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¿Quién comandará a al-Qaeda?

¿Quién comandará a al-Qaeda?

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ESTE ÚLTIMO fin de semana de julio, las fuerzas americanas mataron a uno de los terroristas más buscados del mundo: el médico egipcio Ayman al-Zawahiri (71 años), segundo líder de al-Qaeda y el heredero del mando luego del asesinato de Osama bin Laden en 2011 en Abbottabad (Pakistán).

Para el reconocido redactor del The New Yorker, Lawrence Wright, «al- Qaeda no habría sobrevivido sin la dinámica que crearon juntos». Ambos: Osama, el financista ejecutor, y Aymán, el asociado ideólogo.

Al-Zawahiri ─con 25 millones de dólares de recompensa por su cabeza─ cayó en un ataque aéreo de drones. Se encontraba en Kabul, Afganistán, en medio de un ambiente propicio para el fortalecimiento de la organización extremista gracias a la presencia de los talibanes, quienes hoy controlan política y administrativamente el país tras el retiro de las tropas americanas en 2021.

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Según los especialistas, la baja que ha sufrido al-Qaeda ─se estima que cuenta con cuarenta mil miembros─ puede dar paso a una competencia interna por el liderazgo. Las fracturas son un riesgo latente y pueden ser aprovechadas por los esfuerzos contraterroristas occidentales. Y es que, en contraste con lo que suele creerse luego de la muerte de Osama bin Laden, diversas agencias y analistas civiles y militares coinciden en que la organización continúa representando una amenaza para la seguridad de Estados Unidos y sus aliados.

Como es conocido, el grupo fundamentalista posee un red de franquicias en diversas partes del mundo ─en África, Asia, el Medio Oriente─ con liderazgos particulares, casi autónomos operativamente y que pueden no dudar en pugnar por la vocería y la autoridad central.

Sucesión con menores opciones

Antes de morir, en mayo de 2011, Osama bin Laden escogió a al-Zawahiri como un futuro sucesor. Su mandato ha sido considerado por algunos como efectivo manteniendo a flote al grupo (lidió incluso con el desaparecido al-Zarqawi, el incontrolable y brutal iniciador de lo que sería el Estado Islámico, ISIS, una ramificación de al-Qaeda en Irak), pero carecía del carisma interno y externo como el de su antecesor. Audaz, Zawahiri había continuado la preparación del quinceavo e hijo preferido de Osama, Hamza bin Laden, para un rol protagónico y, sobre todo, para revitalizar la mensajería y el reclutamiento entre los jóvenes deseosos de sumarse a la yihad global.

Hamza, no obstante (quien además se había casado con una hija de al-Zawahiri y también con la hija de Mohamed Atta, principal perpetrador del atentado contra las Torres Gemelas de New York el 11 de setiembre de 2001), murió en una operación antiterrorista americana en 2017 o 2018. Tenía más o menos 30 años.

Hay quienes cuestionan sin embargo la eficacia de la dirección de Zawahiri. Para Peter Bergen, de la Universidad de Arizona, el exmédico personal de Osama estaba llevando a la organización «al suelo». Zawahiri «no pudo resucitar al grupo terrorista, que no ha llevado a cabo un ataque importante en Occidente desde que los terroristas suicidas entrenados por al-Qaeda mataron a 52 viajeros en Londres en 2005», comenta Bergen sobre las limitaciones para alcanzar objetivos concretos según la naturaleza violentista del grupo.

Otra baja que cortó a un candidato como posible líder fue Abu al-Masri, el exjefe de entrenamiento y planificador operativo más experimentado del grupo. También de origen egipcio, Al-Masri murió en agosto de 2020 por acción de agentes israelíes en Teherán, la capital iraní.

Un nombre ha sonado fuerte como el potencial tercer emir de al-Qaeda: Saif al-Adel, otro egipcio muy cercano al desaparecido Osama bin Laden.

«Con la excepción del propio bin Laden, es difícil pensar en alguien que haya desempeñado un papel más central en todos los eventos formativos de al-Qaeda que Saif al-Adel. Su historia como miembro fundador de al-Qaeda y leal lugarteniente de Osama bin Laden sería por sí sola suficiente para otorgarle el respeto de los miembros del grupo. (…) Pero la gloria heredada no es de ninguna manera el único atributo que hace que Saif sea peligroso. Es un experimentado agente militar, con experiencia tanto en fuerzas armadas formales como en milicias. Ha demostrado en múltiples ocasiones, culminando en la defensa de Kandahar en 2001, que es un comandante militar tenaz e inventivo. Tiene experiencia en el desarrollo de protocolos efectivos de inteligencia y seguridad. Fue uno de los principales planificadores en los bombardeos de África Oriental y el (buque) USS Cole en Yemen, los dos mayores ataques anteriores al 9/11 de al-Qaeda. Ha trabajado para desarrollar conexiones personales valiosas y de larga data entre grupos poderosos desde el Levante hasta Afganistán», comentaba el año pasado Alí Soufan, el exagente del FBI y hoy director ejecutivo de la consultora en inteligencia y seguridad internacional The Soufan Group (New York).

Es pues hoy Saif al-Adel, quien vive en Irán, el liderazgo con mayores opciones de convertirse en el tercer emir del yihadismo sunita de al-Qaeda. Aunque, como ha comentado la Dra. Tricia Bacon, exanalista de antiterrorismo del Departamento de Estado de USA, nada de fondo impide que un nombre de perfil menos público, un franquiciado hábil, rete la sucesión esperada. Ahí están por ejemplo Abdal al-Maghrebi, Yazid Mebrak (AQIM) o Amhed Diriye (al-Shabaab de Somalia).

Una operación impecable de inteligencia

«Está claro que este fue el resultado de meses de trabajo de inteligencia paciente y la capacidad de actuar sobre eso con una precisión extraordinaria […] El éxito de la operación es un testimonio del enfoque implacable de la CIA en el terrorismo en los últimos 20 años […] Este es un trabajo muy duro y orientado a los detalles que se basa en la experiencia, la inteligencia precisa, el juicio refinado, el tiempo y la dedicación incansable», ha resaltado sobre el reciente evento en Kabul el especialista John McLaughlin del Centro Merrill de Estudios Estratégicos en la Escuela Paul H. Nitze de Estudios Internacionales Avanzados (SAIS) de la Universidad Johns Hopkins.

La caída de al-Zawahiri ─en un operativo de inteligencia impecable, sin bajas colaterales de otros civiles, incluyendo a su propia familia que lo acompañaba en el mismo recinto del ataque─ alimentará de hecho los debates y la literatura académica que trata sobre el asesinato selectivo de los liderazgos y su impacto en la longevidad de los grupos extremistas.

Los esfuerzos contraterroristas occidentales pueden aprovechar la coyuntura para seguir degradando la capacidad de los terroristas de infligir daños irreparables como los perpetrados durante años por al-Qaeda y sus afiliados transnacionales.

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