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Big Tech, El American

¿Creador de JavaScript le gana la pulseada a las Big Tech?

Los usuarios pueden cambiar en masa hacia opciones distintas que sean más satisfactorias por particularidades o criterios más generales de eficacia, eficiencia y rendimiento

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La realidad más cotidiana nos demuestra que la competencia económica en el mercado es una innegable realidad. No importa cuántas teorías pueda haber en su contra, porque la fuerza del orden espontáneo acaba siendo la que, pese a todos los obstáculos, puede determinar ciertos rumbos.

Lo dicho anteriormente se aplica a las Tecnologías de la Información. En este artículo hablaremos sobre un escenario relacionado con el software: los navegadores web, es decir, las aplicaciones que utilizamos para consultar lo que sea menester en la red de redes.

Concretamente, sobre el navegador Brave, cuyo desarrollo contó con personas como Brendan Eich, creador de JavaScript (uno de los lenguajes de programación más empleados según el Ranking TIOBE de enero de 2022) y cofundador de Mozilla Foundation, entidad que sostiene a la solución conocida como Mozilla Firefox.

Una nueva “tecnología alternativa” emergente

Por “tecnología alternativa” nos referiremos a cualquier solución vinculada a las llamadas Alt Tech. Estas son desarrolladas y mantenidas por emprendedores y empresarios que desafían las directrices ideológicas de las Big Tech (entidades como Google, Amazon, Microsoft, Twitter y Facebook).

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Estas destacan por ser más amigables con el derecho del individuo a la privacidad (el secreto de las comunicaciones y otras acciones son intrínsecas al derecho a la propiedad), por cierta apertura a las cadenas de bloques (el paradigma del blockchain) y por no participar de la censura de voces contrarrevolucionarias, contrarias a la Revolución y al socialismo.

Podemos decir que el navegador web Brave es uno de tantos ejemplos. De hecho, aunque se lanzó hace seis años, su popularidad empezó a ser notoria entre 2020 y 2021, a raíz de acontecimientos como las presuntas irregularidades electorales en Estados Unidos y las directrices de la OMS y el Partido Comunista chino en la crisis del coronavirus COVID-19.

Una solución de código abierto y comprometida con la privacidad

Para comenzar, hablamos de una solución informática totalmente ajena al proteccionismo intelectual (esos mecanismos de censura y obstaculización de la libre iniciativa que, en su sentido más oficial y eufemístico, vienen a conocerse como “propiedad intelectual” o “sistema de licencias y derechos de autor”). 



Entre sus características principales están la no comercialización y transferencia de datos privados, flexibilidad en el bloqueo de anuncios, posibilidad de no rastrear las búsquedas, billetera de criptomonedas, un token de recompensa a los creadores de contenido e integración predeterminada con el motor de búsqueda “pro-confidencialidad” DuckDuckGo (alternativo a Google).

Por otro lado, la base de su código se basa en el proyecto de código abierto Chromium, que fue la cuna de Google Chrome, el navegador web de la compañía de Mountain View (California) cuyo nombre no es necesario menciona. Recordemos que esta misma ha servido como base a navegadores como Opera, mantenido en Noruega.

Relevancia y aceptación positiva, en cifras

Nada es estático en estos entornos tecnológicos. Del mismo modo que lo que hoy es puntero, mañana puede estar relativamente desfasado. Los usuarios pueden cambiar en masa hacia opciones distintas que sean más satisfactorias por particularidades o criterios más generales de eficacia, eficiencia y rendimiento.

Vimos en su día cómo Google Chrome consiguió poner al borde del ostracismo a Internet Explorer, cómo se hundió MySpace en los Estados Unidos, cómo revolucionaron los actuales teléfonos inteligentes el mercado de las tablets, cómo las criptomonedas superan en valor al fraudulento dinero fiduciario.


Pues bien, este mismo mes de enero hemos tenido noticia de que, según sus responsables, el proyecto ha superado los cincuenta millones de usuarios activos (habiendo premiado ya alrededor de 1.3 millones de portales web que se han suscrito a la iniciativa del token de recompensa que mencionamos anteriormente).

De hecho, en la tienda de aplicaciones móviles de Android que conocemos como Google Play, este tiene una valoración superior a los cuatro puntos y medio en una escala total de cinco (calificaciones). De hecho, a finales de 2020, se le consideraba como uno de los navegadores mejor valorados

Es cierto que aún no supera a soluciones como Google Chrome, que tiene ya unos 2.65 miles de millones de usuarios en todo el orbe. Pero tengamos en cuenta que las soluciones del cofundador de Mozilla Foundation no forman parte de ninguna clase de mainstream o technological trend.

Con lo cual, resulta interesante centrarse en otros rasgos tales como la velocidad del crecimiento de usuarios y el número de usuarios que tienen sistemas operativos como Android (junto a iOS, ejerce cierto “liderazgo interno” en el entorno de los smartphones). Los análisis no tienen que ser monótonos, limitados a una mera variable.

Así pues, podemos observar cómo, en cierta medida, la libertad de mercado no solo abre paso a la innovación, sino que también sirve para reprender a entidades que se centran más en la prebenda política propia que en intereses sociales generales (privacidad y mejor servicio) pendientes a resolver de manera espontánea por medio del mercado.

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