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La historia de AMLO y su ministra de las mentiras

AMLO

Cuando pienso en la Cuarta Transformación existe un tema del que se me complica mucho hablar, y es la preocupación que me causa la existencia de un cargo como el que ocupa Elizabeth García Vilchis (Liz Vilchis para sus amigos) en el gobierno de México.

Para quienes leen desde fuera, o quienes no han prestado atención, la licenciada Vilchis tiene una sección en la conferencia matutina del presidente, llamada: “¿Quién es quién en las mentiras?”, en la que lee notas de medios o personas “disidentes” y luego las desmiente.

Regularmente, “desmentir” para el gobierno de AMLO es decir “no es cierto” y dar vuelta a la página. Pero el trabajo de Liz es decir “esas son puras mentiras, la verdad es ésta”.

Es un trabajo complicado porque, en general, la licenciada Vilchis no desmiente mentiras, sino verdades, y la única forma de hacerlo es mintiendo o diciendo frases como “eso no es falso, pero no es verdadero” o “lo que dijo es verdad, aunque sea falso”, que no desmienten pero confunden. El problema es que Liz no es buena mintiendo, todo lo contrario, es muy mala, mentir simplemente no se le da, entonces ha sido muy fácil para muchas personas convertirla en un objeto de burla constante.

Mi preocupación entonces viene por dos lados: el primero es que, en un gobierno que dice que a los funcionarios los eligen 90% por honestidad y 10% por experiencia, Liz es la única persona que cumple con esas características; la licenciada es demasiado honesta para mentir y claramente por eso no es capaz de hacer bien su trabajo.

Su honestidad e incapacidad han logrado unir, incluso, a dos enemigos acérrimos. Al expresidente Calderón, en su muy burlón estilo, lanzó un tuit convocando a la licenciada a reportar las mentiras del propio régimen en el que la llamó “la señorita esa que no sabe leer”; y a AMLO, quien normalmente niega cualquier dicho del expresidente, en esta ocasión no pudo y se limitó a responder lo que ya todos sabemos: “no sabrá leer la señorita de la sección, pero la señorita no dice mentiras, no es mentirosa”.

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La otra preocupación es que, después de años de ser un objeto de burla, ¿qué hará con su vida cuando termine el teatro mañanero presidencial?

Sé que si usted me ha leído debe estar pensando que estoy ironizando la situación, pero mi preocupación es legítima. El gobierno, los gobiernos, todos los gobiernos, les han arruinado la vida a muchas personas, pero aquí hay una a quien AMLO ha convertido deliberadamente en un hazmerreir, arruinándole la carrera. Tal vez no podamos salvar a todos, pero podemos salvar a Liz.

La licenciada Vilchis cobra casi 3,000 dólares mensuales, que en México es mucho dinero, pero no es suficiente para que, con 5 años de salario, puedas ahorrar para el resto de la vida. Al otro día del 1 de diciembre de 2024 Liz saldrá a buscar trabajo en medios o en partidos, y al enviar su currículum dirán “es la mensa esa de las mentiras”.

AMLO

De no ser por las múltiples propiedades que tiene su esposo, Liz quedaría desamparada; tiene 32 años, es licenciada en Antropología Social y no tiene ninguna experiencia en su campo. Su único antecedente profesional, además de ser humillada por el presidente, ha sido coordinar el contenido web de un pasquín regional por casi 10 años, desde el que se dedicó a golpear a los enemigos de su esposo.

Pienso que, aprovechando el momento y la buena voluntad que le ha creado ser víctima de la violencia de género del presidente, debería renunciar y contratar un negro literario (no me linchen, así se dice en español ghostwriter) que la ayude a narrar el abuso al que el gobierno federal la ha sometido, el sufrimiento que viven ella y su hijo por el mero hecho de no saber mentir para otros y peor aún, el dolor que le causó que el presidente la haya evidenciado como una adulta analfabeta.

Licenciada, yo le garantizo que de los derechos del libro y las apariciones públicas podrían usted y su familia vivir mejor de lo que viven. Bueno, no es más de lo que aporta su esposo al hogar, pero usted sabe que esos casos terminan escapando del país o tras las rejas. No se concentre en interpretar los números, que hemos visto que tampoco es su fuerte, siempre puede contratar a un contador para ello y a algún otro asesor que le ayude a leer los contratos.

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