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Dragón, Rojo, Oriente, Occidente

El amenazante rugido del gran dragón oriental en Davos

Lo que pasó fue que el Dragón, con astucia y pomposidad oriental, rugió su amenaza. Unos se arrojaron a sus pies. Otros, como Biden, todavía no saben a qué amo servir

Permítame, amigo conservador, plantearle una definición de Oriente y Occidente, en un sentido muy amplio, que excede con mucho cualquier definición de civilización occidental, y que es, sin embargo, muy precisa y práctica como categoría conceptual para entender las grandes luchas geo estratégicas e ideológicas de la historia y el presente. 

Olvide conceptos de civilización como los que van de Spengler a Huntington y remítase al poder de los mitos, creencias y valores. Y notará que Occidente es el espacio geográfico y cultural de la razón y los hombres libres –de antiguo y hasta no hace tanto una elite de dueños de esclavos– que se dan a sí mismos gobiernos, más o menos limitados para proteger su libertad y propiedad en el marco del imperio de la ley. 

Acepte que nunca estuvo y nunca estará Occidente completamente a la altura de su propio ideal. Que Occidente tendrá siempre luchas intestinas. Incluirá siempre a pueblos y naciones que adoptan sólo parcialmente sus valores. Y que saldrán las más poderosas antioccidentales, en busca del Oriente. 

Oriente, en cambio, es el espacio del misticismo irracional, del totalitarismo y la esclavitud. De la negación de la individualidad, de la sujeción del hombre a la masa y de la masa al poder totalitario devenido en sagrado e incontestable.

Míticamente superior a todo lo humano y empeñado en reducir al hombre a un simple borrego obediente y sumiso, en la mayor parte de los casos. Y al perro feroz, pero leal, listo a pastorear, disciplinar y conducir los rebaños de su amo. Y verá que Occidente es luz y Oriente obscuridad. Y como en Occidente surgen poderosas ideas, y fuerzas, orientales, pugnando por hundir a Occidente en la obscuridad oriental. En Oriente subyacen ideas y fuerzas occidentales pugnando por surgir y liberar a oriente.

Son ideas y fuerzas que ganan y pierden batallas por la mente y el corazón de pueblos y naciones de Oriente y Occidente. Y que las ganen y pierdan explica que lo que hoy es Occidente, ayer fuera Oriente y viceversa.

Y aunque lo que le describo le suene tan extrañamente similar al universo literario imaginario de Tolkien como asombrosamente aplicable al mundo de hoy, note que es porque Tolkien reconstruye los grandes mitos de Occidente y Oriente en su universo imaginario, y que explica el presente porque plantearlo así es conceptualmente útil para comprender fuerzas en pugna que se repiten a lo largo de gran parte de la historia humana, de una u otra forma.

Porque si Oriente y Occidente son, a grandes rasgos, lo que le digo que son, si se enfrentan entre sí siempre, pero también luchan consigo mismos siempre, si oriente le arranca pueblos y naciones a Occidente y Occidente a oriente una y otra vez a lo largo de los siglos. 

Oriente y Occidente cambian de cara, de religión, de cultura y de geografía. Son internamente variados y contradictorios. Pero los define siempre la lucha entre la libertad y el totalitarismo. Y sí. Es una idea aparentemente simple que está llena de matices y tonos grises, pero que a grandes rasgos explica, o sirve para comprender, las grandes luchas geopolíticas e ideológicas de buena parte de la historia. Y del presente.

Ese Occidente del que la hablo hoy empieza, a grandes rasgos, en Japón y Taiwán, se extiende por el Pacifico y el Índico, incluye a India y al autoritarismo parcialmente occidental de la Rusia post-soviética, a Europa oriental y occidental. A enclaves en el África subsahariana. A ciertos puntos de Asia que no mencioné. Y al hemisferio americano, en mayor o menor grado de occidentalización.

Oriente es, a grandes rasgos, todo lo demás, y lo es como Occidente en mayor o menor grado. El centro y la superpotencia de Occidente son hoy los internamente amenazados Estados Unidos de América. El de Oriente la ascendente superpotencia totalitaria China. 

Y el Foro de Davos 2021, tuvo por estrella al dictador Xi Jinping. El gran dragón oriental rugió a la manera que Tucídides pone en boca de los embajadores atenienses en el discurso de Melos, en su Guerra del Peloponeso. 

Y la prensa e intelectualidad de Europa occidental, no de Occidente, sino de una parte especialmente débil y decadente, se arrojó a los pies de Xi Jiping trastocando sus sibilinas y pomposas amenazas en gloriosas promesas. Intelectualidad que acostumbra de hace ya más de un siglo arrojarse a los pies de un dictador totalitario tras otros. O de varios a la vez. Sea Lenin, Mussolini, Hitler, Stalin o Mao tuvieron un idilio de criminal complicidad en los años 60 del siglo pasado.

Que hoy sea a los pies de Xi donde reptan no es de extrañar. Intelectualidad y prensa izquierdista del resto de Occidente se dividió entre europeístas a los pies del nuevo ídolo totalitario oriental. Y los que todavía lo ven como una amenaza a sus propias agendas totalitarias en curso de colisión con la de Xi.  

No, lo de “construir un nuevo patrón de desarrollo para lograr el beneficio mutuo” en boca del mismo dictador que denomina oficialmente al brutal golpe de Estado en Birmania “cambio de gabinete” no es como afirmó la intelectualidad de Europa occidental “nuevo multilateralismo globalizador tras el trágico al paréntesis autárquico” que según ellos “impulsó la administración Trump”. 

El mismo Trump que exigía a la UE un tratado de libre comercio real con los Estados Unidos. que pusiera fin al hipócrita proteccionismo que la EU disfraza de falsas preocupaciones ambientales un día, de angustias culturales otro y de lo que se le ocurra al siguiente. Lo que pasó fue que el dragón, con astucia y pomposidad oriental, rugió su amenaza. Unos se arrojaron a sus pies. Otros, como Biden, todavía no saben a qué amo servir primero entre todos a los que están hipotecados. Y algunos están más dispuestos que antes a enfrentar al dragón oriental. Ni más ni menos.

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