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La Casa Blanca apoya convertir el D.C. en un estado

La administración anunció ayer que apoya plenamente un proyecto de ley de estadidad para D.C. Sin embargo, es muy probable que el impulso legislativo fracase

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Ayer, en un comunicado hecho público, Biden anunció que la Casa Blanca apoya convertir el D.C. en un estado. La nota, publicada por la Oficina Ejecutiva del presidente, decía que la administración apoya “firmemente” el impulso legislativo (H.R 51) para convertir el área de D.C. en un nuevo estado, diciendo que los habitantes de la ciudad han sido privados durante mucho tiempo de una representación plena en el Congreso, mientras siguen pagando impuestos al Gobierno federal.

La semana pasada, los demócratas de la Cámara de Representantes presentaron la H.R 51, la Ley de Admisión de Washington D.C., en el Comité de Supervisión y Reforma de la Cámara de Representantes para su revisión. El proyecto de ley recibió un voto positivo del Comité en una votación de 25-19 según las líneas de partido y se espera que pase a votación por toda la Cámara en los próximos días.

El partido demócrata presentó el proyecto de ley con gran entusiasmo y se ha convertido en un tema profundamente partidista en los pasillos del Congreso, con los demócratas argumentando que permitir que más de 700,000 ciudadanos americanos que viven en la capital no estén representados en el Congreso es indefendible. En cambio, los republicanos argumentaron que la legislación propuesta es una evidente toma de poder, ya que el D.C., que es tradicionalmente azul, daría a los demócratas dos senadores más.

La opinión pública americana, al igual que la de los principales partidos, sigue dividida en cuanto a la cuestión. Un sondeo de marzo de Fortune/Survey Monkey revela que el 49 % de los americanos apoyan la concesión del estatus de estado a D.C., mientras que el 45 % no lo hace. Además, los demócratas apoyan mayoritariamente el proyecto (74 %), mientras que sólo el 27 % de los republicanos piensa de la misma manera.

Curiosamente, como explicaba un artículo de Fivethirtyeight, otras encuestas mostraban que la opinión pública con respecto a la conversión de D.C. en un estado podía cambiar en función de cómo se formulara la pregunta. Una encuesta que escribía la pregunta bajo el contexto de la igualdad de derechos para los residentes de D.C. mostraba un 54 % de apoyo, mientras que en otra encuesta que recordaba a los encuestados los retos de constitucionalidad de la legislación llevaba a un 55 % la oposición a la medida.

A medida que la cuestión siga debatiéndose en el Congreso y, entre en el terreno de la opinión pública, es probable que ambos partidos sigan ahondando en los argumentos los cuales las encuestas les favorecen. Los demócratas se centran en la falta de derechos de representación equitativa de los residentes de D.C. y los republicanos plantean sus dudas sobre la constitucionalidad del proyecto de ley.

La Casa Blanca de Biden anunció ayer su apoyo a convertir el D.C. en un estado. (EFE)

Un camino improbable hacia la conversión a estado

Una vez que el proyecto de ley se someta a una votación completa en la Cámara de Representantes, una mayoría simple sería suficiente para sacarlo de la Cámara Baja. Los demócratas controlan actualmente 218 escaños frente a 212 republicanos, por lo que pueden permitirse el lujo de perder a dos de sus representantes en cualquier votación y aún así conseguir la aprobación de su proyecto de ley. Dado que la H.R. 51 tiene actualmente 216 copatrocinadores, podríamos esperar con seguridad que el proyecto de ley sea aprobado en la Cámara debido a la mayoría demócrata.

Sin embargo, el proyecto de ley tiene que ser aprobado también por el Senado para llegar a la mesa del presidente. El filibusterismo hace prácticamente imposible que los demócratas consigan que su legislación sea aprobada en la Cámara Alta, a menos que 10 senadores del Partido Republicano estén de acuerdo con la medida, una tarea difícil.

Los senadores del GOP ya se han opuesto a la medida, con el senador Mitch McConnell (R-KY) oponiéndose firmemente al proyecto de ley cuando se propuso en 2019. Otros senadores han seguido, con el senador Mitt Romney (R-UT) diciendo que estaba en contra de la medida, según el periodista de Forbes Andrew Solender. Aunque la senadora Liza Murkowski, una de las más moderadas del GOP, ha dicho que no se ha decidido sobre el tema, su voto solo dejaría a los demócratas con nueve votos menos para que el proyecto sea aprobado.

Los republicanos, por supuesto, no apoyarían una medida que sin duda daría a los demócratas una ventaja electoral en el Senado. Los demócratas, por su parte, no apoyarían ninguna resolución alternativa que diera a los residentes de DC representación en el Congreso y al mismo tiempo les impidiera convertirse en un estado de pleno derecho, como retroceder la ciudad a Maryland.

El proyecto de ley para aceptar a D.C. como estado muy proablemente se estanque en el Senado (EFE)

Los demócratas apoyan la idea

Si los demócratas saben que no conseguirán que se apruebe su proyecto de ley en el Congreso, ¿por qué impulsan la legislación? Pues bien, podrían tener tres razones: la postura, la concienciación y la argumentación contra el filibusterismo.

La primera es bastante sencilla de entender, los demócratas se consideran protectores del derecho al voto de una ciudad mayoritariamente negra, dejando a los republicanos que recurran a complicados argumentos constitucionales para defender el hecho de que los ciudadanos americanos paguen impuestos mientras no tienen voto. Este tipo de lucha retórica podría beneficiar a los demócratas con su base, ya que es más probable que apoyen firmemente esta cuestión que los republicanos.

Por otro lado, da a los demócratas que se oponen al filibusterismo, un buen caso de prueba de por qué la táctica parlamentaria debería ser eliminada. Podría funcionar como un buen punto de ataque retórico contra los republicanos e incluso algunos demócratas que apoyan el fillibuster, mostrando a los primeros como obstruccionistas que impedirían que los americanos tuvieran sus derechos para obtener beneficios políticos y a los segundos como políticos ingenuos que están dispuestos a sacrificar el voto de miles de personas para seguir en buena gracia de los republicanos.

Por último, al llevar a la conversación pública el tema de la conversión de D.C. a estado, los demócratas esperan poder exponer el caso al pueblo americano y convencerlo de que esté de acuerdo con la necesidad de añadir a D.C. como el 51º estado de la unión, lo que daría representación a miles de ciudadanos y potencialmente los dos senadores clave para los demócratas en las próximas elecciones. Sin embargo, está por verse si esa estrategia funcionaría en una América profundamente polarizada.

Siendo realistas, los residentes de D.C. solo tienen tres formas de obtener representación en el Congreso: ser llevados de nuevo a Maryland (como han propuesto algunos republicanos), obtener la condición de estado sólo si los demócratas ponen fin al filibusterismo, o si hay un premio político lo suficientemente grande como para que los republicanos acepten dar a los demócratas sus dos senadores en D.C.

Mientras tanto, los residentes de D.C. seguirán, lamentablemente, sin votar en su Congreso.

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