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AMLO, El American

AMLO, el Hulk Hogan mexicano y su guerra contra las leyes económicas

Así es como AMLO se percibe a sí mismo como un Hulk Hogan mexicano, enfrentado a poderes más grandes que él, quienes quieren destruir al país, pero que él tiene el valor para vencer

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En la conferencia de prensa matutina del 31 de marzo de 2022, López Obrador dijo que no descartaría la idea de controles de precios para determinados productos en caso de que sigan subiendo. Nuevamente, está dando una respuesta popular que lejos de traer una solución, lo único que conseguirá será que los productos escaseen.

Más allá de ir en contra de la teoría económica, que desconoce, el discurso de AMLO está sustentado en una idea que ha repetido en muchas ocasiones sobre que los empresarios son abusivos en los precios y buscan tener ganancias extraordinarias. De hecho, en la misma conferencia hizo un llamado a los expendedores de gasolina a que no eleven mucho los precios.

Como hablábamos la semana pasada en este mismo espacio, las declaraciones de AMLO están pensadas para personas que no entienden cómo funciona la economía, pero creen que existe un legítimo interés del presidente de cuidar a los más pobres. Si el presidente quisiera realmente que los precios no continuaran su alza, podría apostar por un gran número de opciones de política económica: reducir o eliminar el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS); eliminar todos los límites a la importación de productos extranjeros; reducir impuestos para atraer la inversión y así aumentar el empleo y la producción, matando dos pájaros de un tiro, etc. 

Pero al presidente no le importa que los precios bajen de forma natural por la libre operación de la oferta y la demanda, le preocupa que las personas crean que él es quien los está reduciendo. Bajo esta óptica nos damos cuenta de que López Obrador tiene las manos atadas. No puede apostar por el comercio internacional porque el discurso de autosuficiencia no se lo permite, reducir impuestos le impediría pagar sus dádivas y permitir que el sector privado solucione el problema le restaría protagonismo.

No es complicado entender que la mayoría de mexicanos que no se dedican a ninguna clase de comercio no entienden del todo cómo funcionan los precios, y en un país en el que algunos precios (como el de la tortilla y el de la gasolina) fueron determinados de forma soviética, a nadie le suena extraño que el presidente diga que él puede decidir cuáles serán los precios de las cosas sin ninguna consecuencia. 

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Si los controles de precios trajeran escasez, AMLO estaría blindado de crítica, ya que siempre podrá decir que los empresarios dejaron de producir porque se oponen a la Cuarta Transformación, pero que es bueno que se vayan porque ahora quedarán solo los empresarios buenos, los que sí quieren el bienestar del pueblo.

López Obrador habla de historia de México a cada oportunidad. No aporta nunca nada interesante ni nuevo, sino que repite las mismas leyendas nacionalistas que aprenden los niños en la escuela primaria: pastores que se vuelven presidentes, curas que lideran insurrecciones contra imperios, indígenas que se levantan contra dictaduras, héroes libres de pecado que tienen características sobrehumanas con las que se sobreponen a cualquier obstáculo. 

Esa historia que nos enseñan de niños es la misma que nos recetan en la lucha libre una y otra vez: un héroe que se enfrenta al reto más grande de su vida y que estando cerca de perder recuerda lo mucho que ama a la patria y de ahí saca fuerzas para ganar. Así es como AMLO se percibe a sí mismo como un Hulk Hogan mexicano, enfrentado a poderes más grandes que él, quienes quieren destruir al país, pero que él tiene el valor para vencer. 



Y ser ese superhéroe requiere tomar las decisiones difíciles, como cancelar aeropuertos, aunque todos se opongan; organizar consultas populares, aunque nadie las vote, y tomar medidas que nadie se atreve a hacer, como los controles de precios, aun cuando todos los expertos le advierten de las terribles consecuencias que esto tendrá. Al final todos los detractores serán tachados de tecnócratas, neoliberales o conservadores, enemigos del pueblo.

Existe una cita que Simón Bolívar probablemente nunca dijo tras el terremoto de 1812 en Venezuela que, entiendo, ayudó a retrasar el movimiento de independencia en aquel país: “Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella hasta que nos obedezca”. Bolívar desafió a las leyes de la naturaleza de la misma forma en que AMLO desafía las leyes de la economía.
La gran diferencia es que lo de Bolívar es una leyenda que se inventó para adornar su vida y retratarlo como un héroe, mientras que López Obrador está viviendo su propia leyenda en su cabeza, contándosela a un pueblo ignorante, mientras que los menos podemos ver que no es más que un anciano loco peleando contra molinos de viento… literalmente

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