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Trump, debate, El American

Al menos hubo debate

Poco importa si Biden luce incoherente y le da la espalda a los impulsos más radicales de su partido. Ellos, por más que aborrezcan a Biden, jamás dejarían de votar por él. Odian más a Trump de lo que valoran sus principios

El primer debate fue un desastre. Todos lo reconocemos. Me suscribo plenamente a lo que escribió Karl Rove en el Wall Street Journal al respecto. «This was the debate from hell!» Cierto. Pero afortunadamente llegamos a, al menos, tener un buen debate.

Este jueves 22 de octubre fue el segundo y último debate de esta contienda presidencial en Estados Unidos y fue bastante decente. Trump, de corbata roja, y Biden, de azul, se enfrentaron en un encuentro moderado maravillosamente por Kristen Welker —quien, aún siendo de NBC, tuvo un desempeño muy superior al mediocre esfuerzo de Chris Wallace—.

Welker sí fue más hostil con Trump, pero está bien. Él es el presidente y le convienen las preguntas duras. Al menos no protegió a Biden como sí lo hizo Wallace. Pero el debate permitió, tremendamente, la exposición de los dos candidatos.

Ambos le hablaron nuevamente a sus bases. Lo hicieron, ahora, con más reposo, lo que permitió que se explayaran en lo que le importa a los electores. El debate empezó con el coronavirus y Trump acertó en cuanto a los números: la tasa de mortalidad en Estados Unidos es insignificante (menos del 3%). En comparación con Europa, Estados Unidos tiene más de qué presumir. Pero a Biden no le importa eso. Él se aferra a los otros números, los irrelevantes, los inevitables y los que muchos países (sobre todo esas dictaduras a las que a Biden le cuesta apuntar con el dedo), mienten: los contagios. Y por supuesto que Estados Unidos tiene millones de contagios, ¡porque también ha hecho millones de tests!

Trump logró que nuevamente Joe Biden le diera la espalda a sus bases y a personalidades de su partido. ¡Le dio la espalda, de hecho, a su compañera de fórmula! Y lo hizo mintiendo. Aunque Kamala Harris es co-patrocinadora del peligrosísimo Green New Deal —que, entre muchas otras cosas, prohibiría el fracking—, hoy Joe Biden dice que él jamás vetaría la fracturación hidráulica. Retó a Trump: «Pon el video en el que he dicho que prohibiría el fracking». E inmediatamente el presidente lo colgó en su cuenta de Twitter. Porque Biden sí lo ha dicho. Y no solo en una o en dos ocasiones.

Sin embargo, aquí nuevamente me refiero al brillante texto de Karl Rove de hace par de semanas. Poco importa si Biden luce incoherente y le da la espalda a los impulsos más radicales de su partido. Histéricos del perfil de Alexandria Ocasio-Cortez, por más que aborrezcan a Biden, jamás dejarían de votar por él (considerando que es un voto en contra de Trump). Odian más a Trump de lo que valoran sus principios.

Ahora, quizá soy un poco más ingenuo. Me parece imposible que las mentiras e incoherencias de Biden no tengan ninguna incidencia en el voto de los americanos. Sostener eso, pienso, es subestimar a una gran sociedad. ¿Cómo es posible que Biden diga tranquilamente que el Obamacare no eliminó el seguro de demasiados cuando son cientos de miles los testimonios de americanos que exponen lo contrario? Fue un irrespeto esa afirmación de Joe Biden.

Igualmente, sobre la salud de los americanos, ¿qué es ese dislate de decir que él no va a «socializar» la salud, sino que será pública? Trump acierta aquí. El plan de Biden no disiente de los delirios soviéticos de Bernie Sanders.

Esto último también quedó demostrado en cuanto al salario mínimo. Otro gran disparate populista de Joe Biden: decir que aumentará a quince dólares el salario mínimo en todo el país, independientemente de los contrastes entre estados. O Biden no entiende nada de economía, o es un populista de los que juegan con las emociones (y miente), o los dos. Trump, en cambio, fue sensato: el aumento del salario deviene en despidos y el quiebre de la producción y la prosperidad.

US First Lady Melania Trump (L) stands with US President Donald Trump as Jill Biden (R) hugs husband Democratic Presidential candidate and former US Vice President Joe Biden after the conclusion of the final presidential debate at Belmont University in Nashville, Tennessee, on October 22, 2020.
Morry GASH / POOL / AFP

Hubo frases fantásticas. El sarcasmo de Biden con respecto a Trump y Abraham Lincoln fue divertido. Ese «¿y quién construyó las jaulas?» de Trump, fue demoledor.

«Yo me lancé a la presidencia por ti. Porque tú y Obama fueron un desastre. Si no lo hubieran sido, jamás me hubiera lanzado», dice Trump. Y la gente votó por él por la misma razón. ¿Cuál es la mentira?

Muchos esperábamos el «momento Hunter Biden» y fue magnífico. Al menos Trump tuvo un gran desempeño, porque Biden eludió completamente las acusaciones (basadas, se debe insistir, en prueba dura) y sacó a colación el tema de los impuestos del presidente.

«Yo no hice dinero de China, tú sí. Yo no hice dinero de Ucrania, tú sí. Yo no hice dinero de Rusia, ¡3,5 millones de dólares, Joe! ¡Por Dios! ¿Quién es el ‘Big Man’ de los emails?». ¿La respuesta de Biden? «Yo no he hecho ni un dólar de un país extranjero».

A Biden le cuesta distanciarse de su hijo y señalar que en su Gobierno investigará las acusaciones y no permitirá ese tipo de comportamientos. Una respuesta alturada, abordando el escándalo, le haría mucho bien. Pero se nota que le incomoda. Su opción es rehuir.

En términos generales Biden tampoco estuvo mal. Le favorece tremendamente que nunca hubo expectativas con él y, con solo demostrar que no está senil, gana. Habla con determinación, juega bien con el sarcasmo y luce presidenciable. Sin embargo, en este debate, ante un Trump civilizado (no como el del encuentro anterior), Biden se esforzó en ser agresivo, acudió al ad hominem, y sus empeños fueron bastante flojos.

Probablemente este encuentro no altere el curso de las elecciones. Ambos reafirmaron su condición. Quedó claro que Trump es el capitalista de la contienda y que Biden no tiene ni idea de cómo debe funcionar la economía. Quizá el valor agregado reside en que ahora sabemos que Trump también es efectivo siendo cortés. Lo hizo y le salió bien. Ya no queda más por hacer. La campaña se está agotando. Ahora a esperar por el 3 de noviembre; pero al menos podemos decir que hubo debate.

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