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Comisión Europea legisla tarde y mal contra grandes tecnológicas americanas

Las ‘Big Tech’ disfrutan de privilegios en la regulación americana de los que carecen otras empresas. Sería razonable exigirles a cambio neutralidad de la red.

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La Comisión Europea cree que los gigantes tecnológicos americanos monopolizan la economía digital. Que esos “guardianes de la puerta” controlan el acceso a todo posible modelo de negocio virtual. Que incluso podrían sacar a cualquier empresa de Internet. Para evitarlo anuncia la propuesta de una nueva Ley de Mercados Digitales –DMA–.

La DMA apenas inicia un camino que en la Unión Europea (UE) suele completarse con pocas enmiendas. La Comisión Europea (CE) lo considera un asunto de más regulación antimonopolio, pero su actual regulación en esta materia ya es un sinsentido económico. Aunque las grandes tecnológicas sí amenacen la competencia y la libertad de expresión, no lo hacen como quiere creer la CE.

Errores económicos elementales

La DMA define “sector digital” y empresas “guardianas de la puerta” contra la teoría económica de los procesos del mercado real. No existe un “sector digital” aislado del resto de la economía y los “guardianes” no son monopolios. Ni siquiera por las erróneas definiciones de las leyes antimonopolio vigentes.

La nueva Ley somete a regulación especial a agentes “estructurantes” de la economía digital con posición arraigada en servicios de intermediación. Les atribuye “ventajas de red” presuntamente insuperables que colocarían a clientes y usuarios en una posición de dependencia ante prácticas desleales.

Es una regulación predictiva que refleja el sesgo de los legisladores. Ordena ampliamente a las empresas qué hacer, además de prohibirles prácticas “monopólicas” específicas. Prohíbe a unas empresas y no a otras: auto-preferenciar sus propios servicios unos en otros. Combinar datos recopilados en dos o más de sus propios servicios. Hacer publicidad cruzada propia entre canales.

El mayor error de la DMA es que el legislador se consideró a sí mismo, y al regulador, capaces de diferenciar objetivamente mercados digitales de no digitales. Las tecnologías digitales están en toda la economía, no en plataformas aisladas de Internet. Las empresas, grandes medianas y pequeñas, compiten usando diversos canales comerciales, digitales y no digitales. Las empresas no-digitales  usan herramientas digitales para administrar recursos, producir bienes, capturar y evaluar datos y  entrar a nuevos mercados. Industria, comercio y servicios, emplean cada vez más tecnología digital. En la economía de mercado real “sector digital” es casi toda la economía. Es imposible determinar objetivamente donde empieza y termina lo digital y lo no-digital.

La economía digital en el mundo real

Uber es una aplicación para millones de personas que requieren automóviles reales para ir de un lugar a otro. Sus servicios digitales incluyen pago y enrutamiento. Pero no hay ahí un negocio digital separado del de llevar personas en automóviles de un punto a otro, más rápido, seguro, cómodo y menos costoso que sin esos servicios digitales para pasajeros y choferes. Sin autos, choferes y pasajeros reales usando sus servicios, no habría Uber.

Al vender libros en Internet Amazon no creó un nuevo mercado editorial. Creó un nuevo canal  de venta en línea para competir con las demás librerías. Amazon es el mayor minorista en línea de libros. Pero su participación de mercado no llega al 30% del mercado global total. Amazon tiene librerías físicas propias. Vende servicios de edición y venta en línea para autores independientes y editores diversos. No es un monopolio, pero ha cancelado autores por censura ideológica woke. Con la legislación y jurisprudencia americana actual tendería a perder esos litigios en tribunales.

Las grandes tecnológicas disfrutan de privilegios en la regulación americana –S230 CDA– de los que carecen otras empresas. Sería razonable exigirles a cambio neutralidad de la red. No se ha logrado en los Estados Unidos. Y Europa ni lo intenta con una DMA que ralentizará la adopción de tecnologías digitales por nuevos costos regulatorios que afectarán la competitividad de la economía digital europea. Como el Reglamento General de Protección de Datos –GDPR– europeo, la DMA pretende debilitar a las grandes tecnológicas americanas pero crea barreras de entrada contra los competidores potenciales de esos líderes establecidos. Forzará a compartir datos y dar acceso a competidores haciendo la imitación más rentable que la innovación y atrasará a Europa al dificultar las afiliaciones naturales entre empresas europeas poco digitalizadas y empresas americanas altamente digitalizadas.

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