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Humillación internacional, El American

Joe Biden ante otra inminente humillación internacional

La suerte está echada para Ucrania. Es solo cuestión de días para que las tropas rusas procedan a violar el territorio ucraniano

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Apenas durante el verano del año pasado, se completó la catastrófica retirada total de las tropas de americanas de Afganistán, como consecuencia de la recaptura del poder de dicho país por parte del grupo terrorista islámico talibán. Dicho proceso marcó la primera gran crisis internacional del actual mandatario Joe Biden, pero a su vez, constituyó una dolorosa e histórica humillación internacional de la poderosa nación americana y, lo que es peor: “autoinfligida”.

Decimos “autoinfligida”, pues, fue una operación ejecutada casi sin mayor planificación, atropellada y en contra de la voluntad de sus asesores tanto del Pentágono como de Seguridad, pero obstinadamente el presidente Biden insistió en la retirada total de las tropas antes de fin de 2021. Tras la rápida caída del Gobierno de Ghani, el colapso total del país fue en días, lo que terminó reduciendo a las fuerzas americanas al perímetro del Aeropuerto Internacional de Kabul. El grado de desorden y descontrol fue tal, que hasta dos atentados tuvieron lugar en dicho aeropuerto, con pérdidas tanto de civiles como de militares.

Infelizmente, esto no ha sido suficiente para el presidente Biden cuyo gobierno hasta ahora ha sido marcado por sus múltiples errores, desaciertos y derrotas tanto internas como externas. Justamente, el año pasado terminó con otra severa crisis, esta vez, con epicentro en Europa del Este, concretamente con el caso de Ucrania y su prolongada y tensa convivencia con su vecino poderoso: el gran oso ruso y cuya tensión se reavivó luego que el presidente de Ucrania Vladimir Zelensky aceleró su proyecto de unirse a la OTAN.

Por esta iniciativa, el propio mandatario americano recibió en la Casa Blanca a su homólogo ucraniano el pasado 1 de septiembre, y más tarde, ya con bastante tensión la situación entre Ucrania y Rusia, el presidente ruso accedió a una reunión de manera virtual con Biden el pasado 7 de diciembre. 

El encuentro tuvo como eje central la crisis con Ucrania. El gobierno ruso ha sido enfático: no acepta ni permitirá el ingreso de Ucrania a la alianza militar liderada por USA.

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Desde allí en adelante, la tensión ha escalado monumentalmente como una gran bola de nieve que va cayendo y pronto terminará convirtiéndose en una mortal avalancha, que no solo caerá sobre Ucrania, sino nuevamente en la administración  Biden-Harris quien no encontró fórmulas para contener a Rusia.

Esta nueva humillación tendrá lugar debido a la pésima conducción del demócrata en materia de política exterior y concretamente, en la gestión de la actual crisis que en este momento alcanzó dimensiones Ucrania – Rusia – OTAN. 

La evidencia de nuestra afirmación, la encontramos en la declaración de Biden el pasado miércoles 19 de enero dijo en la Casa Blanca: “Y depende de lo que haga [Rusia sobre Ucrania]. Es una cosa, si es una incursión menor y terminamos teniendo una pelea sobre qué hacer o no hacer”.



En crudo, Biden envió en mensaje de enorme debilidad de USA, amén que tácitamente le dio luz verde al gobierno de Putin para que efectivamente invada Ucrania nuevamente, pues, a juzgar por las palabras del propio Biden, todo dependería del alcance de la invasión de Rusia. 

Adicionalmente, el jefe de la Casa Blanca dio esta nefasta declaración cuando su propio secretario de Estado Anthony Blinken se encontraba viajando para reunirse con sus homólogos europeos en Berlín a los efectos de analizar la crisis y luego seguiría a Ginebra para sostener un encuentro con el veterano canciller ruso Sergei Lavrov.

Por supuesto que Biden con  esa torpe declaración, virtualmente anuló cualquier capacidad de maniobra en la reunión Blinken-Lavrov, pues, implícitamente se trató de la admisión del gobierno americano de la invasión a Ucrania por parte de Rusia, solo colocando en el foco la dimensión de los territorios a ser ocupados durante la invasión. Sobre la base de ello, USA juntamente con sus socios europeos aplicarían las sanciones sobre Rusia.

Como era de esperarse, Lavrov superó ampliamente al visiblemente disminuido Blinken en Ginebra, pues, Rusia le terminó exigiendo por escrito una respuesta del gobierno de Washington sobre sus exigencias y para lo cual, le dio plazo de una semana. La respuesta tuvo lugar, el propio embajador de USA ante la Federación Rusa, John Sullivan consignó dicho documento en manos del canciller ruso. La respuesta del Kremlin fue clara y enfática: “Rusia no se quedará de manos cruzadas”, es decir, USA negó las peticiones del gobierno ruso en los puntos más divergentes.


En consecuencia, la suerte está echada para Ucrania. Es solo cuestión de días para que las tropas rusas procedan a violar el territorio ucraniano y lo ocupe. Ahora lo que está en juego es: ¿cuándo exactamente va a ocurrir la ocupación y hasta dónde se extenderá?

En cuanto a la primera pregunta, debo señalar que muy probablemente las tropas rusas están esperando unas condiciones climáticas un tanto más benignas para poder realizar la operación militar. Tal vez, tendrá lugar durante la primera quincena de febrero. En cuanto al segundo interrogante, la tesis de una invasión masiva y total del territorio ucraniano, personalmente la descarto, no por la capacidad militar rusa, sino por lo complejo y el elevado costo que implica una operación de dicha naturaleza. Me inclino más bien a considerar que se tratará de una intervención quirúrgica y progresiva, es decir, iniciará por los territorios ubicados hacia el sureste, que coincide con las zonas de los movimientos separatistas (todos ellos abiertamente prorusos) en Donetsk y Luhansk, y lo suficientemente contundente para derribar al gobierno nacionalista de Zelensky.

La operación le permitirá al Kremlin instaurar un nuevo Gobierno en Kiev de carácter proruso, al estilo de Lokashenko de Bielorrusia, lo suficientemente confiable y cercano a Putin para que entierre definitivamente en el olvido todo proyecto ucraniano de involucrarse o pretender formar parte de organizaciones occidentales, que desde la perspectiva de Rusia, constituyen serias amenazas a su seguridad, materializando así una gran victoria de Rusia sobre el humillado y derrotado presidente Joe Biden.

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