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reconstruir un mundo mejor, El American

Lo de Biden no es “reconstruir un mundo mejor” sino construir un cártel fiscal global

Los líderes del “mundo libre” lo único que realmente acordaron fue limitar la libertad de sus propios ciudadanos a través de cada vez mayores regulaciones

En la cuadragésima séptima cumbre del G7 realizada entre el 11 y el 13 de junio, lo que todavía tiene algún sentido denominar el “mundo libre” se embarcó en la agenda de “reconstruir un mundo mejor” impulsada por la primera administración abiertamente socialista “democrática” de la historia de los Estados Unidos.

Obviamente la administración Biden-Harris debía asumir de alguna forma los retos de política externa de la primera potencia de Occidente y nadie esperaba que mantuviera la doctrina y estrategia externas razonablemente exitosas de la administración Trump. Doctrina y estrategia exterior cuyo éxito negó, ocultó y desestimó la sesgada gran prensa izquierdista de nuestros tiempos mediante una intensa desinformación y propaganda incesante. Misma que ahora inventará éxitos en donde no los habrá y ocultará o minimizará los inevitables fracasos de la política exterior de la administración Biden-Harris. 

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“Lo que acordaron concretamente es un impuesto mínimo global a grandes corporaciones. Pero es solo el primer paso hacia algo mucho más ambicioso”. (EFE)

Una política exterior woke

El G7 fue desde sus inicios el gran foro político de una agenda internacional razonablemente común entre las mayores potencias de Occidente y sigue siendo el gran foro del occidente democrático con lo que de libre mercado en nuestros tiempos resta. Claro que es la política internacional de los Estados Unidos —una de dos superpotencias y la única democrática— la que define el marco común de cooperación internacional del G7. El resto de potencias democráticas influirán y negociarán sus propias agendas, intereses y orientación ideológica del momento, unas sobre otras y en lo posible sobre Washington, pero con mayor o menor afinidad se adaptarán por realismo político a lo que la primera potencia impulse. 

Lo que la primera potencia impulsa hoy es un desastre económico anticompetitivo rodeado de filo-totalitaria ideología woke e hipócrita retórica vacía. El lema “América ha vuelto” de Biden es francamente orwelliano porque Washington bajo Biden impulsa una política internacional radicalmente contraria a todo lo que América representa como nación, desde la tradición de sus Padres Fundadores hasta la dura experiencia de confrontar por décadas a una superpotencia totalitaria expansiva como la URRS, en la primera Guerra Fria. 

Hoy América nuevamente confronta con una superpotencia totalitaria expansiva en una segunda guerra fría dramáticamente distinta y distante de la anterior. Y lo primero a destacar es que la actual administración se niega a darse por enterada del asunto en su discurso, pero se ve obligada —contra su voluntad— a asumirlo de alguna manera en los hechos. Biden simplemente se resistirá a admitir esa dura realidad y responder integralmente al desafío estratégico global del totalitarismo de Beijing.

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Este campo es un campo de validación y debe quedar sin cambios.

La mayor ironía de la cumbre es que temas como la dogmática inconsistente que prevalece hoy en cuanto a la cuestión del cambio climático y la no menos dogmática e inconsistente serie de políticas prevalecientes durante la coyuntura del Covid-19 ocuparan mucho espacio en la cumbre sin que se llegase a nada concreto. 

Tampoco era de esperar que admitieran que han destruido economías y vidas con políticas que ha sido un fracaso miserable en materia ecológica, sanitaria y económica, pero que fortalecieron el poder de los Estados y las clases políticas limitando las libertades y favoreciendo el contubernio de la gran prensa dedicada al agitprop y la desinformación abierta, con un liderazgo político del “mundo libre” empeñado en adoptar, por convicción u oportunismo, el neomarxismo de moda.

Hacia un cártel fiscal global

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“En el G7 lo que todavía tiene algún sentido denominar el “mundo libre” se embarcó en la agenda de “reconstruir un mundo mejor” impulsada por la primera administración abiertamente socialista “democrática” de la historia de los Estados Unidos”. (EFE)

La nueva agenda común tiene dos ejes de política real y mucha retórica vacía. Y las dos cosas que en verdad impulsarán son la peores posibles para el futuro del mundo libre, especialmente para su periferia de naciones subdesarrolladas, porque Biden miente hipócritamente cuando afirma apuntar a que esas naciones alcancen el desarrollo y la prosperidad en libertad, ya que su cártel fiscal, regulatorio e ideológico global apunta claramente a mantenerlas en la pobreza. 

En los dos puntos en que veremos acciones reales son en la imposición de la ideología woke —hasta donde sea posible— al tercer mundo y la creación de un poderoso cártel fiscal anticompetitivo que garantice los esfuerzos de los gobiernos de Occidente por exprimir al máximo sus economías, evitando la competencia fiscal al forzar altos impuestos en todo el mundo. Algo de lo que el otro bloque sacará ventaja en una Guerra Fría que tiene mucho más de económica y comercial que la anterior.

Lo que acordaron concretamente es un impuesto mínimo global a grandes corporaciones. Pero es solo el primer paso hacia algo mucho más ambicioso. Un pésimo giro, porque hasta Washington había resistido las presiones de las cada vez menos competitivas economías de la Unión Europea contra la competencia fiscal y regulatoria. Que Washington ahora lidere un gran cártel fiscal global completamente contrario a los intereses de su propia economía es una insensatez que tendrá consecuencias trágicas. 

Competencia fiscal y regulatoria

Las excusas son las que siempre acompañaron a los incrementos de impuestos, se apela a la envidia y el resentimiento con desinformación y se apunta a grandes corporaciones que no tienen el menor problema en aceptar —e incluso apoyar— un cártel global de altos impuestos que les proteja  de la competencia emergente en sus nichos de mercado. Algo que sin la menor duda les garantizarán esos acuerdos. 

Lo que buscan Biden y el resto de los líderes de las economías más importantes de Occidente es exprimir más dinero de sus economías, con criminal indiferencia por los enormes costos administrativos, crecientes ineficiencias y amplio daño económico que ocasionarán. Se trata única y exclusivamente de más impuestos para los ciudadanos y las empresas, y afectará directa e indirectamente mucho más a los pobres, a las clases medias y a las empresas emergentes que a los grandes negocios contra los que finge dirigirse. 

Los líderes del “mundo libre” lo único que realmente acordaron fue limitar la libertad de sus propios ciudadanos a través de cada vez mayores regulaciones y, además, coordinaron esfuerzos para imponer a los gobiernos del resto del mundo la misma agenda fiscal, reguladora e ideológica.

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