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México, AMLO

AMLO tiene a México entre la adivinanza y el espanto: Juan Carlos Romero Hicks

Los caprichos de López Obrador tienen a México entre la adivinanza y el espanto, ante un Gobierno que niega el federalismo y se somete a la orden presidencial

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Entre la adivinanza y el espanto, México cumple dos años de Gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), marcado por las ocurrencias, los malos resultados y los caprichos de una mayoría oficialista que parece al mismo tiempo desordenada y absolutamente sometida a la figura presidencial en el intento de debilitar a las instituciones y consolidar un nuevo presidencialismo absoluto. La Cámara de Diputados es uno de los principales escenarios de esta lucha, en la que los partidos de oposición buscan preservar los equilibrios institucionales que AMLO ha puesto bajo amenaza.

Para entender lo que está sucediendo en México, conversamos con uno de los protagonistas clave de esa lucha: Juan Carlos Romero Hicks, coordinador del Grupo Parlamentario del Partido Acción Nacional en la Cámara de Diputados. He aquí una síntesis de la primera parte de nuestra conversación:

Con AMLO, entre la adivinanza y el espanto

Gerardo Garibay: ¿Cómo es legislar en un Congreso con mayoría de Morena? ¿Cómo son los acuerdos y el trabajo cotidiano a comparación de legislaturas anteriores?

Juan Carlos Romero Hicks: Esta es la segunda vez que soy legislador federal, y son completamente diferentes, por varias razones:

  • La primera es que en 2012 teníamos el Pacto por México, una hoja de ruta que con 5 grandes ejes temáticos y 95 prioridades que se fueron ampliando. Por ejemplo, me tocó ser presidente de la Comisión de Educación y la primera reforma estructural fue la educativa. Del mismo modo, tuvimos la reforma energética, la de telecomunicaciones, etcétera. Ahora, en cambio, no había hoja de ruta.
  • La segunda diferencia es que el PRI [Partido Revolucionario Institucional] tiene oficio, sabe honrar acuerdos, tiene formación de cuadros y más sentido estratégico. En Morena [el partido de AMLO] lo que prevalece son ocurrencias, tanto del presidente como de sus legisladores, entonces estás entre la adivinanza y el espanto.
  • Tercero, en el caso del Senado [en 2012] el PRI tenía mayoría simple, pero no mayoría calificada, entonces todo tenía que construirse, sobre todo para cambiar la constitución. Había debate y se podía dialogar. Acá cuando llegamos a San Lázaro, [Morena] no tenía mayoría calificada, pero con huachicol y trasvases lograron esa mayoría calificada; hoy es muy difícil dialogar cuando les mandan línea del Poder Ejecutivo y no quieren que les cambies ni una coma a las iniciativas.
  • Una cuarta diferencia es que en 2012 el PRI no se ostentaba como una mayoría arrolladora, y Morena sí lo hace, a pesar de que [en las elecciones del 2018] no recibió un mandato de mayoría para el Congreso de la Unión. AMLO obtuvo el 53 % de la votación, pero la alianza Juntos Haremos Prehistoria, como yo le digo, obtuvo el 43.58 %. Mediante trasvases y subterfugios legales llegaron a mayoría. El presidente sí obtuvo mayoría, ellos no.
  • La otra gran diferencia, y lo digo con respeto, es que muchos de los que ahora llegaron al Congreso ni campaña hicieron. No llegaron con una agenda, llegaron resentidos y creen que están para servir a un presidente, no a un país.

En el diseño republicano se pretende que la Cámara de Diputados represente a la población y el Senado represente al pacto federal. La mayoría de ellos no lo entienden y creen que representan a un individuo [AMLO] que no es jefe de gobierno ni es jefe de Estado, sino de partido.

Es muy difícil porque no hay diálogo y es muy frustrante ganar el debate, cuando lo hay, y perder las votaciones. Hay excepciones, pero a muchos de ellos [diputados oficialistas] les llega la línea y como decía Miguel Montes, un gran legislador que acaba de morir en septiembre, ven al Congreso como un “querer legislativo”, semejante a una oficialía de partes.

AMLO, México
(Facebook)

Gerardo Garibay: ¿Qué tal está funcionando el bloque de contención de los opositores?, ¿qué tanto contrapeso están logrando?

Juan Carlos Romero Hicks: Somos un contrapeso, al menos para ganar los debates. Ya no podemos detener una reforma constitucional en la Cámara de Diputados, porque se requieren 167 [diputados]. Éramos 175, pero con el huachicol que hicieron del PRD [Partido de la Revolución Democrática] perdimos esa posibilidad, pero en el Senado de la Republica se requieren 43 para contener y hay como 47, ahí sí hay un dique de contención.

Hemos hecho un trabajo bastante valioso: 1) en pobreza y desigualdad, en serio, no con clientelas; 2) en la atención de la violencia e inseguridad; 3) en contra de la corrupción e impunidad; 4) en temas de economía e ingreso familiar. En todo ello hemos hecho propuestas, aunque no siempre se reflejan en las votaciones.

Además, yo no creo en las oposiciones por método. En una democracia madura, cuando alguien encabeza gobierno debe tener humildad y generosidad para ser incluyente; y cuando no encabezas gobierno tienes varias opciones: la opción madura es acompañar al gobierno en lo que coincidas y generar alternativas en lo que no coincidas. Si logras acuerdos, lo acompañas; y si no logras acuerdos, entonces cada quien sigue por su cuenta.

Gerardo Garibay: ¿Cuál ha sido el mayor logro de la oposición en materia legislativa durante estos dos años?

Juan Carlos Romero Hicks: Son muchas. La reforma educativa es de nosotros, salvo la parte de la mafia del poder que fue entregarle al sindicato la evaluación laboral. Lo demás es nuestro: educación inicial, educación pluricultural, igualdad de derechos, perspectiva de derechos humanos, el acceso a educación superior. En el caso del PAN votamos en contra y me dolió mucho, porque el 80 % de la reforma pasó por varios de nosotros.

Segundo, la Guardia Nacional. El diseño es nuestro, es una guardia civil, nada más que en la realidad se ha convertido en una guardia militar.

Hoy [3 de diciembre] tuvimos un logro muy importante: se estaba revisando la Ley General de Población, concretamente el derecho a la identidad y el que no hay una cartilla de identidad mexicana para la población abierta, lo que hay es la credencial para votar. [Los oficialistas] traían sus cosas raras y les pusimos salvaguardas para que el padrón que tiene el INE [Instituto Nacional Electoral] no se lo entregue a la Secretaría de Gobernación, para que se proteja la confidencialidad de la información de cada persona. Fue un logro que tuvimos hoy, y lo construimos entre todos. Debo reconocer que, en este caso, que no es común, la secretaria de Gobernación sí participó y es una persona muy razonable.

Un presupuesto sin un gramo de federalismo

Gerardo Garibay: ¿Qué opinas respecto al presupuesto aprobado para el 2021? ¿Es tan grave como comentan algunas personas o es tolerable?

Juan Carlos Romero Hicks: Es un gran fracaso para México, porque el Gobierno nacional no entiende que es un presupuesto para el país y no un presupuesto del presidente de la república. Tiene varios déficits:

  • Uno, no atiende la pobreza y la desigualdad. Genera clientelas, pero no tiene componentes significativos en temas de fondo, como educación, salud, vivienda, agua y servicios básicos.
  • Dos, no atiende a la economía, el empleo y el ingreso familiar. No apoya al campo, ni al micro, pequeño o mediano empresario, ni a la innovación.
  • Tres, en cuanto al tema de la violencia y la inseguridad, desaparecieron el fondo de seguridad para entidades y municipios, lo cual nos hace perder a todos.
  • Cuatro, no tiene ni un gramo de federalismo. Hay 8 carreteras para todo el país, mientras que el presupuesto está para servir a las prioridades presidenciales, que son respetables, pero son demagógicas e inviables, las tres obras faraónicas que ya conocemos: el aeropuerto [en Santa Lucía] que es una tragedia, el Tren Maya y la refinería.

Además, hay un problema muy fuerte de finanzas públicas, porque no hay crecimiento de la economía y sin este no hay recaudación, no hay ahorro, no hay inversión. Es un presupuesto lleno de ocurrencias y que no atiende lo elemental. No atiende la crisis de la pandemia, tampoco la de la educación, la de la inseguridad o la de la corrupción.

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