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La Corte Suprema reafirma su independencia política

Al defender el Obamacare y fallar a favor de la libertad religiosa, la Corte Suprema hizo valer su independencia demostrando que actúa acorde a la ley y no a un partido

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El jueves, la Corte Suprema de los Estados Unidos emitió dos sentencias clave que reafirmaron su papel como institución independiente, ya que tanto los jueces liberales como los conservadores encontraron un acuerdo común (algo escaso hoy en día) en temas muy politizados: el Obamacare y la libertad religiosa. En ambos casos, la Corte Suprema reafirmó su independencia, demostrando que la Constitución, y no los argumentos partidistas baratos, es la brújula que guía sus decisiones.

La Corte no es el brazo judicial del GOP

La constitucionalidad del “Affordable Care Act” (mejor conocido como Obamacare), que ha sido la ley desde el 2010, ha sido desafiada en múltiples ocasiones por los defensores conservadores. Aunque los intrincados argumentos legales sobre los méritos constitucionales del Obamacare han suscitado un interesante y animado debate entre juristas durante años, la última decisión de la Corte parece cerrar la vía judicial para una revocación del Obamacare, sería el Congreso el que tendría que cambiar la ley si así lo desea.

La Corte afirmó (por tercera vez) la constitucionalidad del Obamacare por una votación de 7-2. A pesar del alarmismo de muchos demócratas (incluida la vicepresidente Harris), que dieron alertaron el año pasado que la confirmación de la ACB traería la inminente destrucción del Obamacare.

La realidad dista mucho de eso, Amy Coney Barrett (ACB) votó a favor de mantener el Obamacare, al igual que el juez Thomas, Kavanaugh y Williams. Tres de esos jueces tendrían buenas razones personales para guardar rencor a los demócratas. Con las confirmaciones de Thomas y Kavanaugh envueltas en acusaciones de acoso sexual, y Barrett arrastrada a una lucha partidista por su confirmación en medio de las elecciones de 2020.

De hecho, muchos liberales calificaron la nominación de ACB como parte de la partidización del poder judicial por parte del GOP. Algunos incluso dijeron que ACB sería una pieza fundamental en el plan de Trump para anular las elecciones de 2020.

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Muchos demócratas dijeron que la nominación de Amy Coney Barrett supondría el fin del Obamacare. Se equivocaron. (EFE)

Aunque Trump intentó (de varias maneras) anular la elección, los tribunales no le siguieron el juego. No solo la gran mayoría de las demandas presentadas por la campaña de Trump fueron desestimadas, sino que la propia Corte Suprema decidió no escuchar una demanda de Texas contra la certificación de algunos resultados estatales en los que ganó Biden. Los tres nominados de Trump votaron en contra de escuchar el caso, a pesar de que un número considerable de legisladores del GOP se movilizaron para que el caso fuera escuchado.

Si el GOP quería nominar a un grupo de fanáticos partidistas al más alto tribunal del país, como parte de su nefasto plan para gobernar la nación para siempre, entonces definitivamente hicieron un pésimo trabajo.

Otra decisión unánime

El otro caso que la Corte resolvió también nos mostró que los tres jueces “liberales” pueden tener diferentes puntos de vista sobre la jurisprudencia estadounidense, pero son jueces, no representantes de primer año en la lista de contactos cercanos de Nancy Pelosi.

La Corte decidió (por unanimidad) que la prohibición de que una organización católica, dedicada a prestar servicios de adopción, continuase su contrato con el Gobierno de Pensilvania debido a su trato con las parejas del mismo sexo es inconstitucional.

En Pensilvania existe una amplia política de no discriminación para los contratistas del gobierno, lo que impediría a esta organización católica trabajar con Pensilvania ya que no concede procesos de selección de adopción a parejas del mismo sexo por razones religiosas.

Todos los jueces de la Corte Suprema acordaron conceder una excepción a un servicio de adopción católico. (EFE)

Sin embargo, la ley permite que se concedan excepciones. En su dictamen, el tribunal decidió que Pensilvania debería otorgar esta excepción en este caso, ya que no hacerlo violaría los derechos de la primera enmienda de la organización católica.

Según el presidente de la Corte Suprema, Roberts, los derechos de las parejas LGBT no se verían perjudicados, ya que hay otras veinte organizaciones que proveen el mismo servicio a las parejas del mismo sexo. Para la Corte, el Gobierno no tenía un interés suficiente para causar “penurias religiosas” a la organización católica.

La cuestión de las creencias religiosas no está en absoluto resuelta y es seguro que en el futuro seguirán llegando al tribunal casos similares. Sin embargo, la sentencia de ayer nos muestra que, a pesar de las opiniones políticas personales de algunos jueces, los magistrados de la Corte Suprema apelarán en última instancia a los argumentos jurídicos y dictarán sentencias basadas en su constitucionalidad, no en sus creencias políticas.

Nominaciones politizadas

La lucha partidista en torno a las nominaciones judiciales se ha intensificado durante años, con los demócratas utilizando la “opción nuclear” y eliminando el “filibuster” para los nombramientos judiciales en 2013, los republicanos bloqueando la nominación de Merrick Garland tras la muerte del juez Scalia, y la confirmación el año pasado (en plena campaña presidencial) de Amy Coney Barrett tras el fallecimiento de Ruth Bader Ginsburg.

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El proceso para las nominaciones al SCOTUS se ha vuelto cada vez más tóxico, esto no significa que los jueces vayan a actuar como el brazo judicial del partido político que los nominó. (Flickr)

Los republicanos han actuado con tenacidad en el tema de las nominaciones judiciales y muchos demócratas quieren responder a ello “abarrotando la Corte”. Lo más probable es que ambas facciones han hecho sus cálculos pensando que un juez votará sistemáticamente en el lado conservador o liberal de una cuestión. Aunque esto puede ser parcialmente correcto, las sentencias de ayer nos muestran que, una vez confirmados, los jueces de la Corte Suprema son independientes a presiones políticas.

Sin duda, sería extremadamente ingenuo pensar que los nombramientos judiciales están libres de intereses políticos, después de todo, la filosofía constitucional y las opiniones personales de cada nominado ciertamente tienen un efecto en sus decisiones. Sin embargo, es absurdo pensar que los jueces se ajustarán a la línea del partido una vez en el banquillo.

Para consternación de los que quieren abarrotar la Corte y para los muchos que esperaban que los tribunales le dieran a Trump una victoria en unas elecciones que perdió, los jueces de la Corte Suprema no son políticos con toga, y todos deberíamos estar agradecidos por ello.

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