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¿Está Beijing comprando a buena parte de la élite de los negocios y la política de América?

La mayor diferencia entre el Beijing de hoy y el Moscú de la Guerra Fría es que el totalitarismo chino actual incluye en su lucha al comercio y los negocios

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El historiador Flavio Josefo, que combatió a Roma en la primera guerra judía hasta rendirse en el año 67, para ser luego asesor de los emperadores Vespasiano y Tito, y el apóstol Pablo, máximo difusor temprano del cristianismo en el mundo greco-romano, fueron ciudadanos romanos porque romanizar a las élites foráneas era una efectiva política imperial.

Por la captura de élites foráneas, especialmente del tercer mundo, compitieron ferozmente los Estados Unidos de América (USA) y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en la primera guerra fría. Pero la mayor diferencia entre el Beijing de hoy y el Moscú de entonces es que el totalitarismo chino actual incluye en su lucha por la hegemonía global al comercio y los negocios en formas que el poder soviético no podía ni imaginar.

Beijing no oculta sus esfuerzos para capturar las élites en todo el mundo. Y para lograrlo apuesta por la corrupción, los privilegios y el “capitalismo” de compadres. Pero su más ambicioso objetivo es capturar las élites de los propios Estados Unidos. Y lo está logrando. Como revela el libro de Peter Schweizer “Red Handed: How American Élites are Helping China Win“, Beijing ya pudo cooptar a factores clave de las élites de la academia, altas finanzas, entretenimiento, tecnología y política de los Estados Unidos.

Schweizer investigó a fondo desde declaraciones y actividades públicas hasta conexiones de negocios con China de algunas de las personas y organizaciones más influyentes de los Estados Unidos. En Silicon Valley investigó a empresarios tecnológicos como Bill Gates, Mark Zuckerberg y Tim Cook. En Wall Street a inversores como Ray Dalio de Bridgewater, la mayor corporación de inversión en fondos apalancados del mundo. En la academia profundizó las conexiones con China de universidades de élite como Harvard y Yale. En la política reveló las  relaciones de negocios con China de las familias Bush, Pelosi y Biden en Estados Unidos y de la familia Trudeau en Canadá.

Una inversión segura para el Partido Comunista Chino, su aparato de inteligencia y las corporaciones “privadas” a su servicio, es ofrecer a las élites foráneas lo mismo que el partido ofrece a las nuevas élites chinas, dinero y privilegios, pero de forma que los intereses de esas élites dependan de los de la cúpula del poder totalitario de Beijing.

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A Chinese national flag flies at the Beijing’s Embassy in in Canberra, Australia, 30 November 2020

Aunque Schweizer señala cómo Beijing ha cooptado entre las élites a personas e instituciones de forma similar y relativamente abierta en todo el mundo, lo que revela realmente su libro es que algunas de las personas y organizaciones más influyentes de los Estados Unidos tienen importantes intereses de negocios en China y tales compromisos habrían jugado un papel en permitir a Beijing:

  • Financiarse en los mercados de capital estadounidenses.
  • Aprovechar tecnología militar y de vigilancia estadounidense.
  • Influir en la formulación de políticas estadounidenses.

Por eso es preocupante que tras invertir en la expansión de su gran fabrica de autos Tesla en Shanghái, Elon Musk abriera un polémico salón de exhibición de tesla en XinJiang, región en la que  una investigación de la BBC reveló que Beijing estaba esclavizando mediante trabajados forzados en campos de algodón a cientos de miles de personas de minorías perseguidas, principalmente a víctimas del genocidio Uigur.

Que Apple, que con una capitalización de mercado de $2.252 miles de millones de dólares en abril de 2021 fue la mayor empresa del mundo ese año, fabrique total o parcialmente en China todos sus productos y venda cada vez más en China. Con el iPhone, por ejemplo, Apple vendió al cierre del 2021 poco más del 23% de los teléfonos inteligentes comprados en China.



Y que, aunque en 1991 Nancy Pelosi desplegase ante la prensa internacional una pancarta por los mártires de la democracia en la plaza Tiananmen, años después su esposo Paul comenzó a ganar millones como socio inversionista de una empresa pionera en el mercado de inversión chino, Matthews International Capital Management, y en los últimos dos años ella bloquease toda investigación en la Cámara de representantes sobre una posible falla de seguridad en un laboratorio de Wuhan como origen del Covid-19.

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