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Protección de los datos, El American

China: ¿es lo mismo asegurar la protección de los datos que monitorizarlos?

No es coherente promover la seguridad de los datos y la privacidad cuando el problemático estatismo es uno de los principales enemigos de la privacidad

El Leviatán tiende a crecer y, en consecuencia, a ser progresivamente problemático. Para reconocer esto no hay necesidad de caer en un utilitarismo economicista por mucho que importe la economía como las libertades concretas de las que la sociedad se beneficia.

En este caso concreto, nos referiremos a una enésima maniobra del totalitario régimen comunista chino: la llamada Ley de Seguridad de los Datos, en cuyo entramado teórico se expone cierta preocupación en la “seguridad nacional”.

¿Protección de los datos?

Hablamos de un proyecto que se aprobó el pasado mes de junio, y que entrará en vigor  el próximo 1 de septiembre. Se trata de un complemento de normativas como la Ley de Protección de Información Personal ya actualizada, y la existente Ley de Ciberseguridad, que se aprobó en 2017.

En cierto modo, hablamos de una ley cuyo rango de aplicación sea “transnacional”, dado que los datos personales afectados no necesariamente tienen que estar circunscritos al ámbito político-territorial chino. Ellos lo estipulan como una precaución ante “amenazas a la seguridad nacional, el interés público o los intereses jurídicos de los ciudadanos u organizaciones chinas”.

¿Cómo se aplicará esta ley?

Este proyecto establecerá categorías concretas de datos, entre las cuales podemos encontrar, por ejemplo, “datos importantes” o “datos importantes nacionales” (estos últimos estarían relacionados con la seguridad nacional, la economía y los interés públicos críticos de este Estado en cuestión).

Al mismo tiempo, dentro de los principales puntos de los marcos-objetivo de actuación y aplicación de esta normativa, podemos encontrar cuestiones tales como una monitorización activa de los riesgos de seguridad, un sistema informático de protección de datos en las organizaciones, condicionar las transferencias de datos transfronterizas y clasificar y formatear los datos conforme a estándares legales, así como cooperar con las labores de la dictadura.

Todo esto hace que esta normativa sea mucho más preocupante que la ya existente en el marco jurídico de la oficialmente denominada “Unión Europea” (el resultado de una armonización de las leyes de protección de datos en los distintos Estados-miembro, hace tres años).

Hablamos de un país con un Estado que apenas garantiza libertad económica, política y social. De hecho, aparte de marcar unas directrices invasoras, cientifistas y represoras ante unos problemas sanitarios, resulta ser pionero en la censura de servidores, los usos espurios de la Inteligencia Artificial (IA), la monitorización ciudadana. 

De hecho, a esto se le suman nuevas maniobras represivas en Hong Kong, ciudad-Estado con una autonomía prácticamente anulada desde Pekín. Así se pretende hacer seguimiento, para un posterior castigo de los discursos que se hagan en Hong Kong po si manifestaran una voluntad de desvincularse del régimen chino.

La protección de los datos desde el Estado es un oxímoron

En la práctica, si pretendes inventariar el tipo de datos que gestionas, siguiendo una estandarización preestablecida para informar al Estado, no estás asegurando el anonimato de la información porque estás dando información sobre el propósito de tus acciones y el tipo de variables que almacenas, ya sean numéricas o categóricas.

Al mismo tiempo, si “por seguridad” necesitas pedir un exceso de cláusulas de aceptación de protección de datos o tomar nota de multitud de registros de llamadas telefónicas, al final estás dando relevancia a la información privada y personal. 

De hecho, no es coherente promover la seguridad de los datos y la privacidad cuando el problemático estatismo es uno de los principales enemigos de la privacidad, al entenderse como algo intrínseco a la propiedad privada. Seamos claros: no hace falta voluminosas y abultadas “regulaciones” a la hora de asegurar la privacidad. Además, hay que asumir otra parte importante de la realidad que no siempre es muy agradable: las pequeñas y medianas empresas son las que tienen menor capacidad económica y logística para acatar estas nuevas cláusulas que entorpecen su laudable actividad.

Con lo cual, no debemos fiarnos. Tengamos cautela sabiendo quiénes las promueven y  reflexionando sobre la eficacia de las medidas adoptadas. Además, una dictadura como la China solo se preocupará de los “secretos de Estado” y del Partido Comunista, pero jamás por tu privacidad, ya que desea lo contrario y con más vileza que otros.

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