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A 2 años de amlo, el disparate de la esperanza

AMLO, 2 años de daños

AMLO cumple 2 años de daños, pero sus seguidores se aferran al disparate de la esperanza, mientras la oposición sigue equivocándose
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AMLO, cumple 2 años de Gobierno, y una mirada al panorama mexicano nos muestra un país en condiciones mucho más negativas que las del 2018. La transformación prometida por el presidente ha resultado en una grave crisis económica, en los peores niveles de violencia en la historia y en el debilitamiento sistemático de las instituciones que el país había desarrollado para dejar atrás la época de los caudillos.

En campaña, Andrés Manuel logró encarnar la esperanza de millones de votantes que se sentían abandonados por la modernización “neoliberal” e indignados por la corrupción. Con esta esperanza, Obrador alimentó la maquinaria política que le permitió construir un partido bajo su entero control y utilizarlo para ganar la presidencia, obtener cómodas mayorías en las cámaras del Congreso de la Unión y de la mayoría de los congresos locales.

Con este respaldo, el 1 de diciembre del 2018, el presidente mexicano tomó protesta y lanzó la “Cuarta Transformación”, definiendo su Gobierno como uno de los momentos más importantes en la historia del país, y esa misma esperanza la compartían millones de simpatizantes que votaron por él, e incluso muchas personas que apoyaron a otros candidatos, pero confiaban en que el cambio Obradorista fuera para bien.

Los resultados, de cuarta

Ya van 2 años. Ha tenido el mayor margen de maniobra política desde la transición democrática y el propio López Obrador prometió que para este momento ya “estará terminada la obra de transformación”, así que es hora de ver resultados. Y son muy malos.

Sí, objetivamente, son muy malos. En básicamente todos los indicadores, el país se encuentra peor que en 2018, y el Covid-19 no es un pretexto, porque en México las cosas comenzaron a empeorar desde mucho antes del primer contagio. El país entró en recesión desde el 2019 y a la fecha suman ya 6 trimestres en que la economía cae respecto al año anterior, algo que no se veía desde hace casi 40 años.

Además, a diferencia de las otras crisis económicas, que venían “de afuera” esta fue creada directamente el Gobierno federal: Andrés Manuel canceló la construcción del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, le declaró la guerra a las energías renovables e impulsó la cancelación de grandes proyectos de inversión, provocando un escenario de incertidumbre que se suma a las otras condiciones negativas del país.

Como resultado, en 2020, México será uno de los países más golpeados a nivel mundial, pues el Banco de México calcula una caída del 9% del Producto Interno Bruto (PIB), y se ve difícil que Obrador termine en 2024 con una economía que sea, siquiera, del tamaño de la que recibió en diciembre del 2018.

El manejo de la pandemia ha sido escalofriante. Aunque es necesario reconocer que México no cedió a los impulsos tiránicos y contraproducentes en que cayeron muchos otros países de la región; también es cierto que la administración Obrador no se preparó a tiempo, adquirió insumos de pésima calidad para el personal médico y no ha logrado atender de manera efectiva a los enfermos. Miles de camas de hospital han estado vacías, mientras las personas mueren en casa. Hoy México es el cuarto país con más muertos por Covid-19 a nivel mundial y normalmente ocupa el segundo lugar diario en cuanto a nuevos fallecidos.

Otra de las grandes esperanzas que impulsó López Obrador fue la de resolver la crisis de inseguridad. En el calor de la campaña llegó a prometer que, con él en la presidencia, los delincuentes regresarían a realizar labores honestas, porque el gobierno ya no sería corrupto. La realidad ha sido completamente distinta: los dos primeros años de este Gobierno son los más violentos en la historia moderna del país, sumando cerca de 60,000 asesinatos, casi el doble de los 33,000 que habían ocurrido en los primeros dos años del Gobierno anterior.

No es fracaso si es a propósito

Aun así, no podemos simplemente decir que el Gobierno haya fracasado. Obrador ha conseguido sus reformas prioritarias, para consolidar cada vez más poder discrecional y fortalecer su alianza política. Revirtió la reforma educativa, eliminó más de 100 fideicomisos, creó la Guardia Nacional e impulsó pequeños cambios, todos con una tendencia en común: fortalecer a la Federación por encima de los Estados, al Poder Ejecutivo por encima del Legislativo y el Judicial, y a la figura directa del presidente por encima del resto de la estructura del Ejecutivo.

Incluso en términos de popularidad ha tenido éxito. Ante los desastrosos resultados parecería inevitable un colapso de sus niveles de apoyo, pero Andrés Manuel llega a diciembre del 2020 con niveles de apoyo similares a los que tenía el primer momento de su administración.

¿Por qué? Hay dos motivos principales:

  • El primero es el disparate de la esperanza: Para millones de personas, Obrador es un líder con el que están conectados emocionalmente, así que no están dispuestas a ceder ante la realidad. Se aferran a la idea de que está cambiando al país, o que lo hará en sus siguientes 4 años de Gobierno. O, al menos, que “ya no hay corrupción” y ya no están los de siempre.
  • El segundo es que la oposición sigue siendo odiosa a los ojos de millones de ciudadanos.
El fracaso de la oposición

Más allá de la absurda afirmación obradorista en cuanto a que “no son los de siempre”, cuando su equipo está lleno de reliquias como el infame Manuel Bartlett o el poquito menos infame Porfirio Muñoz Ledo, queda claro que la oposición ha fracasado rotundamente en su intento de recuperar el propio prestigio y exhibir los fallos del actual Gobierno.

Una encuesta publicada el 30 de noviembre por El Economista refleja dolorosamente este fracaso: Si las elecciones el 2018 se repitieran hoy, López Obrador obtendría un apoyo incluso mayor (54.8% en 2018 vs 56.9% en 2020).

Después de 2 años de un Gobierno desastroso, que no ha cumplido prácticamente ninguna de sus promesas y que ha estado marcado por escándalos constantes, la oposición no ha convencido a nadie. En 2018 el voto efectivo en favor del PAN fue de 22.9%, hoy sería exactamente igual; en 2018 el voto en favor del PRI fue 16.9%, hoy sería de 17.2%.

Esas tendencias se repiten rumbo a las elecciones intermedias del 2021. Otra encuesta, publicada el mismo 30 de noviembre, pero en El universal, coloca a Morena (el partido de AMLO) con una ventaja de casi 2 a 1 respecto al Partido Acción Nacional.

Y todo eso, a pesar de que la gente sabe que Andrés Manuel está haciendo un mal trabajo. Los únicos aspectos en los que el desempeño presidencial recibe un apoyo mayoritario son el de disminuir la corrupción (51.5%), fortalecer la democracia (51.4%), proteger los derechos ciudadanos (50.5%) y aumentar el prestigio internacional de México (50.1%). En todo lo demás los porcentajes de apoyo son minoritarios, incluyendo aspectos como el combate a la pobreza, la creación de empleos, el combate a la delincuencia, la atención a la salud y la educación pública.

¿Qué pasa entonces? Las personas podrán estar decepcionadas de AMLO, pero a los opositores los odian. La encuesta de El Universal muestra que apenas el 2% de las personas tiene muy buena imagen del PAN, mientras que el 42% tiene una mala o muy mala percepción de dicho partido. En contraste, el 9% de la población tiene muy buena opinión de Morena, contra “sólo” un 23% que tiene mala o muy mala opinión.

AMLO suma 2 años de daño, pero la esperanza muere al último, antes se convierte en disparate
AMLO, 2 años de daños y el disparate de la esperanza

Los ciudadanos siguen viendo los partidos de oposición como corruptos, arrogantes, lejanos e hipócritas. La incapacidad de estos para entender y responder a lo que la gente piensa de ellos ha pasado de lo divertido a lo indignante y, ahora, a lo preocupante. Mientras tanto, la oposición no partidista topa de frente con la pared de sus limitaciones. El “Frente Nacional Anti Amlo” se puso la meta de que López Obrador renunciara antes del 1 de diciembre, evidentemente no lo lograron, y ahora enfrentarán la dificultad de no tener partido para competir en la boleta electoral.

Las luces al final del túnel rumbo a las elecciones del 2021 son la drástica reducción del apoyo hacia el partido del presidente (de 52% en febrero de 2019 a 32% en la actualidad) y la posibilidad de una gran alianza opositora que pudiera realmente competir por la mayoría de la Cámara de Diputados, pero incluso ahora hay muchas ambiciones, muchos rencores y muchos ineptos en el camino.

Por lo pronto, a diciembre del 2020, México está atrapado entre un Gobierno profundamente inepto, una oposición incapaz de entender sus errores y una sociedad que se aferra al disparate de la esperanza en el caudillo que prometió paz, prosperidad y honradez, pero ha entregado violencia, crisis y corrupción.

1 comment
  1. Nooooooooooo por favor mi querido Doctor en Derecho. Perdón pero que su boca sea chicharrón. NO podemos permitir que gane MORENA, éso sería el fín de nuestro hermoso País. No me disillusioned como lo hizo Alfredo Jaliffe que se la pasa echando porras a este traidor a la Patria….. NOOOOOOOO POR FAVOR NOOOOOOOOO!!!

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