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López Obrador en el hospital, México en terapia intensiva

AMLO en el hospital, México en terapia intensiva. Imagen: EFE/ Sáshenka Gutiérrez

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El viernes 21 de enero, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, tuvo que entrar al hospital para someterse a una cirugía de corazón, y nuevamente se desataron los rumores respecto a su estado de salud, especialmente en los pasillos de Twitter y WhatsApp donde algunos opositores compartían con un resquicio de esperanza las versiones de que la situación médica de López Obrador lo obligaría a renunciar “de un momento a otro”.

Sin embargo, a pesar de los deseos tuiteros, el presidente “se encuentra en perfecto estado de salud”, por lo menos de acuerdo con el escueto comunicado de la Secretaría de Gobernación, que explicó que AMLO entró al hospital a las 10:30 de la mañana y 6 horas después se le realizó “un cateterismo cardiaco” donde “se encontraron el corazón y las arterias sanos y funcionando adecuadamente” como parte de los “estudios preventivos y rutinarios” que se le realizan cada 6 meses.

Por supuesto, el excesivamente cuidadoso lenguaje del comunicado no eliminó de raíz los rumores, pues, inicialmente, un cateterismo cardiaco no es en sí un “procedimiento de rutina”, además de que (entre las navidades y su contagio de Covid) en lo que va del 2022 suma 10 días sin actividades oficiales y lleva más de un mes sin que su agenda registre ninguna actividad oficial fuera del palacio nacional.

López Obrador en el hospital

El hecho es que existe una probabilidad de que AMLO muera en el cargo, y él mismo lo reconoció en el video que publicó el sábado 22 de enero, donde además habló de que ya tiene un “testamento político” y no es exageración, pues Obrador es un hombre de 68 años (el presidente mexicano de mayor edad en más de un siglo) que ya ha sufrido un infarto y que por su cargo está sometido las 24 horas del día a un presión inmensa, con todo el desgaste físico que ello implica.

Por lo tanto, más allá de si el cateterismo del viernes 21 de enero fue o no un procedimiento de rutina, la hospitalización del presidente es un claro recordatorio de que hay un escenario real donde AMLO simplemente no pueda concluir su sexenio.

México en terapia intensiva

Si Andrés Manuel muere antes de entregarle el poder a su sucesor en 2024, colocaría a México en una situación casi inédita, pues el único presidente mexicano que ha muerto en el cargo fue Benito Juárez, hace exactamente 150 años (Maximiliano y Carranza fueron asesinados siendo teóricamente gobernantes, pero ya habían perdido el poder).

En el papel, la ruta a seguir está muy clara. El artículo 84 de la Constitución nacional afirma que, ante la “falta absoluta del Presidente” el Congreso de la Unión designará por mayoría absoluta “al presidente substituto que deberá concluir el período”, lo que de entrada garantizaría el nombramiento de un sustituto oficialista, ya que Morena y sus aliados controlan la mayoría en ambas cámaras del Congreso.

En consecuencia, el problema real no es jurídico, es político. López Obrador ha capturado más poder, popularidad e influencia que cualquier otro líder en la última generación. Si muere o renuncia intempesitvamente, dejaría un vacío imposible de llenar, al menos en el corto plazo. Pararía en seco a la política mexicana, pues él es la razón de que los oficialistas y los opositores hayan asumido las alianzas y narrativas con que ambos se han definido en los últimos años.

La oposición mexicana anhela que AMLO esté fuera de la presidencia, pero necesitan una opción competitiva para reemplazarlo. Imagen: EFE/Miguel Sierra
La oposición mexicana anhela que AMLO esté fuera de la presidencia, pero necesitan una opción competitiva para reemplazarlo. Imagen: EFE/Miguel Sierra

¿El resultado inevitable de esa disrupción? Incertidumbre, balcanización y polarización

Ignorar el riesgo de que Obrador muera antes de terminar el sexenio es profundamente irresponsable. Hasta él lo sabe, y lo dijo en su video del sábado 22.

¿Por qué? Porque la figura de AMLO funciona en el sistema mexicano como una especie de centro de gravedad, que le da orden al juego político, canalizando y conteniendo el ímpetu de las ambiciones en ambos bandos. Sin ese centro todo el sistema caería en caos mientras se alcanza un nuevo equilibrio, y no hay ninguna garantía de que el equilibrio resultante sea mejor que el actual.

Y este es el punto clave que deben entender, especialmente, los opositores: si AMLO fallece o renuncia, no por ello desparecerían, ni las razones ni las fuerzas que lo llevaron al poder; todas las cofradías, intereses y capitales que se sintieron traicionados por los tecnócratas que impulsaron la transición democrática.

Estos grupos oficialistas, bien organizados y (en algunos casos) bien financiados, tienen una propuesta clara: revertir la modernización del país, regresando lo más posible a México al modelo cerrado del viejo PRI, aprovechando la nostalgia por ese pasado romántico que late en los corazones de millones de mexicanos y sale a flote a la primera oportunidad en forma de airadas denuncias contra “las empresas privadas” y “los inversionistas extranjeros”.

Obrador no creó ese movimiento, simplemente lo heredó y lo articuló para volverlo más efectivo electoralmente, durante 3 campañas presidenciales aprendió a encarnar sus esperanzas y en cierta forma a contener sus ambiciones, dirigiéndolas estratégicamente hacia el proyecto político de lo que él llama “cuarta transformación”.

Por lo tanto, ante la ausencia de Andrés Manuel, las fuerzas oficialistas no desaparecerían ni se rendirían ante la oposición. Al contrario, esta sería la luz verde para adelantar el free-for-all donde en ambos bandos las alianzas se desbaraten y las pasiones se desboquen, dándole la ventaja a los radicales. Tras la turbulencia, México bien podría quedar en manos de un caudillo peor que AMLO, que pretenda revertir el tratado de libre comercio con Estados Unidos u organizar expropiaciones masivas.

Por ello, las esperanzas opositoras no deben estar ni en la renuncia ni en la ausencia de Obrador, sino en la construcción de una alternativa política creíble y competitiva, y para eso necesitan cada instante de aquí hasta las elecciones del 2024. No deseen prisas, que si AMLO se queda en el hospital, México caerá en terapia intensiva.

Gerardo Garibay Camarena, is a doctor of law, writer and political analyst with experience in the public and private sectors. His new book is "How to Play Chess Without Craps: A Guide to Reading Politics and Understanding Politicians" // Gerardo Garibay Camarena es doctor en derecho, escritor y analista político con experiencia en el sector público y privado. Su nuevo libro es “Cómo jugar al ajedrez Sin dados: Una guía para leer la política y entender a los políticos”

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