aquellos en materia energética) habrá presiones de los Estados Unidos, pero no hay ninguna razón para que dichas presiones sean significativamente mayores o diferentes a las que hemos observado durante estos dos años. Dicho de otro modo: Si Obrador se pasa de la raya, alguno de los burócratas de segundo nivel en Washington lo va a mandar regañar. Nada más.

Biden no salvará a México y la oposición mexicana haría bien en dejar de esperar a un mesías. El trabajo de impedir la regresión autoritaria del país le corresponderá a los partidos de oposición, a los liderazgos empresariales y a las instituciones sociales. Biden tendrá otros pendientes, otras prioridades y otros intereses.

Sí, en una de esas y hasta se toma alguna foto con la oposición, pero con fotos no se salvan los países. Si no me creen, pregúntenle a Guaidó.

Gerardo Garibay Camarena, is a doctor of law, writer and political analyst with experience in the public and private sectors. His new book is "How to Play Chess Without Craps: A Guide to Reading Politics and Understanding Politicians" // Gerardo Garibay Camarena es doctor en derecho, escritor y analista político con experiencia en el sector público y privado. Su nuevo libro es “Cómo jugar al ajedrez Sin dados: Una guía para leer la política y entender a los políticos”

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