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Netflix destruyó el legado de Marilyn Monroe con “Blonde”: la peor película del año

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Blonde, la película de Netflix sobre la vida de Marilyn Monroe interpretada por Ana de Armas, es la mayor decepción del año, y una de las peores películas que ha hecho la empresa de streaming.

El nuevo Hollywood parece empeñado en destruir a sus iconos —sacrificándolos en el altar del wokeismo— y en destruirse a sí mismo, juzgando su pasado con las lentes del presente.

Si Blonde quería denunciar que el “heteropatriarcado” explotó a Marilyn Monroe, lo que han hecho con esta película es volverla a utilizar y humillarla después de muerta.

Blonde es una película difícil de ver por varias razones. En primer lugar, dura tres horas y es lenta y muy deslavazada, siendo una mera sucesión de escenas inconexas que apenas tienen consistencia entre sí.

La incoherencia no es sólo argumental, sino también visual. Aunque muchas escenas tienen una cinematografía y fotografía preciosas, otras parecen rodadas por un niño pequeño al que le acaban de regalar una GoPro. Va cambiando del blanco y negro al color sin justificación alguna, e incluso la imagen va modificando su proporción de alto y ancho de forma aleatoria y caprichosa.

Su edición es confusa y da la sensación de que cada escena está rodada por directores diferentes que no han hablado entre ellos, y que la única instrucción que han recibido es hacerla parecer lo más artística y pomposa posible.

Esto la convierte en una pieza que parece una película experimental de arte y ensayo con unas ínfulas y pretenciosidad insoportables. Que Blonde haya recibido una ovación de pie de 14 minutos durante el Festival de Venecia sólo se explica porque los críticos allí presentes, totalmente aturdidos y desconcertados por lo que acababan de ver, tuvieran miedo de que por no aplaudir pensaran de ellos que eran unos incultos que no entienden el verdadero arte.

Imagino que aplaudían con tanto nerviosismo como los miembros del partido aplauden a Kim Jong Un, sin saber exactamente cuándo parar aunque les sangren las manos.

Por último, su visionado es muy desagradable porque se centra sólo en lo malo, feo, sórdido y miserable de la vida de Marilyn Monroe, sin dar ni un sólo respiro con el que explicar el lado bueno de su historia y cómo consiguió ser una de las actrices más conocidas, queridas y admiradas de todos los tiempos.

Blonde no es una biografía, aunque pretenda parecerlo

La película está basada en una novela totalmente ficcionalizada sobre la vida de Marilyn Monroe, así que todo lo que vemos en pantalla es producto de la febril imaginación de la escritora de la novela y del director de la película.

Sin embargo, Netflix se ha empeñado en promocionarla como si de una biografía fidedigna se tratara, insistiendo en cómo la actriz Ana de Armas ha recreado al milímetro tanto la apariencia, como algunas de las fotografías y escenas más conocidas de Marilyn Monroe.

Hay que reconocerle a Ana de Armas y al equipo de maquillaje su esfuerzo por mimetizar a Marilyn Monroe, pero la actuación de la actriz cubana tiene problemas insalvables. Consigue calcar su apariencia, pero es incapaz de capturar su esencia, y resulta inevitable darse cuenta en todo momento de que estamos viendo a Ana de Armas hacer un cosplay elaboradísimo de Marilyn.

Tampoco ayuda a darle credibilidad al personaje el hecho de que en muchas ocasiones sea incapaz de esconder su acento cubano, ni que repita la palabra “daddy” cada dos frases.

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Adrien Brody y Ana de Armas. (EFE/EPA de Ettore Ferrari)

Ojalá los diálogos, por otro lado, bastante escasos, fueran lo peor del guion de Blonde. Por momentos parece un escrito de fan fiction, con decisiones impropias de un cineasta profesional.

Si usted cree que una escena con un feto parlante a mitad de la película es lo más bizarro de una producción pretendidamente seria, es porque no ha llegado hasta la escena en los últimos compases donde se muestra una felación en primerísimo plano a John Fitzgerald Kennedy, mientras este ve en la televisión los misiles nucleares rusos irguiéndose, y culmina con platillos volantes explotando.

Evidentemente, Blonde no destaca precisamente por su sutileza y elegancia. Más bien es ridícula y absurda, lo cual tendría gracia si fuera una parodia. Pero resulta patética y bochornosa al recurrir a la sordidez y a la impudicia con el objetivo de convertirla en una película pretendidamente seria y dramática.

No sería de extrañar que Blonde pasase a engrosar la lista de películas que han sido nominadas al Oscar y al Razzie simultáneamente. Habrá quienes se dejen embaucar por su pretenciosidad, o se vean en la obligación de cantar las alabanzas a Netflix por una de sus apuestas más importantes, y que sencillamente no pueden permitir que fracase.

También confío en que sean muchos quienes coincidan en que Blonde no sólo es una película mala de solemnidad, sino que además es un insulto malicioso hacia la malograda Norma Jeane, y hacia el Hollywood de la edad dorada al que Marilyn Monroe hizo brillar.

Ignacio Manuel García Medina, Business Management teacher. Artist and lecturer specialized in Popular Culture for various platforms. Presenter of the program "Pop Libertario" for the Juan de Mariana Institute. Lives in the Canary Islands, Spain // Ignacio M. García Medina es profesor de Gestión de Empresas. Es miembro del Instituto Juan de Mariana y conferenciante especializado en Cultura Popular e ideas de la Libertad.

Social Networks: @ignaciomgm

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