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AMLO seduce a la oposición mexicana. Imagen: EFE/Madla Hartz

La oposición mexicana sucumbe ante las seducciones del socialista López Obrador

La apuesta del presidente es por construir un régimen que domine México durante décadas

La oposición mexicana enfrenta una situación bastante complicada. A pesar de que casi todas las estadísticas muestran que el país está peor que en 2018, López Obrador mantiene niveles de popularidad semejantes a los que tenía al inicio de su gobierno.

Peor aún, el presidente ha convertido ese respaldo popular en margen de maniobra política para consolidar cómodas mayorías oficialistas en el Congreso de la Unión y en la mayoría de las legislaturas locales; además de que en los últimos 3 años ha capturado para su movimiento 18 de los 32 estados del país, en una racha que podría conseguirle otras 7 gubernaturas a renovarse en 2022 y 2023.

Esto le permitiría llegar a las elecciones del 2024 con un dominio casi absoluto de las estructuras de movilización del voto, transformando la inercia de victoria en una especie de profecía autocumplida, donde sus expectativas de triunfo lo ayudan a convencer a empresarios y políticos para que se suban al barco del obradorismo, en lugar de quedarse marginados en la derrota.

La oposición mexicana, ante el canto de las promesas oficialistas

La oposición mexicana está siendo seducida, y esa seducción está surtiendo efectos sutiles, pero contundentes. Por ejemplo, la semana pasada los opositores se quejaron amargamente de las tendencias tiránicas de López Obrador, pero aprobaron (casi sin debate de por medio) las propuestas del presidente para la Suprema Corte (el 23 de noviembre) y la Unidad de Investigación Financiera (el 25 de noviembre). Eran votaciones donde la oposición podía contener la agenda de AMLO, y no lo hizo.

Los efectos de esta seducción quedaron incluso más claros el pasado 1 de diciembre. López Obrador festejó los tres años de su toma de protesta con un mitin político en el Zócalo de la Ciudad de México, que reunió a unos 80,000 simpatizantes, incluyendo a 4 de los 7 gobernadores de Acción Nacional, el principal partido de oposición.

Sí, los gobernadores panistas de Yucatán, Chihuahua, Durango y Quintana Roo no solo asistieron al evento a respaldar políticamente al mismo presidente al que su partido ha denunciado ante la OEA, sino que se la pasaron tomándose selfies con los principales “presidenciables” del obradorismo y presumiéndolas en Twitter.

La oposición mexicana, seducida. Mauricio Vila (izq.) y Maru Campos (der.) sonriendo junto a los líderes del obradorismo. Imagen: Twitter de Mauricio Vila
La oposición mexicana, seducida. Mauricio Vila (izq.) y Maru Campos (der.) sonriendo junto a los líderes del obradorismo. Imagen: Twitter de Mauricio Vila

¿Por qué tanto amor?

Porque los presupuestos de los estados dependen cada vez más de los caprichos del gobierno federal; porque el propio dirigente nacional del PAN reconoció en un infame audio que su partido tiene perdidas 5 de las 6 gubernaturas que se elegirán el próximo año y porque Andrés Manuel ya se puso el traje de seductor, ofreciéndole cargos en su administración a los gobernadores de oposición que le son leales.

Primero anunció que se llevará al gobierno federal a los recién salidos exmandatarios de Nayarit y Sinaloa (del PAN y el PRI) y el 17 de noviembre le ofreció un acuerdo similar al gobernador panista de Quintana Roo. AMLO dijo abiertamente que está “muy a gusto con el trabajo que está haciendo el gobernador de Quintana Roo, Carlos Joaquín” y una vez que termine su mandato, hablará con él “para convencerlo de que nos siga ayudando”.

Obviamente, el agradecido Carlos Joaquín fue a echarle porras al presidente, junto con otros tres gobernadores de su partido, que por lo visto también buscan en AMLO presupuesto, refugio y futuro político.

El gran riesgo de la seducción

El riesgo es que se convierta en un círculo vicioso: entre más poder acumula AMLO, más fácil le resulta convencer a la oposición mexicana para que le apruebe sus caprichos, y entre más seduce a los opositores más poderoso se vuelve. Esto se traduce en una creciente asimetría de fuerza a favor del oficialismo en consolidación, que podría llegar al 2024 con el triunfo prácticamente garantizado y las elecciones convertidas en un mero trámite.

La apuesta del presidente López Obrador es la de un régimen que domine durante décadas y lo está construyendo, porque sigue sumando éxitos políticos a pesar de sus fracasos como gobierno y porque quienes deberían hacerle contrapeso están demasiado ocupados negociando sus propias rutas de escape, convirtiendo en el camino a la oposición mexicana en simple palero del régimen, como lo fue durante el siglo XX. Eso es triste.

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