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¿Por qué cayó la Unión Soviética? Parte 1

Una economía estancada y una clase política débil y envejecida dieron paso a que el Politburó nombrara una nueva clase gobernante

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«La impresionante colección de septuagenarios que domina en la Unión Soviética está próxima a su fin. En un mes, en un año … y por algunos años sin duda se abrirá un nuevo período transitorio, un período de quietud en lo económico y en lo estratégico, antes de que emerja un nuevo primus inter pares y surja una nueva política. ¿Qué saldrá de esto? ¿la continuidad o la ruptura? La ruptura no está excluida».

– Jacques Lesourne, Les Mille sentiers de l´avenir, 1981.

Lea la parte 2 aquí.

El 14 de agosto de 1981 miles de obreros polacos ocuparon los puertos de Gdansk al grito del movimiento Solidaridad. Furiosos por la nueva subida de precios a la comida e incitados por las palabras de su conciudadano el papa Karol Wojtyla, más conocido como Juan Pablo II, el pueblo polaco exigió de regreso sus libertades, reprimidas por un régimen títere de una dictadura mayor: la Unión Soviética.

El mundo contuvo la respiración aguardando la respuesta violenta del gigante rojo, no obstante, esta nunca llegó y un convaleciente Leonid Brézhnev se limitó a cerrar cualquier contacto, circulación de información y migración entre la Unión Soviética y su satélite.

Aunque extraña la inacción soviética teniendo en cuenta su pasado represivo en las protestas de Alemania en 1953, Hungría en el 56, Checoslovaquia en el 68, incluso Afganistán en el 79, Brézhnev no quería a como diera lugar una invasión a Polonia.

Este era la sede de la principal alianza militar de la Unión Soviética (URSS), el Pacto de Varsovia. Simplemente la coalición sin Polonia no tenía sentido. El cuartel general del Pacto se encontraba en Legalice y Polonia constituía un nexo crucial para conectar a la Unión Soviética con su preciada Alemania Oriental.

El movimiento obrero comenzó a expandirse y en septiembre la KGB informaba a Brézhnev que huelgas similares de miles de obreros ocurrían en los países bálticos, la situación era crítica.

Al final, el Politburó tuvo que concederle más autonomía a Polonia, así como enviarle alimentos, materias primas y cuanta demanda el movimiento polaco tuviera para así contener la creciente ola de liberalismo. Esta crisis sería la primera de muchas que afrontaría la Unión Soviética durante la década del 80, cuyo causante principal sería un sistema económico fallido.

El estancamiento brezhneviano

La crisis de Polonia puso de manifiesto la precaria situación del sistema soviético. En la URSS la agricultura, pese a las colosales inversiones del Estado, no daba abasto para suplir las necesidades del pueblo soviético y el sistema de distribución centralizado se había convertido en un verdadero cuello de botella.

Productos que eran fuertemente subsidiados por el Estado, como la carne, la mantequilla y el aceite, comenzaron a desaparecer de las tiendas soviéticas y a verse en un mercado negro cada vez más grande y con precios mayores a los oficiales. Un reflejo de la escasez de bienes básicos en la URSS.

Las prioridades del régimen comunista tampoco acertaban con las necesidades del pueblo. A mediados de la década de los 80 el gasto militar todavía ocupaba un cuarto del presupuesto de la URSS, en un intento de llenar por el monopolio de la fuerza el vacío económico.

How Leonid Brezhnev almost escalated the Yom Kippur War into a nuclear  nightmare | The Times of Israel, Unión Soviética, Politburó, URSS
Leonid Brézhnev sería exitoso en liderar la política de distensión con Estados Unidos, sin embargo, la Unión Soviética viviría un amargo estancamiento económico que costaría su existencia. (Library of Congress)

A pesar del elevado gasto militar, la cúpula de mando soviético era consciente de la precaria situación de la URSS y de sus aliados. Esto la llevó a intensificar su producción de petróleo y gas para intentar cubrir el elevado déficit que crecía a cada año. De hecho, la URSS se vio obligada a cortar los subsidios de petróleo y gas que les daba a sus aliados del Pacto de Varsovia y venderlo a Occidente para así contener la grave situación.

El estancamiento no solo se daba en el plano de escasez de bienes y servicios básicos, sino también tecnológico. Para la década del 80, la madre del satélite espacial dedicaba más recursos en espionaje tecnológico que en investigación y desarrollo.

Aunque el imaginario público nos da una visión de espías rusos en bases militares estadounidenses y conspiraciones en las más altas esferas, la realidad es que el espionaje soviético, consciente de las comodidades del ciudadano promedio occidental, para esa época se enfocaba más en recolectar información sobre bienes de consumo duradero, electrodomésticos y espionaje industrial.

Una economía estancada y una clase política débil y envejecida dieron paso a que un organismo tan paquidérmico como el Politburó se aventurara a nombrar una nueva clase gobernante, más moderna, con ideas nuevas y reformistas que le permitieran a la URSS salir de su estancamiento.

La vieja guardia y su salida de la Unión Soviética

El 10 de noviembre de 1982 falleció Leonid Brézhnev mientras dormía plácidamente. Prácticamente de inmediato el Politburó se apresuró a nombrar al antiguo director de la KGB, Yuri Andrópov, como el nuevo secretario general del Partido Comunista, en un intento por evitar otra violenta lucha de poder.

El anciano Andrópov, afectado por insuficiencia renal, duraría poco más de un año en el poder. Tiempo que fue suficiente para escalar las tensiones entre Estados Unidos y la URSS con el llamado programa de defensa nuclear “Star Wars” promovido por Reagan y el derribo del avión Boeign-747 coreano en territorio soviético. Andrópov moriría el 9 de febrero de 1984.

El sucesor de Andrópov, Konstantín Chernenko, recibió la presidencia en un estado catatónico, y su salud difícilmente le permitía gobernar. Predeciblemente, Chernenko tampoco duraría mucho en el poder: murió en marzo de 1985.

Unión Soviética, Politburó, URSS
De izquierda a derecha: Mijaíl Gorbachov, Andréi Gromiko, Nikolái Tijonov, Leonid Brézhnev, Mijaíl Súslov, Konstantín Chernenko, Yuri Andrópov, Borís Ponomarev y Yuri Churbanov. Detrás de Brézhnev asoman la cabeza el general Dimitri Ustínov y Viktor Grishin. (Archivo de la presidencia de la Federación Rusa)

Con cada vez más octogenarios muriendo y un régimen que pedía a gritos un cambio, el Politburó decidió nombrar como secretario general a Mijaíl Gorbachov gracias al voto decisivo del último sobreviviente de la antigua troika, Andréi Gromiko.

Gorbachov era un comunista ferviente, pero estaba convencido de que la línea del partido necesitaba reformas de fondo. De niño Gorbachov presenció los horrores de las granjas colectivas del estalinismo y a pesar de ser sumamente pobre describió su niñez como muy feliz.

Su inteligencia le permitió ingresar a la Universidad de Moscú, donde se destacaría e ingresaría al Partido Comunista. Su carrera como funcionario público se destacó por ser uno de los pocos que verdaderamente ocupaba un cargo gracias a su efectividad y no por su adoctrinamiento político, y a diferencia de sus colegas no era corrupto.

Gromiko, Andrópov y Cherchenko vieron estas características de Gorbachov como necesarias para una transformación del régimen y lo mantuvieron cada vez más cerca de los círculos de poder.

A diferencia de sus predecesores, Gorbachov era un hombre decente. Nunca estuvo en peligro de muerte en las luchas de poder soviéticas y su juventud lo hacía un candidato atractivo para la presidencia de la Unión Soviética. Incluso ahora resulta una sorpresa el acenso de un sujeto como Gorbachov en una estructura de poder exactamente diseñada para que personas como él nunca alcanzaran el mando.

En un viaje a Leningrado durante el mes de mayo de 1985 Gorbachov anunciaría que la Unión Soviética necesitaba reformas de fondo, comenzando por una transformación económica. Una perestroika.

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