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El “ambientalismo” del socialismo woke es una estafa peligrosa

Socialismo, El American

El premio Nobel de economía, Friedrich Hayek definía al socialismo como error intelectual de hecho, una definición en la que entran desde las utopías socialistas filosóficas de la antigüedad, y sus variantes religiosas en diferentes civilizaciones, a los milenarismos comunistas de la edad media, la reforma y los subsecuentes socialismos revolucionarios cristianos, junto a los socialismos ateos, que apoyados en dogmas de fe incontrastables se autoproclaman científicos mediante la predicción de fenómenos históricos repetidamente fallida. 

Además, en la definición de Hayek entra perfectamente el peculiar neo-marxismo contemporáneo con su “wokeismo” porque el error de hecho del que habla Hayek es una condición indispensable de cualquier idea, pasada, presente o futura, de reconstrucción voluntariosa e integral del orden social completo, cuyos partidarios, explicaba Hayek, se equivocan en “cuestiones de hecho” porque no comprenden realmente cómo emerge y es empleada la información que se requiere para el funcionamiento de un orden social dinámico y complejo.

En este sentido, desconocer, negar o pretender, superar, que la naturaleza dispersa, circunstancial y subjetiva de la información exige sistemas intersubjetivos de procesamiento y decisión descentralizada para el funcionamiento del orden evolutivo armónico de una sociedad compleja, es el mismo error común a todos los socialismos y la causa última de la inviabilidad del socialismo como orden social y económico.

Pero algo fascinante del discurso socialista contemporáneo es que muchos de sus más populares exponentes exigen un amplio control estatal de los medios de producción y una planificación central de la economía como mecanismos indispensables, ya no de una supuesta superioridad racional de la planificación para una mayor prosperidad que ya no prometen realmente. Hoy piden eso, en parte para imponer su arbitraria “justicia” redistributiva social, racial y de género, pero sobre todo para imponer un racionamiento que garantice la drástica reducción del consumo, en función de una muy dudosa reducción del impacto ecológico. 

La gran paradoja del ecologismo de izquierda es que proponga el socialismo en sentido amplio como solución global a los impactos ambientales de la propia civilización, porque la “solución” que propone carece de la capacidad de solucionar problemas de tal complejidad, por las razones que adelantó Hayek desde el siglo pasado. La pobreza y el atraso son ambientalmente destructivos y el socialismo nunca ha solucionado la pobreza, la ha empeorado siempre.

Independientemente de los diagnósticos sesgados y las predicciones falsas del ecologismo politizado de nuestros tiempos, el mayor y menos discutido problema es si sus costosísimas políticas de planificación central a escala global estarían sometidas a la inviabilidad a largo plazo del socialismo como sistema económico, porque socialismo es lo que propone en realidad ese ecologismo como economía “verde” llevada a sus últimas consecuencias. Y la respuesta es que obviamente están sujetas a esa inviabilidad, por lo que de adelantarse hasta sus últimas consecuencias colapsarán inevitablemente por sus propias, e irresolubles contradicciones internas. E incluso adoptándose de forma relativamente limitada, causarán más daño ambiental del que evitarán. Y más daño económico del que pueden imaginar siquiera quienes creen que son “soluciones”.

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Esto significa que la gran paradoja verde es que, en la medida que sea una variante del socialismo en sentido amplio, la solución propugnada por los más influyentes propagandistas “ecologistas” sus mal llamadas “soluciones” ambientalistas terminarán ocasionando, mediante una serie de efectos imprevistos e imprevisibles, mayor daño ambiental que el que pretendían evitar o corregir. 

Es vital comprender que el socialismo en sentido amplio como política ambiental garantiza el fracaso catastrófico de la política ambiental a largo plazo. Y no menos importante es comprender que únicamente dentro de la dinámica del orden espontáneo evolutivo de la civilización, ese que algunos llaman hoy capitalismo o sistema de libre mercado, se pueden desarrollar soluciones viables a los problemas ambientales reales. 

El socialismo en sentido amplio y su nueva aspiración a planificar centralmente un consumo mucho menor al actual, además de ser algo que en última instancia no se puede imponer sino mediante una dictadura totalitaria, tiene en ciertas circunstancias la capacidad de ocasionar un colapso civilizatorio global de tal magnitud como para lograr el colapso civilizatorio global y quizás hasta la extinción de la especie humana.

Guillermo Rodríguez is a professor of Political Economy in the extension area of the Faculty of Economic and Administrative Sciences at Universidad Monteávila, in Caracas. A researcher at the Juan de Mariana Center and author of several books // Guillermo es profesor de Economía Política en el área de extensión de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Monteávila, en Caracas, investigador en el Centro Juan de Mariana y autor de varios libros

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