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Newt Gingrich

El firme aviso de Newt Gingrich a la izquierda: el despertar de una nueva conciencia

Como le gusta decir a Thomas Sowell, políticamente estas son coyunturas que ponen las virtudes a prueba, sobre todo para aquellos que todavía tienen alma y que no la han vendido al diablo

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El hecho de que algunos políticos con credencial de estadista estén preocupados por el futuro de Estados Unidos, no puede entenderse únicamente como una opinión personal, también hay que considerarla como una valoración que nos concierne a todos.

Newt Gingrich, expresidente de la Cámara de Representantes y uno de los hombres que ha marcado la política americana en las últimas décadas, ha advertido que últimamente los sectores de izquierda se han encargado de generar sin razón un debate político sobre un supuesto conflicto interno en el Partido Republicano que no existe.

En un artículo publicado recientemente en Fox News, Gingrich reconoce que “nada los haría más felices que ver a los republicanos desgarrándose entre sí en una pelea por el presidente Trump y el futuro del Partido”.

Los mismos políticos y medios progresistas que nos recuerdan constantemente que las personas arrestadas bajo el dolor y la ira durante los disturbios violentos por la muerte de Floyd son inocentes hasta que se demuestre lo contrario, no hacen más que demonizar el asedio que llevaron a cabo grupos extremistas al Capitolio, como un pretexto para criminalizar y destruir el movimiento conservador en Estados Unidos.

Hay que entender hasta qué punto es fraudulenta esta campaña de los círculos progresistas que “honran” la estrategia subversiva de grupos terroristas como “Black Lives Matter” (BLM) y que han utilizado en los últimos cuatro años todo tipo de artimañas inconstitucionales fuera de los cauces reglamentarios para derribar a su adversario político –impeachment, dossier de inteligencia amañados y espionaje de Estado al servicio de una agenda política- y ahora intentan meternos por los ojos un nuevo juicio político para “salvar a la patria” y evitar el advenimiento de una nueva guerra civil americana.

Para respaldar sus argumentaciones, Gingrich cita una encuesta realizada por McLaughlin & Associates en 17 estados indecisos, en la que un 60 % de los entrevistados considera que esta venganza política de Nancy Pelosi y la élite del Partido Demócrata es una “pérdida de tiempo”, mientras que el 65 % señala que con este tipo de clima de crispación política que empieza a calar en la sociedad los demócratas están “empeorando las cosas y mantienen al país dividido”.

Nada es más fácil para una agencia encuestadora al servicio de intereses partidistas que ofrecer informaciones sesgadas que nada tienen que ver con la realidad. Eso mismo es lo que han estado haciendo durante todo ese tiempo grandes medios de comunicaciones como CNN, NBC o The New York Times que han ofrecido el barómetro de sus informes, contaminados por prejuicios políticos y metodologías inestables, para favorecer los intereses de la izquierda.

En verdad las encuestas en manos de estos medios se han convertido en una caricatura de la línea editorial del Partido Demócrata, en una ofensa para la demoscopia electoral, y en un veneno peligroso contra la democracia. Dicho de otra manera, los propios medios al servicio de la izquierda contribuyeron a crear una peligrosa tendencia, a través de la cual las personas ofrecían respuestas falsas para evitar ser estigmatizada.

74 millones: la cifra que aterra a los demócratas

Sin embargo, en el sondeo de McLaughlin & Associates, al menos tres cuartas partes de los encuestados en Arizona, Colorado, Florida, Georgia, Iowa, Maine, Michigan, Minnesota, Nevada, New Hampshire, Nuevo México, Carolina del Norte, Ohio, Pensilvania, Texas, Virginia y Wisconsin, estimaron que los esfuerzos demócratas para tratar de destituir al presidente Trump antes de que dejara su cargo, tenían un trasfondo político para tratar de evitar que volviera a postularse.

Newt Gingrich se muestra convencido en su artículo que esta campaña delirante de la izquierda, distanciada de la ciudadanía, tiene como propósito romper los consensos que han acompañado el éxito de las instituciones democráticas en Estado Unidos.

“A pesar de los constantes ataques de los medios de comunicación de izquierda de las últimas dos semanas, alrededor del 48 % de todos los votantes encuestados dijeron que era menos probable que apoyaran a un miembro del Congreso que votó para acusar al presidente”, sentenció Gingrich.

Pero la maquinaria de poder que se esconde detrás de Biden-Harris sigue avanzando como una epidemia en la apropiación indebida de todo espacio público y de cualquier resquicio de libertad. Y el fantasma de Trump se ha convertido en su coartada predilecta para desmantelar el andamiaje constitucional.

Ante la deriva de los acontecimientos, Gingrich ha lanzado el siguiente mensaje refiriéndose a los votantes que no se sienten representados por el populismo progresista: la izquierda “está a punto de descubrir cuán poderosos pueden ser más de 74 millones de americanos”.

Para quien fuera aspirante en 2012 a la presidencia de Estados Unidos, la alarmante caída en los precios de las acciones de Twitter y Facebook “son advertencias tempranas de que las empresas arrogantes que piensan que pueden intimidar al pueblo estadounidense pueden estar corriendo grandes riesgos financieros”.

El político republicano puso voz a las incertidumbres que existen en el mundo empresarial y sociopolítico sobre la postura totalitaria de Sillicon Valley, a favor del pensamiento de izquierda. “Si surgen redes sociales conservadoras, paralizarán financieramente a los gigantes de internet aparentemente invulnerables, les costará mucho dinero a sus fundadores y conducirán aún más a los Estados Unidos a una sociedad tribalizada en la que las redes sociales se encargarán de definir mejor quién eres”.

Al margen de estos ejercicios inconstitucionales que suenan a cloaca política, las cosas no deberían resolverse de este modo que utiliza la izquierda para controlar arbitrariamente el poder. Estados Unidos no es todavía una república bananera, pese a que éste sea el modelo que algunos políticos quieren favorecer en nombre de la “unidad” o la “justicia social“.

Gingrich no tiene ninguna duda que el impresionante número de americanos que votaron por el presidente Trump, a pesar de cuatro años de difamación y odio por parte de la izquierda, adopten las herramientas culturales y sociales que una “tiranía de matones de izquierda” ha utilizado para someterlos.

Desde que un grupo de políticos y activistas de izquierda promovieran todo tipo de boicot contra ideas, personas, proyectos o empresas que apoyaran a Trump, el auge de la cultura de la cancelación y de la intolerancia hacia los puntos de vista contrarios se entronizó de manera oficial en la sociedad americana.

Newt Gingrich, BLM, Violencia, Valores, Trump, El American
(Flickr)

Gingrich advierte también a las empresas que llevan tiempo prestándose a la intolerancia de los progresistas, para que no se quejen de lo mal que les podría tratar en un futuro los ciudadanos del resto de Estados Unidos, cuando actúen en defensa de la consagración constitucional del principio de libertad de competencia.

En su opinión, “cuando Marriott anunció que interrumpiría las donaciones a los republicanos pro-Trump, creó el riesgo de que 74 millones de estadounidenses decidieran quedarse en otros hoteles y moteles. Cuando Nike continúa utilizando mano de obra esclava cortesía de la dictadura comunista china, corre el riesgo de que millones de estadounidenses busquen un zapato alternativo”.

El que fuera elegido “Personalidad del año” en 1995 por la revista Times también ha criticado la política sectaria de plataformas digitales como Google, Amazon y Apple que, al confabularse para imponer censuras ideológicas a sus aplicaciones, podrían estar cavando su tumba ante la competencia.

Republicanos: virtudes a prueba

Newt Gingrich nunca ha sido partidario de entregar el orden constitucional al Partido Demócrata, un plan que los Clinton, Obama, Pelosi y ahora Biden-Harris tratarán de materializarlo cada día con su relativa ventaja bicameral y con el apoyo del poder mediático.

Por eso, el expresidente de la Cámara de Representantes advierte del golpe de Estado encubierto que se prepara desde la sombra: “Cualquier tensión dentro del Partido Republicano será rápidamente utilizada por los demócratas de izquierda para intimidar, aislar, intimidar y, si es necesario, encarcelar a los estadounidenses que se niegan a aceptar su reinterpretación ideológica de Estados Unidos.

¿Tendrá agallas suficientes el Partido Republicano para enfrentarse a las maniobras intervencionistas de los demócratas en el Congreso y en el Senado?

La respuesta a esa pregunta tiene consecuencias no solo para la defensa y el equilibrio de las instituciones democráticas y el Estado de derecho, sino para la sociedad civil en su conjunto.

Coincidiendo con Gingrich -mal que le pese a los estrategas de la izquierda- los republicanos del Senado son una minoría fusionada mientras que los senadores demócratas en el Senado son una mayoría dividida, con oportunistas listos para apuñalar por la espalda a sus colegas con muchos años en el cargo, en nombre de una cruzada ideológica que se mueve en la sombra del Partido.

Como le gusta decir a Thomas Sowell, políticamente estas son coyunturas que ponen las virtudes a prueba, sobre todo para aquellos que todavía tienen alma y que no la han vendido al diablo.

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