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¿Tendremos algoritmos basados en la “lógica progre”?

La algoritmia informática tampoco parece librarse de la expansiva ingeniería social revolucionaria, progre e izquierdista

A estas alturas, queda bastante patente, a mi modo de ver, que la “progre” o “progresía” trata de impregnar y contaminar todo aquello que puede tocar. Refirámonos a la infiltración revolucionaria y las distintas estrategias de ingeniería social, que no dejan de representar una modalidad más del socialismo.

Da igual a qué ámbito nos estemos refiriendo, educación, sanidad, servicios sociales, medio ambiente, atención a la dependencia, organizaciones religiosas, unidades financieras, etc. Un proyecto de pensamiento único no puede dejar ningún espacio libre de su influencia, sobre todo, cuando lo que trata de imponer actúa en contra del curso espontáneo y natural.

Así pues, no ha de asombrarnos, a modo de estupefacción, que los ingenieros sociales “progres” estén pensando incluso en aplicar los postulados de la ideología de género y la llamada Critical Race Theory a esas soluciones informáticas que resultan de las estipulaciones lógico-abstractas y se denominan “algoritmos”.

La algoritmia como secuencia de pasos para resolver un problema

Seguramente, a medida que va avanzando la digitalización de la sociedad, ciertos términos del argot informático nos resulten más familiares. Uno de estos es “algoritmo” (de este sustantivo se deriva el tópico conceptual, de categorización de disciplina, que entenderíamos como “algoritmia”). Ahora bien, ¿qué significa?

Defínase un “algoritmo” como una secuenciación de pasos con uno o varios flujos que llevan a la resolución de un problema, de una cuestión, con resultados que no tienen que ser iguales, ya que dependen tanto de la entrada de datos como de la ruta de flujo que hemos elegido. Para ello puede haber fases condicionadas o repetitivas hasta que se cumple cierta condición.

Ejemplos de ello son el “divide y vencerás”, que requiere la división de unos conjuntos de problema en partes más pequeñas para llegar a una conclusión, o el ordenamiento de árbol binario, que construye una estructura de este tipo a la hora de elegir los elementos que compongan la nueva secuencia, ya fuera de desorden.

Ahora bien, no todo algoritmo vale. En función de la cantidad de operaciones y el tamaño de datos, estos presentarán un orden de complejidad que repercute directamente en el tiempo de ejecución y el consumo de recursos de hardware del sistema (puestos a ilustrar, digamos que existen, entre otros, los órdenes cuadrático, exponencial y logarítmico).

Con lo cual, es obvio que un programador informático no solo ha de tener en cuenta qué líneas de código le dan una salida de datos resultante conforme a lo esperado, sino también el tiempo de ejecución de la solución y, en la medida de lo posible, el consumo de recursos. En breves palabras, considérese la máxima “hacer más y mejor, con mucho menos”.

Mayor preocupación por los dogmas progres

Lo que se ha abordado anteriormente es objeto de “asombrosas” objeciones en el día de hoy. No es que se manifiesten literalmente, sino que se pueden insinuar teniendo en cuenta las consideraciones de los activistas propagandísticos revolucionarios, que no necesariamente se preocupan por confiar en las mejoras tecnológicas.

En los últimos tiempos se viene escuchando, con cierta frecuencia, que los algoritmos “discriminan”. Esto sería obvio si entendemos que la solución resultante dependerá del valor de datos que se dé y, sobre todo, muy especial y obviamente, de las condiciones que se vayan cumpliendo en el transcurso del flujo.

Pero no van por ahí, sino por la vía del “sensacionalismo progre”, por decirlo de alguna forma. Se nos está diciendo que es probable que los algoritmos estén discriminando a las mujeres, a los no heterosexuales, a quienes no tienen color de piel blanco y a quienes puedan no superar determinados umbrales de renta.

Una prueba de ello es el propósito teórico de la Agencia Española de Supervisión de la Inteligencia Artificial, que verá la luz en el próximo ejercicio presupuestario, gracias a la coalición social-comunista que gobierna en el país. Esta controlará los flujos algorítmicos y lo que se publique en las redes sociales (en palabras suyas, para ver si “discriminan” o no).

Por otro lado, una investigación del MIT señala que los algoritmos que se utilizan para optimizar los procesos judiciales en los Estados Unidos estarían “discriminando a los negros”, básicamente por hacer corroboraciones concretas sobre la reincidencia criminalística en la sociedad.

Al mismo tiempo, hay quejas algo más remotas sobre el hecho de que los resultados de búsqueda de motores como Google tiendan a mostrar resultados conforme a la realidad espontánea (por ejemplo, mujeres dedicadas a las labores de cocina u hombres encargados de lo que requiere fuerza física mayor).

Estas tres cosas son ejemplos concretos, aunque se nos permitiría entender cuáles son las preocupaciones de la “progresía”, que parece querer ir más allá de los procesos de las grandes corporaciones tecnológicas, que muchas veces están diseñados para censurar los contenidos que cuestionen la “verdad oficial” progre, contra “discusiones más conservadoras”.

Con todo ello, podemos decir que la algoritmia informática tampoco parece librarse de la expansiva ingeniería social revolucionaria, progre e izquierdista. Los totalitarios están proponiendo un cambio de enfoque de esta disciplina, de modo que sirva más para asegurar una “verdad oficial” que cualquier otra cosa dentro del sentido común técnico.

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