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¿Cómo se está dividiendo la población en las universidades?

Las universidades están fallando en su propósito principal: enseñar a los estudiantes en aprender a pensar, aprender a resolver problemas, y aprender a recapacitar en sus ideas

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El 2020 ha sido un año enmarcado en la polarización. Las protestas en los EE.UU., la discordia en las redes sociales y la incapacidad de que exista un debate político sano, son ejemplos de la peor cara del año que termina, únicamente superado por las pérdidas físicas y económicas del COVID-19.

La polarización y la inhabilidad que tienen las nuevas generaciones en escucharse es posible que tenga su origen en las instituciones que suponen para servir como centros de preparación para resolver los problemas del mundo: las universidades. Es debatible las múltiples razones de la actual polarización, pero al analizar recientes tendencias en el mundo académico (en particular en las ciencias sociales) y los nuevos estándares en la vida universitaria, se puede captar el estado en el que está una generación de graduados que no está preparada metodológicamente para afrontar el mundo y sus retos.

Es cultura popular en casi un estereotipo, que los profesores universitarios tienden a tener preferencias ideológicas con movimientos económicos y sociales de izquierda. Es una realidad que, en términos de participación en partidos políticos, en EE.UU. los profesores tienden a estar registrados y ser donantes del Partido Demócrata en número abrumadoramente mayores a miembros del Partido Republicano. Este hecho en sí no es necesariamente dañino, siempre y cuando cumplan en su objetivo de educar a la población de una manera balanceada e imparcial. Lo grave, es que, debido a las recientes tendencias oscurantistas en las áreas humanistas y ciencias sociales, a su vez sumado a una creciente resistencia vocal de los estudiantes a permitir la exploración de ideas que les incomode, las universidades están fallando en su propósito principal: enseñar a los estudiantes en aprender a pensar, aprender a resolver problemas, y aprender a recapacitar en sus ideas. 

El alumno moderno está creciendo en una cámara de eco ideológica en la universidad

Elevado por las redes sociales, en el mundo académico existen ideas que en el pasado eran consideradas como radicales, ahora con un canal comunicativo donde están dejando de ser ensayos analíticos para pasar a ser lentes críticos del mundo moderno con una influencia considerable en la cultura. Afectando un número importante de disciplinas académicas, es importante entender la magnitud de ciertas ideas, que al lector podrían resultar exageradas o incómodas, pero tienen una influencia enorme. 

“Teoría crítica de la raza” ó CRT (por sus siglas en inglés Critical Race Theory) es una tesis y método de interpretar la realidad y la academia. Esta teoría examina la raza y el racismo en todos los modos de expresión cultural. Al utilizar este método, se estima entender a las víctimas de lo que denominan racismo sistémico, de cómo este moldea la cultura, y a la vez preparar a los grupos que sufren del sistema para defenderse de los prejuicios. 

El racismo sistémico, en su tesis, impacta toda estructura jerárquica de la sociedad, abarcando todo el sistema económico, judicial, científico, gubernamental y académico. El lente más importante según CRT son los grupos, y, en consecuencia, el individuo deja de ser el centro de análisis. En él no importa la experiencia individual, sino la experiencia como miembro de un grupo enmarcado: su raza, su clase social, su género y su orientación sexual, entre otras cosas características.

Los estudiantes del CRT buscan no sólo hacer atención de aquellos que sufren de lo que consideran racismo sistémico, sino también de aquellos grupos que se benefician del sistema. La teoría tiene su origen en los años 70, y ha crecido en popularidad recientemente. La teoría en su práctica prescribe analizar todo únicamente a través de la raza. En su forma, irónicamente, la CRT es opuesto a la frase de Martin Luther King, Jr: “Espero un día en que la gente no sea juzgada por el color de su piel, sino por el contenido de su carácter”. Sin dudar que evidentemente existen ciertos problemas raciales y económicos en la actualidad, no pareciera que el método que la CRT es la solución, y sus efectos secundarios son peores aún.

La CRT ha incrementado su influencia en la sociedad, y ha logrado captar ciertos de estos términos que se han vuelto común en las nuevas generaciones, como consecuencia en los medios de comunicación y otras instituciones, muchas de ellas con leves desviaciones de la CRT. El término principal es el “privilegio blanco”, este término de la CRT centraliza a lo que denominan la serie de ventajas sociales, políticas y económicas de personas blancas sobre aquellos que no lo son. Más importante, para los estudiantes de la CRT, lo fundamental está en que el sistema tiende a normalizar e ignorar el “privilegio blanco”. 

Las microagresiones, el racismo institucional, y la interseccionalidad

Otro término es el de las “micro agresiones”, la cual se define en pequeñas y comunes expresiones que son consideradas “ataques” a grupos minoritarios, que ocurren a menudo (según CRT) debido a prejuicios de los grupos dominantes a los subordinados del sistema. Este concepto insiste en enfocarse en el conflicto, y se ha vuelto popular con los universitarios y jóvenes, ya que a la vez les permite pedir protección ante las “micro agresiones”, frente cualquier término o expresión que consideren ofensivo.

Así no sea la intención del hablante, si el que la escucha o lee las considera ofensivas, se considera una “micro agresión”, y según la CRT debe ser corregido. También tienden a ir aumentado con el tiempo las definiciones y palabras que incluyen, al punto que ahora circunscriben léxicos que en el pasado eran consideradas parte de la jerga académica.

En el sistema de universidades de California, existe una guía administrativa con respecto a las “micro agresiones”, exhibiendo algunos ejemplos: “There is only one race, the human race.”; “I believe the most qualified person should get the job.”; “America is the land of opportunity” según la guía son todas frases que “micro agreden”. En el primer ejemplo, al insinuar que se debe tratar de ignorar la raza de una persona, es considerado una “micro agresión” del “privilegio blanco”. En el segundo y tercer ejemplo, al sugerir que el género o la raza no influye en el éxito de una persona, también es una “micro agresión” (nuevamente, debido a que CRT reduce los logros individuales, enfocándose exclusivamente en la narrativa de grupos).

En este concepto, se debe evitar decir cualquier palabra o frase que ofenda (así sea sutilmente) inclusive bajo circunstancias académicas de discusión o análisis. En consecuencia, disminuye la habilidad de las universidades en elaborar en debates y desarrollar la lógica, al limitar el discurso oral y escrito en una multitud de temas. Se elimina la posibilidad de proponer ideas nuevas, se limita la libertad de expresión, la libertad de pensamiento y se anula al individuo como centro de la sociedad. 

La CRT insiste que existe “racismo institucional”, donde a través del lente étnico, todas las instituciones de la sociedad fueron originadas en un sistema creado por y para los blancos. Según esto, todo su contenido es parte de una “construcción social”, donde inclusive lo que pareciera objetivo, incluyendo el método científico, debe estar parcializado a favor del “privilegio blanco”. La CRT concluye que hay que dudar en la objetividad del avance de la ciencia y la ilustración, ya que son, en la teoría de la CRT, inventos del “racismo institucional”. Esto se ve en el día a día del mundo académico, y poco a poco está incorporándose en la cultura. Y el proceso de la CRT se eleva aún más.

El “inter-seccionalismo” es una subdivisión de la CRT, donde no sólo existe grupos subyugados por otro permanentemente, sino que la combinación de estos grupos forma una especie de jerarquía de afligidos. Es decir, según el inter-seccionalismo las mujeres sufren de lo que denominan como “el patriarcado”, pero dentro de las mujeres, las que son de raza blanca dominan al resto. Continuando, dentro de este ejemplo, las mujeres afro-americanas no sólo son dominadas por los hombres y las mujeres blancas, pero estas a su vez se dividen según su preferencia sexual, donde se asume que las heterosexuales son privilegiadas por encima del grupo LGBT. Finalmente, el inter-seccionalismo expresa que sólo los miembros de cada sección son capaces de entender sus sufrimientos, y nadie de un grupo “superior” (según ellos) puede tener la suficiente empatía como para entenderlos. 

También, no importa si una persona en particular ha sido la que ha sido víctima de abuso o racismo, por ser parte de ciertos grupos, está en una posición moralmente superior a expresarse por encima de otros grupos considerados como privilegiados. Por ejemplo, en el inter-seccionalismo, no importa si una mujer nace pobre, en una vida de dificultades que tal vez logra superar; al no ser, por ejemplo, una mujer afroamericana o una mujer homosexual, nunca entendería la realidad de esos últimos grupos. Peor aún, cualquier logro en su vida no es suyo, es debido a las ventajas que tuvo por ser, en el ejemplo, blanca o heterosexual. 

El problema en las políticas públicas

El peligro es que esto conlleva a que si se realizan estudios que contradigan estos paradigmas, la CRT no los considera válidos por ser hechos por miembros de grupos “privilegiados”. Por ejemplo, el eslogan “Defund the Police” tiene su origen en la idea que la policía tiene su origen en un sistema racista, que, según la CRT, es la razón por la cual existe un número de afroamericanos que mueren en las manos de policías anualmente.

Según el lente de CRT, la solución nunca sería incrementar el número de policía en una zona para disminuir el crimen, ya que a pesar de los estudios académicos que miden objetivamente la reducción en crimen al aumentar la presencia policial, debido a que, a pesar que estos estudio,s son hechos a través del método científico ya que: (1) son estudios probablemente hechos por blancos o privilegiados, y (2) el método científico es parte del racismo institucional, que es subjetivo del “racismo sistémico”. Puede verse como esto conlleva a que la única alternativa que queda es eliminar a la policía como institución. 

Esto ha permeado en los estudiantes universitarios, tanto que hoy en día existe un grupo importante (incluyendo miembros del congreso de los EEUU) que insisten en implementar esta medida “Defund the Police”. Hasta el expresidente Barack Obama ha insistido en la absurdidad de la medida, a lo cual nuevos miembros del Partido Demócrata le insisten que es la única solución, apegados a la visión de la CRT del mundo. 

En los estudiantes, no sólo ha incrementado su influencia como filosofía de vida, pero ha pasado a ser carta de razón para opacar y callar disidencias en pensamiento dentro las universidades. Hoy en día, es raro ver comediantes presentándose en universidades, ya que frecuentemente son acusados de hacer “micro-agresiones” en sus chistes por estudiantes siguiendo el lineamiento de la CRT. Los profesores invitados a dar charlas que pudiesen ser consideradas como parte del “privilegio blanco”, son recibidos con protestas fuertes que impiden a toda costa que puedan hablar, a pesar de estar presentando resultados de estudios científicos. 

Los profesores han empezado a ser suspendidos por exhibir a alumnos ideas que refuerzan lo que consideran como el “racismo sistémico”. Excluyendo una pequeña minoría, los ejemplos de estos incidentes muestran cómo se ha formado una peligrosa espiral filosófica, donde no domina la razón, sino el sentir. Las universidades están dejando de exponer a los alumnos a nuevas ideas, para pasar a crear una gran cueva ideológica donde se castiga a quien piensa distinto. Culturalmente se enfoca en el revanchismo y la culpabilidad sobre las soluciones. En el área de investigación, se restringe en los tópicos a explorar; en clase, alumnos de auto-censuran en ciertos temas y evidentemente, se aplica una metodología académica con resultados malinterpretados.

Los alumnos, escondidos en una especie de cámara ideológica, están saliendo a enfrentar los problemas del mundo con varias definiciones erradas: (1) Una clasificación del mundo binaria entre aliados y enemigos, formado por definiciones vagas pero con una carga emocional y moral; (2) una creencia en que existen múltiples verdades, donde la experiencia subjetiva es más importante que los hechos analizados objetivamente; y (3) la afirmación donde supuestamente existe una poderosa pero intangible estructura de poder. Bajo este dogma las consecuencias se están notando en el 2020.

El problema de la CRT no es su intención, sino sus consecuencias en la sociedad. Durante las protestas de “Black Lives Matters”, saqueos y vandalismo fueron justificados como un fin para cambiar el sistema. En la Universidad de Nueva York este año, ciertos alumnos pidieron formalmente segregar los dormitorios de las universidades, porque según la CRT, únicamente habitando separadamente, los estudiantes de grupos minoritarios pueden están libre de ofenderse con “micro agresiones” de otros grupos de estudiantes. En el estado de California, se llevó a referéndum una ley que elimina la prohibición de discriminar por raza en posiciones del gobierno (incluyendo universidades), con el fin de discriminar a favor de candidatos de ciertos grupos.

En ciertas agencias del gobierno de los EEUU, talleres de CRT están siendo impartidos, pero segregando por grupos según el inter-seccionalismo (por raza y género). En un triste e irónico círculo ideológico, las protestas de los años 60 por los derechos civiles están siendo pisoteadas, al cambiar el ideal de “dejar de ver el color de la piel” para pasar a ver “primero el color de la piel”. En su consecuencia, la “teoría crítica de la raza” no pareciera ser un avance en contra del racismo y la discriminación, sino un retroceso.

También está entrando en el mundo académico en todos los niveles, donde está promoviendo una corriente de post-verdad. En la ciudad de Seattle, el currículo de educación primaria ahora incluye estudios de “poder y opresión en las matemáticas”, donde se formulan preguntas cómo “How is math manipulated to allow inequality and oppression to persist?”, “How has math been used to resist and liberate people and communities of color from oppression?”, “How can we change mathematics from individualistic to collectivist thinking?”. Tan fuerte es la tendencia de posicionar al mundo como un gran sistema racista, que una profesora del Brooklyn College propone que “2+2=4” no es una afirmación objetiva, sino más bien es del “patriarcado blanco supremacista”. Orwell en una irónica ecuación. 

Si bien el acceso a las redes sociales ha elevado la discordia en la población, el origen de la polarización viene de las universidades. Es posible que el origen de la CRT conceptualmente viene de minorías radicales, pero su influencia en la actualidad se palpa en el arte, la industria y la política. En un marco donde todo es explicado con un método simplista y oscurantista, los nexos de encuentro y de conversación son cada vez menos. Los graduados universitarios están altamente influenciados por estas comprometidas ideas, y pasan a formar el capital intelectual del mundo corporativo, artístico, científico y político.

El gran reto de la sociedad en esta década de los 2020 no va a ser una reflexión de derecha vs izquierda (a pesar de que ciertos políticos de izquierda están empezando a seguir las ideas de la CRT); va a ser una deliberación de la ilustración, los valores liberales, la razón, la modernidad y la revolución científica contra la irracionalidad, la mentalidad de tribus, el autoritarismo intelectual y la post-verdad. Es un gran reto que requiere a los educadores, a las familias y a los individuos apegarse a la ciencia, los valores liberales y a la verdad. Sólo así se podrá conquistar todos los retos del nuevo siglo, incluyendo el racismo.

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