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Hambre en el mundo

¿Bastan $6,000 millones para acabar con el hambre en el mundo?

Por más de 50 años África recibió en promedio más de $20,000 millones anuales en ayuda internacional y todavía buena parte del continente está lejos de acabar con el hambre y otros problemas que lo aquejan

Los multimillonarios “tienen que levantase, por una vez”, afirmó Davis Beasley el director del Programa de las Naciones Unidas para la Alimentación Mundial. Según Beasley solo “$6,000 millones se necesitan para ayudar a 42 millones de personas que literalmente van a morir si no las alcanzamos. No es complicado”, añadió Beasley .

Según CNN, la cifra que da Beasley equivaldría al 2 % de la fortuna de Elon Musk, y en un insidioso titular señalan que estos bastarían para acabar con el hambre en el mundo. Ante un hecho tan elemental para la progresía cabe preguntarse: ¿De dónde diablos sacan ese número?

En verdad, ¿de dónde sacan que $6,000 millones bastan para acabar el hambre en el mundo? Si uno coge la cifra de personas hambrientas de Beasley y la divide por el 2 % de la fortuna de Elon Musk, el resultado sería que con poco más de $142 per cápita bastaría para acabar con el hambre en el mundo.

Aunque $142 sin lugar a dudas es bastante dinero para una familia en un país del tercer mundo, es difícil creer que una ayuda de ese monto (sea en alimentos, o dinero) bastaría para acabar con el hambre en el mundo más allá de unas cuantas semanas.

Según CNN bastaría con el 2 % de la fortuna de Elon Musk para acabar con el hambre en el mundo. (EFE)

Si fuera cierto que solo $6,000 millones se necesitan para acabar con el hambre en el mundo, resultaría casi criminal que países como Estados Unidos, que literalmente imprime al mes $120,000 millones, no haya donado una fracción de ese dinero para acabar con este gran problema.

Desafortunadamente, el mundo tiene más de 42 millones de personas que pasan hambre o tienen una ingesta calórica insuficiente —según Action Against Hunger, la cifra se aproxima más a los 881 millones de personas— por lo que el costo de acabar con el hambre que dice Beasley se queda corto y por mucho, e incluso se puede decir que los desconocemos, pues la persistencia del hambre es más un problema estructural de los gobiernos que una etiqueta con un precio que los ricos se niegan a pagar.

El hambre en el mundo va más allá de una vulgar precio, como guerras, el cambio climático, desastres naturales, ineficacia de los Estados, falta de mercados, corrupción, y plagas. Si lo que afirma Beasley —que sí lo hace— es que con $6,000 millones bastaría para acabar las guerras, cambiar nuestra matriz energética y llevar mercados e instituciones eficientes al tercer mundo, esto lo habríamos logrado hace tiempo.

Conflictos armados, el cambio climático, gobiernos corruptos e ineficientes, mercados inexistentes y falta de infraestructura pública son los principales responsables del hambre en el mundo. (EFE)

En los últimos 50 años África fue receptora de más de $1 billón en ayuda internacional, pero como lo explica la economista zambiana Dambisa Moyo: “Entre 1970 y 1998, cuando los flujos de ayuda a África estaban en su apogeo, la pobreza en África aumentó del 11% a un asombroso 66%”.

Según Moyo esta ayuda contribuyó más a acrecentar las brechas en África que a disminuirlas “al frustrar los mecanismos de rendición de cuentas, alentar el comportamiento de búsqueda de rentas, desviar el talento y eliminar las presiones para reformar políticas e instituciones ineficientes”.

Por más de 50 años África recibió en promedio más de $20,000 millones en ayuda internacional anuales y todavía buena parte del continente está lejos de acabar con el hambre y otros problemas que la aquejan.

El malintencionado artículo de CNN hace referencia a la terrible hambruna de los afganos. Es difícil creer que incluso si se contara con el dinero para ayudar a los millones de afganos, el Gobierno talibán tenga los mecanismos eficientes, o el interés de usar estos recursos para alimentar a su población.

Más de 22 millones de personas en Afganistán se encuentran en riesgo de pasar hambre. (EFE)

Afganistán solamente durante la ocupación americana recibió $76,000 millones de ayuda internacional, no obstante, el Estado afgano nunca logró desarrollar una red de bienestar para sus ciudadanos, a pesar de contar con una ayuda internacional que llegó a representar hasta la mitad de su PIB.

Como Afganistán, la mayor parte de los países del mundo donde el hambre es generalizada carecen de Estados eficaces, mercados, infraestructura pública, fuerzas de seguridad, sistemas de justicia o derechos de propiedad. El hambre es una consecuencia de la incapacidad de estas naciones de generar más riqueza, más que la falta de voluntad de los millonarios de donar su dinero.

Esto no significa que donar para ayudar a los otros no se deba hacer, sin lugar a dudas Beasley acierta que en el mundo estaría mejor si no solo los multimillonarios, sino en general todos destináramos una mayor parte de nuestro de dinero para donaciones. De hecho, hoy en día donar es más fácil que nunca y se puede hacer directamente desde una red social.

No obstante, las donaciones no bastarán para acabar con el hambre en el mundo, porque, como casi todo, es un problema que trasciende una simple factura.

CNN también menciona las consecuencias del cambio climático y cómo se ha creado un Corredor Seco en los países centroamericanos. Irónicamente, Tesla, la compañía de Elon Musk, desarrolla paneles solares y carros eléctricos como una alternativa en un mercado altamente dependiente de los combustibles fósiles.

Elon Musk desarrollando baterías de litio, paneles solares, o autos eléctricos puede estar apoyando más a acabar el hambre mundial que si donara toda su fortuna a la FAO y el Programa de Alimentos de las Naciones Unidas, pues mitigar nuestras emisiones si será crucial para la seguridad alimentaria en el futuro.

Muchos países africanos han sido víctimas del calentamiento global que afecta la productividad de sus cosechas. (EFE)

Un país como Japón con apenas un área cultivable y una gran densidad poblacional no sufre ningún riesgo de seguridad alimentaria, no por la caridad del mundo, sino porque tiene la suficiente riqueza para permitirse importar los alimentos que necesita.

Es la generación de valor la que a largo plazo permite generar calidad de vida. A pesar de las buenas intenciones de Beasley, las donaciones no acabarán con el hambre mundial, la construcción de capacidades productivas, sí. Pensar que vender el patrimonio (comenzando por el de los más ricos) para comprar alimentos es la solución para acabar con el hambre mundial no solo es ingenuo, sino que es un contrasentido.

La acumulación de capital es lo que ha permitido a lo largo de la historia generar riqueza para mejorar la calidad de vida, sin los activos tanto físicos como inmateriales que hemos desarrollado en los últimos doscientos años de capitalismo, es difícil creer que algún día hubiéramos llegado a tener la calidad de vida que hoy poseemos.

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