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Joe Biden, el presidente inexistente

Biden, el presidente inexistente. Imagen: EFE/EPA/ATEF SAFADI

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Necesitamos hablar acerca de Joe Biden. El presidente de los Estados Unidos simplemente no está a la altura de las circunstancias y sus constantes pifias son mucho más que una mera cadena de coincidencias. Son la señal de una persona completamente superada por el peso de la edad y de las presiones de un cargo para el que simplemente no está preparado.

Los ejemplos se multiplican hasta el punto de volverse más tristes que divertidos, incluyendo al menos dos casos (en abril y en julio del 2022), en que Joe Biden terminó sendos discursos y luego procedió a “darle la mano” al aire, visiblemente confundido. Peor aún, el 8 de julio, mientras leía desde el teleprónter un mensaje sobre el aborto, Biden dijo literalmente “repite la línea”, en lugar de repetir la línea anterior del discurso, como lo pretendía el texto.

Ahora bien, leer de un teleprónter no tiene nada de anormal. La gran mayoría de los políticos lo utilizan; pero normalmente sí saben usarlo y distinguen entre el texto que deben recitar y las indicaciones que lo acompañan. Que alguien con la experiencia de Biden cometa un error de novato como confundir la indicación “repite la línea” con el texto de su mensaje es, simplemente, ridículo.

No son solo las pifias verbales, sino también su cada vez más aparente necesidad de ser conducido incluso para los aspectos más básicos de su trabajo, como quedó casi trágicamente revelado el 23 de junio, cuando el propio Biden mostró por un descuido la tarjeta que le prepararon sus asesores, que le aclaraba, en mayúsculas, que él debía sentarse en SU silla.

Solo imagine usted, estimado lector ¿Qué tuvo que haber pasado para que sus asesores sientan la necesidad de no sólo anotarle que se siente en su silla y no en la de alguien más, sino también ponerlo en mayúscula?

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Este campo es un campo de validación y debe quedar sin cambios.

Y se pone peor. A la fragilidad personal y política de Biden, hay que añadir el caso de su hijo Hunter, cuyas adicciones y obsesión por grabarse en situaciones incómodas se han convertido en un escándalo constante, a pesar de los esfuerzos para ocultar el caso. En un primer momento, Twitter y Facebook llegaron al extremo de impedir que las revelaciones sobre Hunter se mencionaran en redes sociales. Sin embargo, conforme la evidencia se acumula, hasta los menos informados se enteran, y cada nueva revelación es otro golpe a la legitimidad personal.

El resultado de esta combinación de factores es que, a pesar de la supuesta mayoría histórica que lo llevó a la presidencia de los Estados Unidos apenas hace un par de años, Joe Biden ya se ha convertido en el presidente estadounidense más débil de los últimos 50 años, a nivel del infame gobierno de Jimmy Carter.

Biden, inexistente

¿Qué tan grave es la situación? Bueno, pues incluso en la Casa Blanca, su propio equipo lo ignora. Eso quedó dolorosamente claro durante la visita que hizo Barack Obama el 5 de abril. Al término del evento, los asistentes rodearon a Obama, mientras que Joe fue casi completamente ignorado por su propia Administración. De plano, parecía que estábamos de regreso entre 2009 y 2017, cuando Barack era el presidente y Biden era una molestia.

Fuera de la Casa Blanca, la situación no mejora. El pueblo americano está rechazando a Biden en niveles históricos, y la tendencia se vuelve particularmente preocupante para su partido en el caso del voto latino. Los hispanos, que durante el gobierno de Obama parecían alinearse cada vez más hacia el lado demócrata, están volteando a ver al Partido Republicano en niveles récord. Ciertamente, la absurda agenda woke de los demócratas tiene mucho que ver con el alejamiento de los latinos, pero, en todo caso, el fracaso de la Administración Biden es un factor relevante.

Una vez más. ¿Qué tan grave es la situación? Bueno, pues una reciente encuesta de The New York Times y el Sienna College Research Institute señala apenas un 29 % de los demócratas quieren que Biden compita por la reelección en el año 2024. Entre la población en general, el porcentaje es todavía más bajo, ya que solo un 26 % lo quiere de candidato. Es decir: 3 de cada 4 americanos no quieren reelecto a Biden. Es más, no lo quieren ni en la boleta.

Sí, así de grave. Y va a empeorar. Por lo pronto, el partido Demócrata ya se prepara para recibir una derrota histórica en las elecciones intermedias del 2022, que podrían dejar tanto a la Cámara de Representantes como el Senado firmemente en manos republicanas. En los hechos, ese resultado convertiría a Joe en un lame-duck, incapaz de impulsar su agenda, incapaz de rescatar el legado de su administración, e incapaz (en muchas ocasiones) de saber en dónde está, mientras que las pifias se acumulan, el respeto se desvanece, y Biden se vuelve, cada vez más, el presidente inexistente.

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