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Un Australian Open de épicas, injusticias y villanos

Un Australian Open de épicas, injusticias y villanos

La gesta de Rafael Nadal, el histórico torneo de Daniil Medvedev, el papel del público y el caso Djokovic pasarán a la historia del tenis

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Las grandes gestas deportivas son para disfrutar y sentirse privilegiado. Son historia viva. Se recordarán por décadas, quizás hasta siglos con el soporte documental contemporáneo. Verlo en vivo y en directo debe ser considerado un honor, sobre todo si se dan en circunstancias como las que afrontó Rafael Nadal antes del Australian Open, y quien ahora cuenta en su palmarés con 21 Grand Slam.

Por favor olvidemos el bendito número y empecemos a mirar todo el horizonte. Rafael Nadal hace meses estaba en muletas, debatiéndose, a sus 35 años, si volvería a jugar al tenis o no. Ilusos los que dudamos. Con su acostumbrada resiliencia el español no solo volvió a competir a tope, sino que se llevó, una vez más, un torneo viniendo desde atrás. Resucitando después de verse dos sets abajo y levantando una triple oportunidad de quiebre en la tercera manga que prácticamente hubiese sentenciado la final en favor de su enorme adversario, Daniil Medvedev.

Rafael Nadal celebra su victoria en la final de individuales masculinos contra el ruso Daniil Medvedev, para conseguir su 21º título de Grand Slam en el torneo de tenis del Australian Open en Melbourne Park, en Melbourne, Australia, el 30 de enero de 2022. (EFE)

Porque sí, el triunfo de Nadal no solo fue una lucha interna contra los demonios físicos que le atormentaron en los meses previos al abierto australiano, sino contra un tenista magnífico, un rival ejemplar. Daniil no solo dominó e impuso condiciones en los dos primeros sets, también mostró una superioridad pasmosa y dejó claro que tiene por delante una brillante carrera si su cabeza y físico se lo permiten.

Lo del ruso fue notable no solo con viento a favor, sino con la marea en contra, porque una vez Nadal superó esa triple oportunidad de quiebra, se le vino un tsunami encima. Pocos deportistas tienen la capacidad de volver como el español y el ruso estuvo más que a la altura. En el quinto y último set, Daniil estuvo a nada de llevarse el partido, llevando al límite al español en su saque y sirviendo con el cotejo 5-5. Centímetros le faltaron para aguantar su servicio y obligar a Rafael a servir para mandar el Tie Break. Fue una batalla histórica.

Acá es donde hay que hablar del público. Porque se llevaron la mala nota del desenlace. El apoyo a Nadal, así como ha sucedido con Federer, es normal y lógico; son héroes para los aficionados del tenis y se ganaron a pulso el apoyo, pero lo que no es correcto es el desprecio al rival; y al ruso el público lo trató como un villano durante buena parte del torneo. Abucheos, celebraciones de errores no forzados y un clima hostil incluso en declaraciones tras grandes exhibiciones tenísticas. Un trato innecesario e irrespetuoso.

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Este campo es un campo de validación y debe quedar sin cambios.

Solo hace falta escuchar las palabras de Medvedev en conferencia de prensa para darse cuenta de que no la pasó bien durante el torneo. Es cierto, él tuvo actitudes reprochables, pero ¿quién no se ha equivocado alguna vez? Tenemos que quitarnos el chip de que el atleta es un robot perfecto que debe no solo rendir deportivamente, sino mostrarse impoluto para que esta sociedad, vigilante del error, no ataque sin compasión.

Los que decidieron alebrestarse contra Medvedev deberían tomar ejemplo de la camaradería de Djokovic y Federer. El tenis no es fútbol o básquet, donde el público juega un papel determinante, la mayoría de los tenistas no están acostumbradas a situaciones como las que vivió Medvedev ayer ante Nadal. No todos son ni tienen la cabeza de Novak Djokovic, quien para tener una carrera exitosa tuvo que crear una coraza para aguantar la adversidad del público.

Daniil Medvedev de Rusia juega un tiro durante la final de individuales masculinos contra Rafael Nadal de España durante la final de individuales masculinos contra Daniil Medvedev de Rusia en el torneo de tenis del Grand Slam de Australia en Melbourne Park en Melbourne, Australia, 30 de enero de 2022. (EFE)

Por supuesto, hablar de esto no desmerita la hazaña de Nadal, quien ciertamente se lleva un torneo que será recordado no solo por su título, sino también por el caso Djokovic y su injusta expulsión de Australia, cuyo asterisco seguirá contribuyendo al eterno debate sobre quien es el GOAT del deporte individual por excelencia.



Hoy los números pertenecen al español, pero, así como pedí en las primeras líneas, no nos convirtamos en militantes tercos de las estadísticas. El deporte se puede medir en números, pero se valora cientos de imponderables más que, objetivamente, tienen mayor importancia. Mérito, talento, técnica, cabeza o la trascendencia, el debate sobre el GOAT no puede reducirse a números. Nadal, Federer y Djokovic merecen más que eso.

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