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Capitolio, inteligencia, ataques

Capitolio: informes de inteligencia deficientes impidieron una respuesta efectiva a ataques

¿Qué pasó en los días previos al 6 de enero que no se pudo organizar, articular o efectivizar una respuesta contundente a quienes asaltaron Capitol Hill?

Un artículo de The New York Times expuso cómo los incongruentes reportes de inteligencia impidieron una respuesta efectiva a las manifestaciones que terminaron con el asalto al Capitolio.

El 4 de enero, dos días antes de la gran marcha en favor del expresidente Trump, la división de inteligencia de la Policía del Capitolio de Estados Unidos emitió un informe en el que se enumeraban todos los grupos de los que se sabía iban a acudir a la ciudad y que planeaban manifestarse a favor de Trump.

Entre los grupos estaban los Prime Time Patriots, los MAGA Marchers y Stop the Steal; reportó el Times.

En ese informe se detalló que había pocas «probabilidades de que alguno de los grupos pudieran violar las leyes o incitar a la violencia, etiquetando las posibilidades como “improbables”, “altamente improbables” o “remotas”».  

Pero, en el texto del Times, «el documento, que no se había divulgado previamente, no abordaba las probabilidades de que ocurriera otra cosa: que los grupos se unieran en una mezcla combustible, dando lugar a una explosión de violencia».

Aún así, eso no fue lo peor, unos días antes, «la misma oficina había presentado un panorama algo más siniestro. La división de inteligencia de la Policía del Capitolio, que se nutre de la información del FBI y del Departamento de Seguridad Nacional, advirtió de la desesperación ante “la última oportunidad de anular los resultados de las elecciones presidenciales” y del potencial peligro significativo para las fuerzas del orden y el público», se lee en el reportaje de The New York Times.

Capitolio, seguridad, ¿qué pasó?
Washington (United States), 06/01/2021.- Policiía defiende el Capitolio en horas de la tarde-noche. (EFE).
El Capitolio desguarnecido

La imagen que dejó Estados Unidos el 06-01 fue tristísima. Por eso las repercusiones siguen vigentes y aún se buscan respuestas a tantas preguntas: ¿Qué pasó en los días previos al 6 de enero que no se pudo organizar, articular o efectivizar una respuesta contundente a quienes asaltaron Capitol Hill?, ¿qué ocurrió el propio 06-01 que no se actuó rápido para frenar a los violentos?, ¿por qué hay videos donde los policías no intentan hacer algo para no dejar asaltar al Capitolio?

De acuerdo con el reportaje del Times, «los documentos muestran cómo la policía y las agencias federales encargadas de hacer cumplir la ley produjeron evaluaciones inconsistentes y a veces contradictorias de la amenaza de los ciudadanos estadounidenses que marchaban hacia el Capitolio». Esto, según el diario neoyorquino, «ayuda a explicar por qué el gobierno no puso más urgencia en los preparativos de seguridad para el peor de los casos». Pero no es una explicación completa.

El Times hizo un comentario que llama la atención sobre cómo operan las agencias de inteligencia:

«Pero la decisión, ante una inteligencia confusa, de tomar solo medidas limitadas para reforzar la seguridad y preparar los refuerzos pone de relieve otra cuestión: si, como algunos críticos han dicho desde hace tiempo, las agencias que han gastado dos décadas y miles de millones de dólares reaccionando agresivamente a la inteligencia sobre el potencial del terrorismo islámico se centran de manera similar en toda la gama de amenazas de la extrema derecha de cosecha propia».

Esto deja aún más dudas sobre cómo se actuó para enfrentarse a la marcha pro-Trump.

Steven Sund, quien dimitió como jefe de la Policía del Capitolio después del 6 de enero, mencionó en «una carta no divulgada enviada el lunes a los líderes del Congreso que ‘toda la comunidad de inteligencia parece haber pasado por alto’ las señales de advertencia», subrayó el Times.

«En el caso de la revuelta del Capitolio, Sund hizo una solicitud varios días antes de tropas de la Guardia Nacional, aunque fue denegada en ese momento por sus jefes, los sargentos de armas de la Cámara y el Senado», se lee en el reportaje. «La solicitud de la Policía del Capitolio se debió principalmente a la necesidad de ampliar el perímetro de seguridad alrededor del edificio debido a la magnitud de la manifestación prevista y a su posible duración, y no a ninguna advertencia de los servicios de inteligencia de que pudiera producirse un asalto armado al Capitolio, según una persona familiarizada con la toma de decisiones de la Policía del Capitolio».

Pero, aun así, como se mencionó anteriormente, hubo informes por parte de la división de inteligencia de la Policía del Capitolio que señalaban que había posibilidades de «la desesperación ante “la última oportunidad de anular los resultados de las elecciones presidenciales” y del potencial peligro significativo para las fuerzas del orden y el público».

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Y eso no es la única duda que queda en toda esta situación: el modo de actuar por parte del FBI también deja muchas preguntas sueltas que deben ser respondidas.

«En términos más generales, el FBI tiene un historial considerable de persecución de supremacistas blancos violentos, que la oficina sigue considerando la amenaza de terrorismo doméstico más peligrosa», reseñó el Times. «El año pasado, los agentes frustraron un complot de una milicia de extrema derecha para secuestrar al gobernador de Michigan. La oficina también decidió el año pasado elevar la amenaza que suponen las milicias y otros extremistas antigubernamentales, como los anarquistas, dijeron varios exfuncionarios de las fuerzas del orden».

Para el 06-01 fue todo lo contrario. El FBI no tenía nada que anticipara los hechos.

De acuerdo con el Times, en las semanas previas al 6 de enero, numerosas agencias predijeron «que supremacistas blancos y milicianos armados podrían reunirse en Washington». Pero, en una reunión celebrada el 5 de enero, con relación la toma de posesión, «ningún organismo policial federal o local planteó ninguna amenaza específica de violencia para el día siguiente, según las personas que asistieron a la reunión».

Es más, a la 1 de la tarde del 6 de enero, cuando una multitud que apoyaba al expresidente Trump comenzó a romper las barricadas exteriores alrededor del Capitolio, «un agente de la unidad de terrorismo doméstico del FBI dijo a un funcionario del Departamento de Justicia que el FBI todavía no tenía información sobre ninguna amenaza específica», explicó el Times.

La agencia tardó una hora en movilizar un equipo táctico que la oficina había posicionado cerca del Capitolio. La poca agilidad y la apatía son otras dos nubes de humo poco esclarecidas en este tema.

«Cuando Sund solicitó la ayuda de la Guardia Nacional tras la ruptura de las barricadas, el Pentágono se mostró inicialmente reacio a aprobar la solicitud, lo que retrasó aún más el despliegue», reveló el Times. «El resultado fue dejar al Congreso notablemente vulnerable ante una turba que representaba una amenaza mucho mayor de lo que los servicios de inteligencia y las fuerzas del orden habían previsto», se sentencia en el reportaje.

Pero eso no es todo, el reportaje del Times es contundente al reportar discrepancias y explicaciones escuetas:

El resultado fue dejar al Congreso notablemente vulnerable ante una turba que representaba una amenaza mucho mayor de lo que los servicios de inteligencia y las fuerzas del orden habían previsto.

Sund escribió en su carta que «la retrospectiva perfecta no cambia el hecho de que nada en nuestra experiencia colectiva o en nuestra inteligencia —incluyendo la inteligencia proporcionada por el FBI, el Servicio Secreto, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) y la Policía Metropolitana de D.C. (MPD)— indicaba que un asalto armado y bien coordinado al Capitolio podría ocurrir el 6 de enero».  

Sin embargo, en palabras del reportaje del Times, «los fallos se produjeron incluso después de miles de publicaciones en las redes sociales en los días previos al asalto, que documentaban cómo los alborotadores veían el Capitolio —y los legisladores que certificaban los resultados de las elecciones— como un objetivo específico».

Hubo publicaciones y mensajes en redes que sugerían que habría violencia ese día y que las fuerzas del orden e inteligencia debían actuar. Se sabía que, por ejemplo, personajes identificados como supremacistas blancos y o terroristas domésticos estarían ese día en las marchas.

Se supo, al mismo tiempo, que milicias armadas asistirían al evento. No por nada Sund solicitó el apoyo de la Guardia Nacional, pero que los miembros de la Junta de la Policía del Capitolio se lo negaron.

«Sabíamos que había un fuerte potencial de violencia y que el Congreso era el objetivo», dijo Yogananda Pittman, jefa en funciones de la Policía del Capitolio. El departamento reforzó sus defensas, comentó, «pero no hicimos lo suficiente».

Las agencias de inteligencia han proporcionado excusas sobre su forma de actuar aquel trágico día del 06-01. Pero las explicaciones, todavía, no han dejado claro qué fue lo que sucedió, por qué un grupo de manifestantes —al parecer poco organizados— irrumpieron y asaltaron al edificio que alberga a, nada más y nada menos, que a los dos cámaras del Congreso.

Hasta ahora la explicación más lógica es que el factor sorpresa dejó enmudecido a todo el sistema de seguridad e inteligencia. Un fallo gravísimo que deja expuesta a la seguridad de Estados Unidos. Pero esa falla, en una fecha tan importante, con tanta anticipación, con el contexto social-político altamente polarizado, parece inverosímil.

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