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López Obrador y Alberto Fernández: argentinizar México y mexicanizar Argentina

El argentino alude a Juan Domingo Perón, mientras que el mexicano habla del “Desarrollo Estabilizador”

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Andrés Manuel López Obrador (AMLO) le recomendó a Alberto Fernández, presidente de Argentina, el pasado 10 de marzo que no declarara moratoria en sus pagos al FMI, sino que mejor aceptara una propuesta de prórroga. Así, cuando inevitablemente saquen al kirchnerismo de la Casa Rosa, esto será problema de otro y podrán mantenerse como alternativa.

Así es la estrategia del presidente mexicano: culpa de los problemas del presente a todos los que estuvieron antes que tú y esconde todos los problemas nuevos que estás creando para que le revienten a quien gobierne en el futuro, y eso es exactamente lo que le recomienda a Fernández.

El argentino es más optimista y le responde que hay que originar un bloque económico junto con Brasil, cuando vuelva Lula, a quien apoya porque es el más grande líder de América Latina (pues también siguió la misma estrategia en su periodo: barrer los problemas hacia delante para que su sucesora pagara por ello).

Fernández está en la Presidencia argentina gracias a esa forma de hacer las cosas. Su antecesor recibió todos los problemas que generaron Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner. Y, si de por sí podía haber hecho poco para resolverlos, decidió hacer aún menos y sobre él cayó la culpa de todos los problemas. Alberto hizo leña de ese árbol y comenzó una de las presidencias que, desde estos ojos que la han seguido desde México, es una de las más descaradamente trágicas en los últimos 20 años.

2023 para Alberto es una moneda en el aire, cincuenta-cincuenta. Dejar todo al futuro no parece tan mala idea. Para López Obrador el panorama hacia 2024 no acaba de aclararse. Por un lado, su partido ya se supone ganador, aunque aún no decide quién será su sucesor; por otro, está desesperado por saber quién o quiénes serán sus oponentes en la boleta, para poder empezar la campaña sucia desde ya.

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En la conferencia mañanera del lunes 14, el presidente se adelantó a los anuncios y destapó a 10 de sus posibles contendientes. Puros pesos ligeros si me lo preguntan a mí, aunque más de la mitad de ellos son los probables adversarios y ninguno tiene la menor capacidad de conectar con el votante; no se diga ya de competir en la misma liga que los posibles sucesores de AMLO.

El enemigo común de López Obrador y del kirchnerismo son los “neoliberales”. Fernández habla del capitalismo como enemigo, López Obrador sabe que esa clase de lenguaje no le abona a su causa por lo que utiliza uno más ad hoc con su público.
Con diferentes nombres el enemigo de ambos está en los 80 y 90, mientras que sus sueños son una reinterpretación romántica, pero falsa de mediados de siglo. El argentino alude a Juan Domingo Perón, mientras que el mexicano habla del “Desarrollo Estabilizador”; pero no de los personajes porque él construyó su carrera criticando al partido al cual pertenecieron todos ellos.

El papel que está jugando hoy López Obrador parece más cercano al de Néstor Kirchner que al de Hugo Chávez en Venezuela, como dicen muchos. Si somos justos, la comparación es difícil con ambos, pues a diferencia de ellos, AMLO es un personaje sin ningún carisma ni gracia. Es un orador muy pobre y, como vimos en la carta que le envió al Parlamento Europeo, muy poco diplomático y educado, cayendo en lo vulgar… ahí sí como Chávez, pero sin gracia.



La forma en la que la historia cuadra es hasta cruel: igual que Kirchner, López Obrador padece del corazón y es posible que esté consciente de que es inviable permanecer en el poder por muchos años, incluso tras bambalinas como titiritero de su sucesor. AMLO, en su vocación de ser un transformador y un héroe de la historia podría ser más partidario de la idea de, como el argentino, morir antes de que se destapen las consecuencias de sus acciones y dejar que sus sucesores construyan su lugar como héroe en la historia nacional.

Por supuesto que estoy especulando y solo ellos saben realmente qué planean, pero simplemente hay algo que no cuadra con la idea de AMLO-Chávez, ya que teniendo tres años de presidencia imperial, decidió no impulsar ningún cambio estructural, solo erosionar instituciones e impulsar narrativas.

“La Cuarta Transformación —nos ha dicho en muchas ocasiones— será tan profunda que no podrá nunca ser echada atrás”. La gente inmediatamente pensó en un régimen militar, pero tal vez se refería a la ruta argentina: a consagrarse como un héroe popular y empujar todos los problemas al futuro para que, cuando la oposición de hoy los derrote, sea ella la culpable de los resultados y, MORENA —con el héroe AMLO como estandarte— pueda seguir rondando el poder por muchos años más.

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