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Cabeza de Vaca es un chivo expiatorio. Imagen: EFE/ Mario Guzmán

Cabeza de Vaca es un chivo expiatorio

Cabeza de Vaca es un chivo expiatorio, que AMLO utiliza para emocionar a sus seguidores y amedrentar a la oposición, a 2 semanas de las elecciones

Cabeza de Vaca es un chivo expiatorio, sacrificado por el régimen de López Obrador en un intento de amedrentar a la oposición y enviar una señal de “lucha contra la corrupción”, que emocione y movilice a los votantes oficialistas, a un par de semanas de las elecciones intermedias, donde están en juego la mitad de los estados del país y la Cámara de Diputados.

¿De qué se trata este culebrón?

Andrés Manuel López Obrador ganó la presidencia de México en el 2018 con la promesa de combatir la corrupción gubernamental y castigar a las mafias políticas. Sin embargo, a casi 3 años de haber sido electo, no ha cumplido con esa promesa. Arrestaron a Emilio Lozoya (operador del expresidente Peña Nieto) pero luego lo liberaron tras un turbio acuerdo de colaboración con la fiscalía.

México está a un par de semanas de las elecciones intermedias, y la alianza oficialista está en serios problemas. Hace un año, las encuestas los colocaban con ventaja en 14 de las 15 gubernaturas y una mayoría superior a los dos tercios en la Cámara de Diputados. Ahora lleva ventaja en apenas la mitad de las gubernaturas y obtendría menos de la mitad de las diputaciones, un desastre para el intento obradorista de consolidar un nuevo régimen de partido de estado en México.

El 30 de abril, de manera absolutamente absurda y apresurada, la mayoría oficialista en la Cámara de Diputados aprobó el desafuero del gobernador de Tamaulipas, Francisco García Cabeza de Vaca, acusado de “defraudación fiscal”. Sin embargo, para que sea válido, el desafuero tendría que ser homologado por el congreso de Tamaulipas, que se negó a hacerlo.

Esta semana, de manera flagrantemente ilegal, la Fiscalía General de la República consiguió una orden de aprehensión en contra del gobernador, mientras que los operadores del presidente López Obrador, encabezados por el coordinador de senadores de Morena, Ricardo Monreal, amenazan con desaparecer los poderes en Tamaulipas e imponer un gobernador dócil a los intereses del presidente.

Cabeza de Vaca es un chivo expiatorio

Dicho esto, no me atrevo a afirmar que gobernador de Tamaulipas sea inocente. Por los políticos en general no hay que meter la mano al fuego, y acá menos. Sin embargo, más allá de la eventual inocencia o culpabilidad de García Cabeza de Vaca, es evidente que el Gobierno de López Obrador lo está utilizando como un mero chivo expiatorio (así se le llama en México cuando se inventan cargos o se culpa a alguien para justificar revanchas políticas).

¿Por qué?

Porque en el proceso contra el gobernador de Tamaulipas, el oficialismo ha exhibido el mismo desprecio por la ley y la misma incompetencia caprichosa que los ha llevado a cometer errores garrafales, desde el manejo de la economía y la pandemia, hasta el colapso del metro de la Ciudad de México y el empeoramiento de la inseguridad. Sistemáticamente el régimen actúa privilegiando los intereses políticos por encima de la ley y hasta del sentido común.

En este caso, es evidente la carga política de una supuesta investigación diseñada milimétricamente para intervenir en el proceso electoral y enviar a los líderes opositores el mensaje de que están a merced del régimen, además de permitirle al presidente exhibir ante sus simpatizantes un trofeo en la supuesta lucha contra la corrupción.

Lo verdaderamente grave de este asunto es que conforme avanza el tiempo, el presidente y sus aliados muestran un desprecio cada vez más abierto hacia el estado de derecho, al que consideran un estorbo para la consolidación de su proyecto político. En ese desprecio por la ley se asemejan cada vez más a las prácticas del chavismo venezolano y menos a las socialdemocracias europeas con las que supuestamente se identificaba el obradorismo.

El mensaje para el país es claro: Si ni siquiera un gobernador estatal está a salvo de la furia presidencial, mucho menos lo estará cualquier otro liderazgo ciudadano o político. Ese es el mensaje de fondo que pretende enviar el presidente. No se trata de castigar la corrupción real o imaginaria del gobernador de Tamaulipas, sino de utilizarlo como ejemplo para debilitar a través del miedo al resto de los opositores.

Cabeza de Vaca es un chivo expiatorio del régimen, que está nervioso ante las próximas elecciones. Imagen: EFE/Sáshenka Gutiérrez
Cabeza de Vaca es un chivo expiatorio del régimen, que está nervioso ante las próximas elecciones. Imagen: EFE/Sáshenka Gutiérrez

Irónicamente, Obrador está exhibiendo con tanta claridad su hambre autoritaria porque él mismo tiene mucho miedo

¿Por qué?

Él sabe que su proyecto político depende de una alianza de alimañas, partidos y liderazgos que se unieron a su movimiento por puro interés y que lo abandonaran tan pronto como crean que ya no les puede ser útil. Dicho de otro modo: el obradorismo no está sostenido por lealtades, sino por intereses, y la permanencia de esos intereses depende de que AMLO siga controlando al país.

Si la alianza oficialista gana las elecciones intermedias, el presidente tendría el margen de maniobra para consolidar su proyecto y mantener contentos a los caciques de su alianza, además de definir él mismo el rumbo de la elección presidencial del 2024. Por el contrario, si pierde las intermedias, como parece que las va a perder, todos sus aliados y amigos se convertirán en rivales implacables con quienes tendrá que negociar desde una posición de debilidad.

Por eso Cabeza de Vaca es un chivo expiatorio, porque al presidente le urge dar una señal de fuerza, le urge emocionar a su base de votantes, le urge debilitar y buscar traidores entre la oposición. Su proyecto y su poder dependen de ello, así que vendrán cosas peores.

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