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The body snatchers: 4 películas sobre el comunismo

La saga “The body snatchers” ha sido recurrente en el cine de miedo. Su evolución empuja a pensar que Hollywood ha ido viendo con mejores ojos las ideas socialistas y comunistas

El cine de terror siempre ha reflejado —o ayudado a alimentar— los miedos de cada época. Observando con perspectiva histórica el subgénero predominante en cada década, podemos detectar una evolución en lo que la industria cinematográfica detectaba —o dictaba— sobre lo que quitaba el sueño a la sociedad en cada momento. Si, en general, esto ha sido así en el cine de terror, existe una historia en concreto que se ha ido repitiendo y versionando a lo largo de la historia del género: “The body snatchers” (La invasión de los ladrones de cuerpos).

Esta saga ha sido recurrente en el cine de miedo, pero en cada nueva versión ha ido cambiando su enfoque gradualmente. Esta evolución paulatina nos puede empujar a pensar que Hollywood ha ido viendo con mejores ojos las ideas socialistas y comunistas.

The body snatchers” surgió como una novela de ciencia ficción escrita por Jack Finney en 1955. En ella se cuenta cómo un pequeño pueblo de California, Santa Mira, era invadido por unas semillas procedentes del espacio exterior. Estas semillas infectaban sigilosamente a los humanos y los mataba durante el sueño, creando un clon perfecto que despertaba con su misma apariencia, inteligencia y recuerdos, pero despojado de todo sentimiento, ambición o individualidad, pasando a formar parte de una consciencia colectiva. Cada clon solo vivía durante cinco años, durante los que se dedicaba a infectar a sus confiados familiares, amigos o vecinos en una invasión silenciosa, imparable y que finalmente llevaría a la extinción total de los humanos.

Un año después, en 1956, aparece “Invasion of the body snatchers”, primera versión cinematográfica de esta evidente alegoría del comunismo. Un enemigo exterior que permanece oculto y actúa de noche, entre las sombras, que va corrompiendo las mentes de todos los que te rodean y en quienes confías y, por si quedaba alguna duda, lo hacía en períodos quinquenales.

Dirigida por Don Siegel, famoso por sus colaboraciones con Clint Eastwood y considerado un director de ideas políticas conservadoras, esta primera versión transcurre en un pequeño pueblo, en el que todos sus habitantes se conocen, y cuya paz se ve amenazada por esta invasión extraterrestre que trata de destruir su humanidad, su individualismo y su tradicional estilo de vida americano.

En esta película el enemigo es claramente el comunismo y este es considerado como algo malvado, cruel e implacable; sin ambages de ninguna clase. La película termina bien, cuando el Ejército americano es informado de esta plaga y consiguen frenarla.

El primer remake llega 22 años después, en 1978, con igual título y protagonizada por Donald Sutherland. En esta ocasión, los invasores arriban a San Francisco y aquí se percibe la principal diferencia con su antecesora. No es un pueblo tradicional y con atmósfera conservadora, sino que se trata de una urbe con un estilo de vida y unas leyes muy liberales, donde los ciudadanos ya piensan y actúan de una forma progresista.

De alguna manera, se da a entender que esta invasión no sería tan terrible ni cambiaría tantas cosas. Sí, es una película de terror. Sí, los invasores siguen siendo los malos. Pero deja en el aire la pregunta de si realmente sería algo tan diferente y negativo. Además, al final de la película, parece que la invasión no podrá ser detenida.

En 1993 Abel Ferrara dirige la tercera versión, “Body snatchers“, que esta vez tiene lugar en una base militar. Si en la primera película eran los militares quienes al final del día salvaban al planeta, en esta son los que sirven de ayuda a los extraterrestres para una invasión más organizada y efectiva.

Se utiliza al actor R. Lee Ermey, el odiado instructor de “Full Metal Jacket” (Stanley Kubrick, 1987), como recurso para que el espectador desprecie a los militares. Si en la anterior película se lanzaba la pregunta de si acaso los invasores no eran tan diferentes a una sociedad moderna, en esta se da a entender que los militares americanos son una amenaza equivalente o peor.

Cuando la protagonista se ve obligada a matar a su hermano pequeño infectado, se deja entrever que, tratando de no perder su individualidad, ha terminado perdiendo su humanidad igualmente. El final de la película plantea que hagas lo que hagas, la invasión va a triunfar irremediablemente, entonces, ¿por qué resistirse?

En la última versión, “The Invasion” (2007), protagonizada por Nicole Kidman y Daniel Craig, la distorsión del mensaje se completa hasta cambiar totalmente su sentido original. En esta película los hongos espaciales no matan, sino que dejan al huésped sin sentimientos, eliminando tanto el amor o la felicidad, como el miedo y la agresividad. Se crea una sociedad gris y apática, pero en calma.

Al final, la gente libre consigue frenar la expansión del hongo y, en este caso, los infectados una vez se curan, despiertan sin recuerdos de lo que pasó durante la invasión. Sin embargo, la protagonista sí sabe lo que pasó, y al ver que el periódico vuelve a estar lleno de noticias sobre guerra, violencia y hambre parece echar de menos el mundo que prometían los extraterrestres.

El comunismo según The body snatchers

Si la saga de “The body snatchers” es efectivamente una alegoría del comunismo, en los años cincuenta se veía como algo terrible y contra lo que Occidente debía luchar. En los setenta pasa a mostrarse como algo no tan diferente a lo que brindaba el modo de vida capitalista, equiparando a ambos, con sus cosas buenas y malas. En la película de los noventa se plantea que al tratar de derrotarlo, las sociedades libres se han convertido en algo tan malo o incluso peor. Y en la más reciente, directamente se plantea como algo deseable y que valdría la pena explorar.

El paralelismo con la realidad en cuanto a la evolución del sentir general hacia las ideas comunistas, da más miedo que todas estas películas de terror juntas.

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