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La American University fue el gran símbolo de la presencia de Estados Unidos en Afganistán: su abandono es una deshonra

De nada sirve haber apoyado durante años a los resilientes jóvenes afganos que creyeron en un futuro mejor, si cuando en verdad están en peligro el Gobierno federal los deja a su suerte

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La American University of Afghanistan (AUAF) era todo un símbolo americano en el país afgano. Luego del desastroso retiro de tropas, que trajo consecuencias y heridas graves para la nación, esta casa de estudio fue tomada por los talibanes, en un inequívoco mensaje del grupo terrorista en contra del soft power de Estados Unidos. Ahora la universidad ya no existe, ni siquiera en Internet, pues los propios directivos y responsables de la AUAF tuvieron que borrar todo registro, servidor y documentación que vinculara a sus estudiantes, profesores y trabajadores con Estados Unidos.

¿Exageración? Para nada. En su corta, pero rica historia, la American University of Afghanistan sufrió atentados terroristas en su contra. Sus empleados, profesores y estudiantes fueron asesinados y secuestrados por talibanes. Los episodios más recordados se dieron en agosto de 2016, primero con el secuestro de dos profesores, uno americano y otro australiano que luego fueron liberados tres años después en un intercambio de rehenes por presos talibanes. Luego, semanas más tarde, ocurrió algo realmente trágico: un ataque con disparos y explosivos en la universidad provocó la muerte 15 personas dejando además más de 50 heridos.

No obstante, siempre el claustro de profesores, las autoridades y el alumnado fueron resilientes, ni siquiera los atentados lograron bajar la moral de la American University of Afghanistan. Los estudiantes siempre regresaban y enviaban el mensaje a quienes querían hacer daño: la educación seguirá, pese a la violencia y pese al terrorismo.

La idea de crear esta universidad comenzó en 2002 con el Dr. Sharif Fayez, quien fungió como ministro afgano de Educación Superior. Desde ese momento, cuando la casa de estudios apenas era un sueño, el Gobierno de Estados Unidos, en la era Bush, se comprometió a ayudar financieramente a los programas de la futura universidad privada afgana. Finalmente, en 2006, nació oficialmente la American University of Afghanistan con el apoyo irrestricto del Gobierno americano que fue clave para el desarrollo y posterior apogeo de la casa de estudio.

Con estos antecedentes, Estados Unidos debería tener motivos suficientes para estar orgulloso de esta universidad. Desafortunadamente, parece que a la administración Biden no le importó demasiado la historia de la American University of Afghanistan, al menos no para ayudar a los estudiantes luego de que los terroristas tomaran Kabul y, con ello, su facultad.

 El abandono de los estudiantes de la American University of Afghanistan es una deshonra para Estados Unidos
Los estudiantes asisten a su ceremonia de graduación en la American University of Afghanistan (AUAF) en Kabul, Afganistán, el 15 de julio de 2017. (EFE)

Abandonar a los estudiantes de la American University of Afghanistan es una vergüenza para el país

De nada sirve haber apoyado durante años a los resilientes jóvenes afganos que creyeron en un futuro —o al menos en una forma diferente de hacer las cosas— si cuando en verdad están en peligro, el Gobierno federal los abandona a su suerte.

En una entrevista con Peter Bergen, publicada en CNN el 31 de agosto, Leslie Schweitzer, miembro de la junta directiva de la universidad y presidente de los Amigos de la American University of Afghanistan, explicó los riesgos que corren los estudiantes y cómo Estados Unidos hizo muy pero muy poco para ayudarlos.

De acuerdo con Bergen, quien hizo la entrevista en formato escrito, la señora Schweitzer «pasó gran parte de la semana pasada con el presidente de la universidad, Ian Bickford, y otros miembros de la junta directiva en Doha (Qatar), ayudando a evacuar a unos 4,000 estudiantes, profesores, personal nacional afgano y sus familias, así como a los antiguos alumnos, es decir, a todos los que habían estado involucrados con la American University of Afghanistan durante la última década y media».

Schweitzer dijo que sus «esfuerzos de evacuación no han sido tan exitosos como queríamos, principalmente debido a varias limitaciones logísticas y políticas, sin mencionar el volumen de personas que necesitábamos evacuar en medio de uno de los mayores puentes aéreos de la historia».

«Hicimos lo mejor que pudimos dadas las circunstancias. Teníamos un total de 4,000 personas que debíamos sacar de Afganistán. Empezamos dando prioridad a nuestros estudiantes y, obviamente, a nuestros expatriados. Pero solo hemos podido sacar a unos 50 estudiantes y luego tenemos otros, entre 50 y 75 estudiantes que pudieron escapar por su cuenta», añadió la miembro de la junta directiva.

La administración Biden no consideró que los estudiantes estuvieran en «riesgo»

Bergen le preguntó a Schweitzer por una fallida salida de Afganistán por parte de un grupo de alumnos de la universidad que se dirigió al aeropuerto de Kabul el domingo 29 de agosto, «¿Qué ocurrió?», cuestionó, ¿por qué los estudiantes no pudieron salir?

«Teníamos un sofisticado método de comunicación con toda la comunidad de American University of Afghanistan. Sabíamos cómo ponernos en contacto con ellos por correo electrónico o por teléfono y estábamos preparados en cualquier momento por si recibíamos alguna indicación positiva de que podíamos desplazarlos en gran número», empezó explicando Schweitzer.

«El domingo nos pusimos en contacto con nuestros estudiantes. Había unas 200 personas en autobuses que iban al aeropuerto de Kabul. Los recogieron en varios lugares de Kabul. No estaban en un piso franco. Pero nos enteramos más o menos al mismo tiempo de que American University of Afghanistan no era considerada prioritaria por el Gobierno de Estados Unidos y que no cumplíamos los requisitos, evidentemente, de estar en riesgo», denunció.

La situación se torna todavía más deshonrosa para Estados Unidos cuando Schweitzer explica que, hasta Qatar, país cuyas autoridades son potencialmente aliadas del Talibán, ayudó más a los estudiantes de la AUAF que la propia administración Biden.

«Entiendo perfectamente que se dé prioridad a los ciudadanos americanos, a los titulares de la tarjeta de residencia y a los que ayudaron al Ejército americano», dijo Schweitzer. «Sin embargo, nuestros universitarios están en situación de riesgo, pero no entramos en esa categoría según el Gobierno americano. Hemos tenido que depender de la ayuda privada y del Gobierno de Qatar en las últimas dos semanas para sacar a nuestros estudiantes. Ahora no sé qué vamos a hacer».

Existen pocas excusas para que los profesores, empleados, estudiantes, exalumnos y familiares de la de la AUAF no sean consideradas personas que están bajo riesgo, así lo explicó Schweitzer, quien dijo que «el Gobierno de Estados Unidos ha sido nuestro principal financiador durante los últimos 15 años, junto con las donaciones privadas. Hemos inculcado a estos alumnos todos los principios básicos de una educación americana: pensamiento crítico, transparencia, libertad de expresión y tolerancia. Nuestros estudiantes aman a Estados Unidos porque sabían que Estados Unidos les daba esta oportunidad de recibir una educación de primera clase».

Ahora el futuro de los estudiantes es «incierto», según las palabras de Ian Bickford, presidente de la American University of Afghanistan, quien apareció en el programa “New Day” de la CNN para explicar la difícil situación en la que se encuentran las personas relacionadas a la casa de estudio.

«El futuro de nuestros estudiantes, personal y profesorado en el país sigue sin estar claro. No sabemos el nivel de persecución al que se enfrentarán», dijo Bickford en New Day y explicó que la universidad pasó las últimas semanas intentando ayudar a sus estudiantes y que su «mejor esperanza» para sacar del país a muchos fue la fallida operación del domingo 29.

«Hemos organizado un convoy de más de una docena de autobuses (…) cerca de 600 estudiantes, familiares, personal y profesores subieron a esos autobuses con la sincera esperanza de que se les diera permiso para entrar en el aeropuerto, embarcar en vuelos y comenzar su viaje hacia una vida mejor», pero al llegar a los alrededores del recinto, Bickford dijo que se les aconsejó que volvieran por donde vinieron e intentaran mantenerse seguros. «No recibimos permiso para entrar en el aeropuerto, pero la amenaza a la seguridad aumentó drásticamente y lo mejor para nosotros fue pedir a nuestros estudiantes que volvieran a casa y se mantuvieran a salvo».

Para el presidente de la universidad es vital que estos estudiantes mantengan sus sueños de estudio, pues en algún momento, pese a las dificultades actuales, pueden ser valiosos para su país.

«Es muy importante que puedan continuar sus estudios para que puedan llevar su ambición, su optimismo y su esperanza por Afganistán de vuelta a casa, quizás en un futuro lejano, pero siguen teniendo la esperanza de que su país retome algún nivel de sociedad civil libre y justa».

Es sencillamente triste lo ocurrido. Estados Unidos abandonó a su suerte a los miles de estudiantes que apoyó durante años. La mayoría de los alumnos de la AUAF son afganos de diversas partes del país que asistían orgullosos a la universidad privada más prestigiosa de Afganistán. No solo era ir a este sitio a educarse, sino a formar parte de su historia, de lo que representaba: ir contra el fundamentalismo islámico que cercena derechos educativos, formar parte de la generación intelectual y profesional que sería clave en la construcción de Afganistán como nación, y tener la oportunidad de sacar a sus familias de la pobreza convirtiéndote en un orgullo para el barrio o distrito, pues asistir a la AUAF era algo prestigioso y complejo de lograr.

La historia y el contexto no pueden ser más claros: la American University of Afghanistan y su material humano —el profesorado, sus trabajadores y el alumnado— eran mucho más que simples piezas que conformaban una casa de estudio al otro lado del mundo. Para Estados Unidos estas personas debieron tener una consideración y un valor más alto. Que la administración Biden los haya dejado abandonados a su suerte es una deshonra como nación.

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