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Cuba-America First

America First y el conflicto cubano

Estados Unidos, como potencia, debe defender sus intereses y los de sus ciudadanos en todos los espacios. Poner a América primero es, también, saber qué batallas dar en pro de tener un hemisferio libre y seguro

«A partir de este día, una nueva visión gobernará nuestra tierra. A partir de este día, será solo America First». Esta frase fue una de las más famosas del expresidente Donald Trump durante su discurso de investidura en 2017, esta sentencia se convirtió en un mantra de la política exterior de la presidencia de Trump durante sus años de mandato. Una política apoyada por muchos americanos, cansados de las infructuosas intervenciones en Oriente Medio, que esperaban una presidencia menos dispuesta a involucrarse en conflictos militares por todo el mundo sin ningún plan de salida factible.

Hoy, mientras miles de cubanos salen a la calle luchando por el fin de un espantoso régimen comunista, algunos conservadores intentaron utilizar el eslogan para argumentar que Estados Unidos no debería adoptar ninguna política significativa contra el régimen cubano, ya que eso sería sinónimo de intervencionismo y de «guerras interminables» que muchos rechazaron en el pasado. No podrían estar más equivocados.

Decir «America First» no significa que Estados Unidos viva en un vacío, o que de alguna manera haya conseguido aislarse de lo que pase en el mundo, Estados Unidos es parte del mundo, y (le guste o no) tendrá que actuar para defender sus intereses frente a potencias rivales que quieran sacar provecho estratégico de cualquier oportunidad que se les presente. America First no debe significar un aislacionismo total y contraproducente.

Los orígenes de «America First»

Para ser justos, tiene sentido que este lema despierte los deseos más instintivos de aislacionismo en la psique americana. Al fin y al cabo, el propósito original de America First era precisamente movilizar al pueblo americano en favor de una política de ignorancia voluntaria frente a las amenazas que el país enfrentaba en el escenario mundial.

Esta historia, sin embargo, no comenzó en enero de 2017 con Trump después de años de desventuras en Oriente Medio, sino en septiembre de 1940, cuando el mundo miraba con impotencia cómo Hitler devoraba la totalidad de Europa Occidental siendo la Gran Bretaña de Churchill la única potencia global en el camino del dominio mundial de Hitler.

El Comité America First se formó como un grupo de presión que se oponía a la política de apoyo de FDR hacia Gran Bretaña en su lucha contra la Alemania nazi. El grupo afirmaba que dar ayuda a Gran Bretaña acercaría a Estados Unidos a la guerra contra Alemania y que la mejor política para los intereses americanos era no involucrarse en la guerra en Europa, aunque hacerlo supusiera la caída de Gran Bretaña. Para la AFC, Europa no era fundamental para los intereses americanos, después de todo, ¿por qué habría que enviar a los jóvenes americanos a luchar en una guerra contra enemigos que están a océanos de distancia?

A pesar de contar con una superestrella americana (y antisemita furibundo) como el aviador Charlie Lindgbherg de su lado, los esfuerzos de la AFC fueron (afortunadamente) infructuosos y Estados Unidos entró en la guerra después de que las fuerzas japonesas atacaran Pearl Harbor en 1941 y Alemania declarara la guerra. Después, todo sabemos lo que ocurrió: las fuerzas aliadas consiguieron derrotar tanto a Alemania como a Japón en una sangrienta guerra de cuatro años.

Dejando a un lado la lección de historia, el propósito y la razón de ser del Comité America First  original pueden verse en la tendencia actual al aislacionismo.  Muchos tienden a tener un enfoque más bien estrecho y corto en miras hacia la seguridad nacional, al igual que los America firsters de Lindberg en 1940, si no está sucediendo directamente en las fronteras inmediatas de Estados Unidos, entonces no es nuestra preocupación.

Una cosa es proponer una política exterior que evite el despilfarro de los limitados recursos financieros y militares que tiene Estados Unidos y tener un enfoque más quirúrgico y racional de las intervenciones en el extranjero, con el objetivo de impulsar los intereses americanos. Otra muy distinta es pretender que USA pueda simplemente ignorar lo que ocurre en el mundo y esconder la cabeza colectiva bajo la excusa de estar “demasiado ocupados” como para preocuparse por lo que ocurre en el barrio.

El refrito de “America First” de Trump estaba definitivamente más cerca de la primera definición que de la segunda, y aquellos conservadores que están tratando de recrear fielmente el aislacionismo de Lindhberg no le están haciendo ningún favor al GOP.

Levantamiento Cubano, El American
Protestas en Estados Unidos por la ‘libertad de Cuba’. (EFE)

¿Qué camino debe tomar America First?

El primer significado de America First no estuvo plenamente en sintonía con la política exterior del expresidente Donald Trump. De hecho, la administración republicana, lejos de aislarse del mundo, fue bastante agresiva contra varias amenazas y enemigos globales, en algunas ocasiones teniendo éxito, en otras fracasando.

Con relación a América, la administración Trump plantó cara al triangulo de tiranías socialistas establecidas por años en La Habana, Caracas y Managua. Aumentó la presión no solo en retórica, sino que también aplicó más sanciones y tomó acciones mucho más contundentes que su predecesor, Barack Obama.

En Medio Oriente también hubo un cambio de política. Irán la pasó mal con Trump, la operación Soleimani quedó en la retina de muchos, pero se dio un trabajo explícito para debilitar a la teocracia iraní y volver a darle mayor poder a Israel, aliado histórico de Washington. Los acuerdos de Abraham son un perfecto ejemplo.

Los casos de Irán y América son emblemáticos, porque Obama y Trump fueron polos opuestos, pues en la administración del demócrata hubo varios errores claves que beneficiaron a los enemigos de Washington y repercutieron para mal dentro de Estados Unidos. El primero fue el defectuoso acuerdo nuclear con Irán, que provocó un crecimiento de influencia de la teocracia en Medio Oriente.

Con relación al acuerdo nuclear, muchos no conocen la historia del Proyecto Cassandra, una operación de la DEA que tenía como objetivo desactivar la mayor red criminal de crimen trasnacional operada por Hezbollah, organización terrorista del Líbano aliada de Irán. La administración Obama torpedeó sistemáticamente el Proyecto Cassandra para —según denunciaron agentes de la DEA vinculados a la misión— no molestar a Irán y alcanzar el acuerdo. El resultado fue trágico: Hezbollah creció en influencia en toda Sudamérica, sobre todo en la triple frontera de Brasil, Argentina y Paraguay y, en especial, Venezuela. Esta organización libanesa es vital en el engranaje del sistema de narcotráfico en la región. La alianza natural entre Hezbollah-Irán y el régimen de Maduro repercutió directamente en la seguridad de Estados Unidos, pues este país es uno de los destinos de la droga proveniente de Venezuela.

Trump, Israel, Medio Oriente
Benjamin Netanyahu, ex primer ministro de Israel, junto al expresidente de los Estados Unidos, Donald Trump. (EFE)

Este es uno de los tantos ejemplos de cómo la política exterior puede afectar a la seguridad nacional. Obama prefirió dejar crecer a Irán y Hezbollah, la teocracia y la milicia terrorista se alió con Venezuela, y luego el chavismo empezó a enviar droga a Estados Unidos. Si America First pone a Estados Unidos en primer plano, no debería ser inconveniente defender los intereses nacionales más allá de las fronteras.

Ahora está el caso cubano, una isla que está apenas a unos kilómetros de distancia y que está presente en la historia de América desde sus orígenes. En redes sociales, sobre todo Twitter, hay un debate ferviente entre conservadores; en un bando están los que critican a los representantes republicanos —sobre todo cubanoamericanos— que apoyan a los manifestantes en la isla, organizando protestas en Estados Unidos; en la otra esquina están los conservadores que apoyan un liderazgo de USA para presionar al régimen castrista y apoyar a los cubanos.

Lo que ocurre en Cuba, indudablemente, afecta a Estados Unidos. La Habana influye directamente en los asuntos internos de casi toda América. En algunos casos desestabilizando democracias consolidadas o imperfectas, en otras apoyando a autoritarismos que afectan a Estados Unidos, como Venezuela. Los cubanos, de hecho, llevan décadas huyendo de la isla para instalarse en Estados Unidos y hoy son fundamentales en estados como Florida para nombres autoridades.

El Partido Republicano se beneficia directamente del conservadurismo cubano, un voto basado en valores familiares, religiosos, que apuesta por la seguridad y también está atento de cómo la Casa Blanca y los partidos tradicionales enfocan su política exterior o posicionamientos hacia Cuba. Hoy el GOP captó la atención de los cubanoamericanos y eso quedó reflejado en las últimas elecciones de noviembre. Los cubanos radicados en Estados Unidos seguirán siendo fundamentales para elegir representantes, alcaldes y gobernadores en el estado de Florida, pero también en las elecciones presidenciales.

El GOP, de tener aspiraciones de poder y llegar a la Casa Blanca, necesita mantener a Florida a como dé lugar; y un America First aislacionista socava directamente esos intereses.

Ahora, el concepto de America First en la actualidad es inaplicable en plenitud. Necesita adaptación a los nuevos tiempos. Poner a los trabajadores americanos por delante de los empleos extranjeros, evitar intervencionismos costosos, innecesarios e inefectivos, proteger las fronteras y cuidar los intereses nacionales, hacerle frente al crecimiento tiránico de las Big Tech no debe excluir las batallas en el exterior. Estados Unidos, como potencia, debe defender sus intereses y los de sus ciudadanos en todos los espacios. Poner a América primero es, también, saber qué batallas dar en pro de tener un hemisferio libre y seguro. Por eso América no debe olvidarse de los cubanos.

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