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America First no puede significar aislacionismo

America First no puede significar dejar el mundo a merced de China y Rusia. Si Estados Unidos aspira a resguardar sus intereses nacionales, debe ocuparse de todo aquello que amenace su influencia a nivel mundial

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El mundo viene atravesando una reestructuración de poderes y es bastante inquietante. Estados Unidos perdió el liderazgo, mientras que China y Rusia se mueven raudamente. Basta ver con cuáles países negocia hoy Estados Unidos y con cuáles lo hacía hace veinte años. Es impresionante, pero de tener 75% del mercado global, ha pasado a casi el 25%. Se lo arrebató China en dos décadas.

China es hoy una especie de campo masivo de concentración y promotor de todo lo que le haga daño a Estados Unidos y Occidente. Rusia, en términos domésticos, una especia de zarismo que se arma sobre la corrupción absoluta. En términos internacionales, un aliado de los enemigos de Estados Unidos. Por supuesto que inquieta su influencia, que hoy es masiva.

La diferencia es que en el Kremlin y en Zhongnanhai hay estadistas; en la Casa Blanca no. Sin intención de elogiarlos, debemos reconocer que Vladimir Putin y Xi Jinping son políticos de primera, que han esbozado grandes proyectos a largo plazo, con el propósito de resguardar e imponer la soberanía y valores de sus países.

Que Estados Unidos sea irrelevante y débil es el peor escenario que existe para quienes creen en el valor de la libertad. Bajo la administración del presidente Trump vimos la voluntad de la Casa Blanca de recobrar esa relevancia y de hacerle frente al expansionismo chino. Ahora, con Biden, Estados Unidos parece ir en la dirección opuesta, directo a los brazos de China y Rusia. Aunque Trump propuso como columna vertebral de su movimiento la idea patriótica de que Estados Unidos debía de ser la prioridad de los americanos (con políticas claves como priorizar el trabajo local, fronteras robustas, el desarrollo de compañías y manufactura nacional y evitar el gasto innecesario y masivo en organizaciones internacionales inútiles), no fue un aislacionista.

Bajo la administración de Trump, Estados Unidos aniquiló al líder de ISIS y redujo al grupo terrorista. Mató al general Soleimani, el segundo hombre más poderoso de la teocracia iraní; pero también orquestó importantes acuerdos de paz entre Israel y el mundo árabe. Asimismo, el expresidente apadrinó el histórico acercamiento entre las dos Coreas. De eso se trata: pacifista, pero no dócil. Enfocado en América, pero no aislacionista.

Hoy surge un problema entre los conservadores y tiene que ver con el empecinamiento en que America First significa aislar plenamente a Estados Unidos. El error de algunos de los que insisten en mantener el legado del expresidente Trump es el de apegarse a la noción de que fuera de las fronteras americanas solo hay selva y arena. Si America First significa aislarse completamente del mundo, la consecuencia natural será un Estados Unidos irrelevante, débil y dócil ante el avance de las grandes potencias hostiles.

Ha habido un escándalo porque conservadores le están prestando una enorme atención a la crisis cubana, como si eso implicara abandonar por completo las preocupaciones locales. Como si Estados Unidos no fuera una gran potencia, con Departamentos. Como si la política exterior en ejercicio y la doméstica en ejercicio fueran mutuamente excluyentes. No es una cosa o la otra, son todas aquellas que vayan en sintonía con los intereses de los americanos. Y el caso cubano, por supuesto, debería de ser interés para los americanos. Porque ningún otro país se ve tan afectado de primera mano por lo que ocurre en la isla como Estados Unidos. Y porque Florida se ha convertido en un bastión republicano gracias al voto de quienes huyeron del régimen castrista (en Cuba y el resto de la región).

La oposición a atender problemas en otros países parte del terror a experiencias traumáticas como las de Iraq, Afganistán, Libia o Vietnam. Sin embargo, es irresponsable abordar la discusión sin considerar todos los casos. Como bien escribe Niall Ferguson, «tan marcada está la nación por lo que ha llegado a ser percibido como fracaso, que las intervenciones exitosas han sido olvidadas».

Continúa Ferguson: «Nadie recuerda ahora que fueron los Estados Unidos quienes pusieron fin a la ‘limpieza étnica’ de Bosnia y Kosovo, por ejemplo, y llevaron a Slobodan Milošević ante la justicia. Nadie discute hoy la invasión de Panamá en 1989, que puso fin al reinado de un déspota criminal».

Sumemos a ello que Estados Unidos salvó a Europa (y, se salvó a sí mismo) en dos ocasiones, durante las Guerras Mundiales. Granada y, por supuesto, Cuba a finales del siglo XIX.

Sobre lo anterior, es importante recalcar que cada esfuerzo ha estado enmarcado en el resguardo de los intereses de Washington y esa es la clave.

America First no puede significar dejar el mundo a merced de China y Rusia. Por supuesto que los problemas domésticos son prioritarios, pero la política exterior es innata a la naturaleza de una nación (y, sobre todo, una potencia). Si Estados Unidos aspira a resguardar sus intereses nacionales, debe ocuparse de todo aquello que amenace su influencia a nivel mundial. Hoy Cuba representa esa amenaza, y los cubanos construyeron una oportunidad para liquidarla. Aprovecharla no deteriora lo doméstico. Al revés, nada beneficiaría más la agenda de America First que un hemisferio libre y estable.

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