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Biden traicionó a Israel y Grecia en un torpe intento de apaciguar a Erdoğan

La administración Biden debilitó a Israel, Grecia y Chipre para fortalecer a Turquía mientras aseguraba la capacidad de Moscú para extorsionar a Berlín.

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En otro desatino geopolítico de la administración Biden, el 9 de enero de 2022 Washington retiró su apoyo al gasoducto EastMed. Una decisión coordinada con Turquía, sin consulta previa a Grecia, Chipre e Israel, groseramente notificada a Atenas por correo electrónico mediante un documento “no oficial” del Departamento de Estado que calificaba al EastMed de “fuente principal de tensión” en el mediterráneo oriental y antítesis de los “objetivos climáticos” de Washington.

Washington antes había apoyado, contra la oposición turca, el acuerdo de enero de 2020 entre Israel, Grecia y Chipre para un gasoducto submarino de mil 180 millas a un coste de 6 mil 800 millones de dólares, que se extendería luego por tierra desde Grecia, con apoyo de Bulgaria, Hungría, Macedonia, Rumania y Serbia, para llevar 20 mil millones de metros cúbicos anuales de gasta natural israelí al sureste de Europa, diversificando el suministro para reducir la dependencia de la UE del gas natural ruso.

En julio 2021 la administración de Biden desechó el prolongado consenso bipartidista en el que habían coincidido en el congreso demócratas y republicanos durante las administraciones Obama y Trump para apoyar la posición de ambos presidentes al oponerse al gasoducto Nord Stream 2, que duplicaría el suministro de gas natural ruso a Alemania al transportarlo bajo el Mar Báltico. Con Biden, Washington primero apoyó el Nord Stream 2 y luego se opuso al EastMed.

Amos Hochstein, asesor principal de Seguridad Energética en el Departamento de Estado, atacó el EastMed en un documental transmitido en enero en una televisora estatal turca, afirmando que:

“…es un proyecto que probablemente no debería adelantarse porque es demasiado complicado, demasiado costoso y demasiado tardío en el arco de la historia (…) ¿Por qué construiríamos un oleoducto de combustibles fósiles entre el Mediterráneo Oriental y Europa en un momento en que toda nuestra política es apoyar nuevas tecnologías, desarrollos e  inversiones en energía verde más limpia?”

Es el mismo Hochstein que en 2020 defendía la importancia del gas natural en una transición energética afirmando que:

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“La conversación sobre la transición tiene que pasar de una emocional y orientada a objetivos, a una basada en hechos, información y de base tecnológica. ¿Hacia dónde vamos realmente y cómo lograremos los objetivos? Tomará más tiempo lograr las transiciones que todos esperamos. Realmente creo que el gas natural jugará un papel mucho más importante en la transición”.

El mismo Hochstein que primero se oponía al Nord Stream 2 y luego se sumó al giro de 180 grados de la administración Biden en favor de ese gasoducto que incrementará el consumo de gas natural ruso en la UE, especialmente en Alemania, haciendo a Berlín un débil rehén de cualquier amenaza de corte del suministro de gas por Moscú.

Atribuir la insensatez geoestratégica de abandonar el gasoducto EastMed a los objetivos de energía verde de Washington para Europa es una débil excusa cuando lo afirma la misma administración que paralelamente apoya que desde Rusia se exporte a Europa mucho más gas natural del que llegaría de Israel.

Washington ha dejado en la estacada groseramente a aliados como Israel, Grecia, Chipre y generado desagrado y desconfianza hacia la actual administración en Bulgaria, Hungría, Macedonia, Rumania y Serbia únicamente para “apaciguar” Erdoğan. Ankara, que pretende el papel de poder hegemónico en el mediterráneo oriental, firmó en 2019 un memorándum con Libia para atribuirse jurisdicción sobre 39 mil kilómetros cuadrados de aguas territoriales griegas y exige que si el gas Israelí se exporta a Europa sea única y exclusivamente a través del gasoducto del Trans-Anatolia, pero para permitirlo ya exigió en 2016 a Tel Aviv levantar su bloqueo al dominio terrorista de Hamas en la Franja de Gaza.



La administración Biden debilitó a Israel, Grecia y Chipre para fortalecer a Turquía mientras aseguraba la capacidad de Moscú para extorsionar a Berlín. Ante esa torpe muestra de debilidad de Washington, Ankara redoblará su matonismo en el mediterráneo oriental, estrechará lazos con Moscú y se aproximará a Teherán. Entre tanto, Beijing tomará nota de otra torpeza geopolítica de Biden de la cuál sacar ventaja de una u otra forma.

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