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Biden no gobierna para todo el país, pero sí refleja el espíritu de su élite

Biden es el espíritu de la élite americana osificada que desprecia al trabajador, que le estorba el patriotismo y que le escupe en la cara a We, the People

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Si les dijera que Biden ha existido incontables veces en el pasado, ¿creerían que estoy loco… o muy loco? Pues, más allá de lo fundida que puedan pensar que está mi cabeza, no es tan descabellado lo que les digo. Les explico.

La teoría cíclica de los tiempos y las cosas no es ni nueva, ni nietzscheana. Nietzsche hablaba del eterno retorno, sí… pero primero Aristóteles y Polibio que el alemán.

Conocemos por la historia y por teorías como la de modelos políticos comparados de Aristóteles o la Anaciclosis de Polibio que cada sistema político virtuoso, decente, tiene su contraparte viciosa, decadente. Pero antes que ellos, les comento, viene Jenofonte, gran militar y filósofo ateniense.

Jenofonte meditó mucho sobre política económica y la política en general. En Los ingresos públicos lanza una frase magistral respecto al asunto que estamos tratando hoy. «Yo siempre he pensado», dice, «que, según sean los gobernantes, así acaban siendo también las formas de gobierno». Para el ateniense, existe una relación directa entre las obras de los gobernantes y las condiciones de vida que generan en la población.

Un milenio más tarde, el filósofo tradicionalista francés Joseph De Maistre sentencia en Lettres et opuscules inédits: «Cada nación tiene el gobierno que se merece».

En tono crítico al pesimismo contrarrevolucionario, el filósofo venezolano Laureano Vallenilla Lanz explica que «todo pueblo tiene, no el gobierno que se merece, como dicen los empíricos y pesimistas, sino el sistema de gobierno que él mismo produce de acuerdo a su idiosincrasia y grado cultural».

Los tres, sin embargo, estaban inmersos en los choques de sus épocas. Lo que quizás no vieron es que gobiernos y pueblos, ambos responden inexorablemente a los climas que los adecúan. Nuestro mundo está hoy regido por una cultura de negación, el anti-Espíritu, y de él se genera solo negación y destrucción; no es casual, por lo tanto, que Biden haya llegado a la Casa Blanca candidateándose como el «anti-Trump».

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El Capitolio rodeado de una cerca metálica y miles de Guardias Nacionales —que sirven como piscina de cocodrilos—, muestra el estado de la política americana. (Flickr)

Biden no es la encarnación de los deseos de los americanos, sino la expresión histérica de una parte de ellos. Biden no gobierna para todo el país, pero refleja el espíritu de la élite que lo llevó al poder con sus mentiras y sucias tácticas tecnológicas.

En esta elección quedó expuesta la criminalidad de los gigantes tecnológicos y la hipocresía con la que tratan a la gente. Y ello, con que Biden sea el Big Guy de los negocios corruptos con el Partido Comunista chino junto al degenerado de su hijo, expone el espíritu de la clase política permanente que en realidad gobierna USA.

Pero en un grado más estético, es el Capitolio rodeado de una cerca metálica y miles de Guardias Nacionales —que sirven como piscina de cocodrilos—, lo que muestra el estado de la política americana.

El espíritu de Nerón gobierna el Capitolio azul desde el cual Pelosi, AOC, Schumer y Kamala tocan sus liras plurisexuales, ecorraciales —y demás trabalenguas— mientras el trabajador americano se ahoga en la quiebra. Pero cuando este se molesta, entonces sí el Apocalipsis. Extraño.

El cansancio de los americanos es producto de las mentiras y la traición que le han lanzado en la cara por décadas.

Entonces, ¿por qué la jaula? Pues, porque el miedo vive en este gobierno y ha sido la sorpresa de esta élite permanente. El poder lo empuñan, pero cuando no les ponen la otra mejilla, se vuelven bebés asustados. ¡Es surreal! Dios está jugando al stand up que desearía Dave Chappelle para su próximo especial de Netflix.

Biden sufre lo peor que un gobernante puede sufrir: que no gobierne en realidad. Dice que gobierna, pero son las grandes empresas y la élite demócrata la que lo hace. Y es triste. Un oligarca que hace lo que sea para ser aprobado mientras dice que el pueblo lo apoya, una «Casa de la Gente» con todo menos gente y una nación quebrada excepto sus corporaciones, componen una imagen triste de la República.

¿Será el Gobierno de Biden de acuerdo a su carácter? ¡Sin duda! ¿Lo merecen los americanos? ¡Para nada! ¿Este trágico episodio responde al estado cultural de USA? No al estado cultural del país, sino al del mundo.

Biden es el espíritu de la élite americana osificada que desprecia al trabajador, que le estorba el patriotismo y que le escupe en la cara a We, the People.

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