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Los asesinatos de periodistas exhiben la violencia en México. Imagen: Unsplash

Los asesinatos de periodistas exhiben la violenta realidad de México

Los asesinatos de periodistas reflejan la gravedad de la violencia en México y exhiben la cultura de impunidad que se ha apoderado del país

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La violencia homicida se ha convertido en una parte normal del panorama mexicano. Sé que suena a exageración, pero es verdad. En lo que va del siglo más de 400,000 mexicanos han sido asesinados, una cifra escalofriante, en especial considerando que no hay una invasión o una guerra civil a gran escala. Es simplemente la rutina, la vida cotidiana, lo “normal”.

¿Qué tan terrible es esa normalidad? Bueno, un estudio publicado en 2021 llegó a la conclusión de que las 6 ciudades más violentas del mundo están en territorio mexicano: Celaya, Tijuana, Juárez, Ciudad Obregón, Irapuato y Ensenada. No son espacios en ruinas, como pudiéramos imaginar en la Siria de la guerra civil o la Yugoslavia de los 90. Son ciudades normales, donde las historias de horror no se relejan en los edificios, pero sí se acumulan en la memoria de millones de familias.

Los periodistas, por trabajo y vocación, buscan registrar y darles espacio a esas historias. Al hacerlo, han quedado ellos mismos expuestos a las represalias de los delincuentes. También desde el 2000, y de acuerdo con la ONG Artículo 19, al menos 149 periodistas han sido asesinados por causas aparentemente relacionadas al ejercicio de su profesión.

Los asesinatos de periodistas se acumulan en México

¿Qué tan graves son estos números? Mucho. México cerró el 2021 como el país con más asesinatos de periodistas, superando a Afganistán. Sí, a Afganistán, que el año pasado cayó otra vez en manos del Talibán, un grupo famoso por su pasión por la censura violenta de lo que consideren impuro. México registró el triple de casos que China, o incluso Yemen, que está en medio de una intensa guerra civil.

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Si el 2021 fue malo, el 2022 pinta para ser mucho peor. Tan solo en enero fueron asesinados cuatro periodistas. Uno más, Marcos Ernesto Islas Flores (editor de Notiredes), fue asesinado la madrugada del 6 de febrero.

¿Y los culpables? Gozando de cabal salud, escondidos bajo el cálido manto del misterio, porque el 90 % de los asesinatos de periodistas sigue sin resolverse, en un fiel reflejo de la cultura de la impunidad que abarca a todo el país.

En México se mata a hombres y mujeres, se mata a inocentes, se mata periodistas. Se mata porque los asesinos se sienten protegidos. Saben que: en la abrumadora mayoría de los casos no habrá una investigación seria, y mucho menos en una sentencia penal.



Nos están matando a todos, y el resultado es el silencio

La semana pasada, en un artículo para el periódico mexicano Reforma, Jorge Ramos citaba una declaración de la jefe de análisis del portal Animal Político, Claudia Ramos, quien explicaba que “se siguen matando periodistas, básicamente, porque no se hace nada para investigar” ni “para impedir que se siga matando… No solo matan periodistas; nos están matando a todos”.

“Nos están matando a todos” suena como la línea de algún guion distópico. Suena dramático. Suena exagerado. Sin embargo, es verdad. Al ver esos más de 400,000 asesinatos en los últimos 21 años, no hay más mucho margen para argumentar en sentido contrario.

Cada uno de esos crímenes tiene su propia historia, pero todos coinciden en una consecuencia: el silencio. Cada ataque va silenciando a la sociedad, enviando un claro mensaje de que hay que someterse para sobrevivir, y ese efecto se multiplica cuando las víctimas son periodistas, no solo porque el público deja de recibir la información que ellos ofrecían, sino porque cientos de colegas aprenden “la lección” y simplemente dejan de publicar sobre ciertos temas incómodos.

El resultado de esa violencia son auténticas zonas de silencio: temas y regiones del país donde oficialmente no se sabe nada, no se publica nada y no se informa nada. Esto permite que los criminales (dentro y fuera de los gobiernos) actúen con creciente impunidad, aprovechando un círculo vicioso en el que la violencia se retroalimenta con la corrupción y la impunidad.


Para romper ese círculo vicioso, la labor periodística es indispensable, pues, como decía el jurista americano Louis Brandeis, “la luz del sol es el mejor desinfectante”. La información es el factor clave para combatir la corrupción que ha llevado a México al abismo de la violencia, y sin transparencia México no podrá salir de ahí.

Recuperar esa transparencia implica defender la libertad de expresión en general, y la labor periodística en particular. Sin ella, las cosas no van a mejorar, nunca.

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