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Económicas, consecuencias, Biden

9 ejemplos de despilfarro y gasto partidista en la propuesta de “infraestructura” de Biden

Sólo un tercio del dinero se destina al tipo de gasto que la gente suele asociar con infraestructuras
Por Brad Polumbo

El gobierno de Biden hizo pública una propuesta de gasto de más de 2 billones de dólares concentrada aparentemente en infraestructura. Pero hay mucho más de lo que parece en este plan.

Un vistazo a la propuesta revela muchas partidas que sólo parecen estar tenuemente relacionadas con infraestructuras. De hecho, varias no parecen estar relacionadas con las infraestructuras en absoluto.  

He aquí 9 de las partidas más sospechosas de la propuesta de “infraestructuras” de Biden, extraídas directamente de una hoja informativa sobre el plan que ha publicado la Casa Blanca.

El gobierno de Biden propone gastar 10.000 millones de dólares para crear una “Corporación Civil para el Clima”. La Casa Blanca afirma que “esta inversión de 10.000 millones de dólares pondrá a una nueva y diversa generación de americanos a trabajar en la conservación de nuestras tierras y aguas públicas, reforzando la resiliencia de las comunidades y promoviendo la justicia medioambiental a través de un nuevo Cuerpo Civil para el Clima”.

La propuesta reserva la impresionante cantidad de 20.000 millones de dólares -más de lo que el último paquete de COVID gastó en vacunas- para “un nuevo programa que reconectará a los barrios aislados con inversiones históricas y garantizará que los nuevos proyectos aumenten las oportunidades, promuevan equidad racial, justicia medioambiental, y fomenten el acceso asequible”. 

Los vehículos eléctricos: una novedad tecnológica tan buena que no se pondrá de moda sin cientos de miles de millones en subvenciones. Al menos, eso es lo que aparentemente piensa la administración Biden, ya que su propuesta de infraestructura destina una “inversión de 174.000 millones de dólares para ganar el mercado de los vehículos eléctricos”.

El gasto adoptará la forma de subvenciones a la fabricación y créditos fiscales al consumo, que históricamente han beneficiado más a las familias ricas. A modo de comparación, la propuesta destina más dinero a las bondades de la energía verde que al total de 115.000 millones de dólares para “modernizar los puentes, las autopistas, las carreteras y las calles principales que más necesitan ser reparadas”.

Cuando la mayoría de la gente oye hablar de “infraestructura”, piensa en carreteras, puentes, túneles, etc. Pero la definición de la administración Biden del término es tan flexible como la gimnasia olímpica. Al parecer, el presidente considera “gasto en infraestructura” el destino de 213.000 millones de dólares a la construcción o adaptación de 2 millones de casas y edificios “sostenibles”. También deslizan 40.000 millones de dólares a viviendas públicas, afirmando que esto “beneficiará desproporcionadamente a las mujeres, las personas de color y las personas con discapacidades”.

Tal vez recuerden que la última legislación “COVID” contaba con 128.500 millones de dólares en dádivas por parte de los contribuyentes a las escuelas públicas. Gran parte del dinero se gastará años después de la pandemia y no había ningún requisito para que las escuelas abrieran realmente. Sin embargo, esto era evidentemente sólo el principio. El plan de “infraestructuras” de Biden incluye otros “100.000 millones de dólares para mejorar y construir nuevas escuelas públicas”.

“También se proporcionarán fondos para mejorar las cocinas de las escuelas, de modo que puedan utilizarse para preparar mejor las comidas nutritivas de los estudiantes y puedan ser más ecológicos reduciendo o eliminando el uso de platos de papel y otros materiales desechables”, dice la propuesta.

Por lo general, se piensa que la infraestructura y la educación superior son sectores separados y distintos. Sin embargo, el plan de “infraestructuras” de Biden incluye 12.000 millones de dólares para que los estados destinen el dinero a los colegios comunitarios.

La propuesta incluye varios miles de millones de dólares destinados a reducir las supuestas “desigualdades raciales y de género” en la investigación y el desarrollo de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (STEM). 

No se explica adecuadamente qué tiene que ver esto con las infraestructuras interestatales.

Englobado en el amplio término “infraestructura digital”, el plan asigna 100.000 millones de dólares para “llevar una banda ancha asequible, fiable y de alta velocidad a todos los americanos”. Curiosamente, la propuesta declara abiertamente que desea promover el control gubernamental y de las *-ONG sobre la banda ancha y expulsar a los proveedores del sector privado: “Prioriza el apoyo a las redes de banda ancha que sean propiedad de los gobiernos locales, las organizaciones sin ánimo de lucro y las cooperativas, o que estén afiliadas a ellos, proveedores con menos presión para obtener beneficios”.

El plan incluye 25.000 millones de dólares “para ayudar a mejorar las instalaciones de cuidado infantil y aumentar la oferta de cuidado infantil en las zonas que más lo necesitan”. Según la Casa Blanca, “la financiación se proporcionaría a través de un Fondo de Crecimiento e Innovación para el Cuidado Infantil de manera que los estados construyan una oferta de cuidado de bebés y niños pequeños en áreas de alta necesidad”.

La lista anterior suma cientos de miles de millones en despilfarros y gastos partidistas, no relacionados, que se deslizaron en el costoso plan de “infraestructura” de la administración Biden. Pero hay que subrayar que esta lista no es ni mucho menos exhaustiva; es lo que un reportero pudo encontrar en unas pocas horas de investigación.

Para cuando esta propuesta se traduzca en cientos de páginas de legislación (si no miles) y se someta a la influencia del Congreso (y de los grupos de presión), sin duda habrá aún más despilfarro y medidas partidistas deslizadas en ella.

Sí, existe un serio debate sobre el estado de la infraestructura estadounidense y el adecuado papel que tiene el gobierno federal para solucionar sus deficiencias. Sin embargo, de los más de 2 trillones de dólares de gasto propuestos en este plan, sólo 621.000 millones se destinan a “infraestructuras de transporte y resiliencia”. Así es, apenas un tercio del dinero se destina a los tipos de gasto que la gente suele asociar con infraestructura, como la reparación de carreteras, puentes y la modernización del transporte público. 

¿Puede Biden salirse con la suya?

Bueno, recordemos que sólo el 10 % de los 1.9 trillones de dólares del gobierno de Biden en gastos de “alivio por COVID” estaban realmente relacionados con COVID-19, y que la mayor parte se destinó al despilfarro, a preferidos proyectos políticos y a prioridades partidistas. El presidente parece haber adoptado un enfoque similar para el gasto en infraestructura. 

Por desgracia, no es una gran sorpresa. Como dijo una vez el periodista y escritor satírico americano PJ O’Rourke: “Darle dinero y poder al gobierno es como darle un whisky y las llaves del auto a los adolescentes”.

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