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Cobra Kai, valores, occidente

Cobra Kai, ¿pronostica la victoria de Donald Trump?

Cobra Kai ha sido un soplo de aire fresco para las personas hartas del victimismo y la corrección política que en los últimos tiempos parece haber inundado todo

La famosa serie recientemente estrenada en Netflix, “Cobra Kai”, podría significar mucho más que una simple forma para pasar el rato. A finales de los setenta, el director John G. Avildsen consiguió que la historia de Rocky enamorara a América y al mundo. Rocky (Sylvester Stallone), un fracasado y desmotivado boxeador, se encuentra con una oportunidad única -de esas que sólo es capaz de brindar el ascensor social que supone el capitalismo- y consigue triunfar gracias al esfuerzo personal, la competencia y el espíritu de superación y sacrificio.

En las décadas de los sesenta y setenta la cultura estaba tomada por las ideas de una izquierda cargada de cinismo, desprecio y resentimiento hacia estos valores, por ser típicos del “sueño americano”, del cual decían que había que despertar y olvidar. El éxito de Rocky ayudó a restituir estos valores en los años ochenta y contribuyó al triunfo de Ronald Reagan poco después, ya que ambos consiguieron hacer recordar a los americanos su sueño, permitiendo que volvieran a sentirse orgullosos y agradecidos por estos principios que habían sido la base del país más próspero del mundo.

En 1984, poco después de que Ronald Reagan resultara elegido 40º Presidente de los Estados Unidos, se estrenó la película The Karate Kid, también dirigida por John G. Avildsen, siendo no sólo un éxito de taquilla y crítica, sino además generando una gran influencia cultural y social, especialmente en los adolescentes de los años ochenta. Gracias a esta película, una gran cantidad de jóvenes estadounidenses se apuntaron a clases de karate u otras artes marciales, superando el miedo y el recelo que sentía la generación de sus padres hacia el tradicional “enemigo asiático”; en particular a Japón -perteneciente al Eje durante la Segunda Guerra Mundial-, país del icónico maestro en el film, el Sensei Miyagi (Noriyuki “Pat” Morita). Las virtudes del “sueño americano” que había promovido Rocky a través del boxeo eran las mismas que ahora The Karate Kid transmitía a través de las artes marciales orientales.

Daniel LaRusso (Ralph Macchio), un adolescente de ascendencia italiana, hijo de madre soltera y de clase trabajadora que acaba de mudarse a All-Valley en Los Ángeles, encuentra en las enseñanzas del Señor Miyagi una manera de enfrentarse al acoso que empieza a padecer en su nuevo instituto por parte de un grupo de chicos que estudian karate en el dojo Cobra Kai. En particular, entabla una fuerte rivalidad con Johnny Lawrence (William Zabka), un joven karateka criado en la abundancia gracias a un padrastro millonario, ya que LaRusso empieza a seducir a Ali Mills (Elisabeth Shue), quien ha sido la novia del primero durante los últimos dos años. El final de esta historia, por todos conocida, es que LaRusso gana el combate definitivo contra Lawrence en la final del torneo de karate de All-Valley, conquistando no sólo el campeonato, sino también el corazón de Ali. El esfuerzo, el trabajo duro, el no dejarse atrapar por el victimismo y el crecerse frente a la adversidad habían triunfado. Las ideas que ahora se habían puesto de moda eran las que la izquierda había venido rechazando, mientras que la nueva derecha de Reagan las había abrazado. La balanza cultural y política se decantaba hacia el lado republicano.

En noviembre de 2016 Donald Trump es elegido 45º Presidente de los Estados Unidos y poco después, en mayo de 2018, se estrena Cobra Kai, una secuela de The Karate Kid en forma de serie -con sus tres primeras temporadas producidas por Youtube y ahora en manos de Netflix- retomando las vidas de Daniel LaRusso y Johnny Lawrence 34 años después de lo acontecido en aquel verano del ‘84. Pero esta vez, el verdadero héroe y protagonista de la serie no es Daniel LaRusso y, al igual que The Karate Kid ayudó a la reconciliación con el “enemigo japonés”, Cobra Kai redime ante la audiencia a Johnny Lawrence.

La serie arranca con un Johnny que ahora es un cincuentón marcado por la derrota ante LaRusso en su juventud. Sin campeonato, sin novia, sin trabajo estable y sin la ayuda de su rico padrastro tras la muerte de su madre, Johnny está divorciado de una mujer de vida disoluta y tienen un hijo delincuente juvenil. Es un alcohólico que sólo bebe cerveza Coors. Sigue conduciendo su viejo Pontiac y vive en el depauperado y peligroso barrio de inmigrantes en el que antaño vivía Daniel LaRusso. Éste, por el contrario, es un esnob que ahora vive en un barrio rico después de que su victoria en el Torneo de Karate le convirtiera en una estrella local, permitiéndole impulsar su exitosa empresa de importación de automóviles, especialmente japoneses. Aunque no se menciona explícitamente, resulta evidente que Daniel LaRusso es un votante y quizás hasta donante del Partido Demócrata, mientras que Johnny Lawrence tiene el perfil de un votante de Trump.

Cuando Johnny Lawrence conoce a su nuevo vecino Miguel (Xolo Maridueña), un joven inmigrante hispano, y le defiende de los bullies de su instituto, encuentra una oportunidad para enderezar su camino y redimirse. Acoge a Miguel bajo su ala y reabre el dojo de Cobra Kai. Sus métodos de enseñanza son duros y ofensivos, pero “¿cómo te vas a defender de un puñetazo si no soportas ni un insulto?”. Su método era el que necesitaban tanto Miguel como otros jóvenes acosados en la escuela, a quienes el sistema había abandonado a su suerte acostumbrándolos a la cultura de la ofensa y el victimismo.

La serie está batiendo todos los récords de audiencia y parece haber encontrado la manera de satisfacer a todos esos espectadores que, como Johnny, durante años se han sentido sometidos a una constante erosión de estos buenos valores que de pequeños les habían enseñado como los correctos. Cobra Kai ha sido un soplo de aire fresco para las personas hartas del victimismo y la corrección política que en los últimos tiempos parece haber inundado todo. Ha conseguido apelar a jóvenes y adultos que andan desesperadamente en busca de sentido y propósito para sus vidas, desorientados por los contravalores que ha promovido la izquierda cultural y política.

El “Camino del Puño” del Sensei Johnny Lawrence no son las “12 reglas para vivir” del académico Jordan Peterson, pero se parecen mucho. En esencia, son los mismos valores y creencias de Rocky y The Karate Kid que rescató Reagan en los ochenta para gobernar durante dos mandatos y que ahora ha hecho suyos Donald Trump, después de que, como entonces, la izquierda los abandonara y se haya entregado en brazos de contravalores como el relativismo, la cultura de la victimización y las políticas de identidad y de género. Según los datos de audiencia, parece que la mayoría silenciosa se identifica con los valores conservadores de Johnny Lawrence y Donald Trump ¿Se repetirá la historia de los ochenta? “Cobra Kai Never Dies”.

1 comment
  1. Genial, la serie es aire fresco, lamentablemente por cada serie de aire fresco de Netflix, ponen 25 que son un eructo progre en la cara del televidente con emanaciones de clases elitistas. Recomiendo que vean “La Vaya” , un intento pueril digno de asamblea de instituto o de la complutense de convertir a los partidos conservadores en nazis furibundos y franquistas trasnochados… y como dice Vanessa: los liberticidas van ganando

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