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Crisis de indigencia avanza sin piedad en Seattle ante fracaso de políticas asistencialistas

En el período 2019-2020, el promedio de Homeless en todo Washington superó el de todo el país. Solo en el área del condado de Seattle King, se estima que hay 11,751 personas sin hogar que viven en las calles o en refugios

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La crisis de indigencia no es nada nueva, pero no deja de sorprender como sigue avanzando sin piedad en todo el estado de Washington, sobre todo en Seattle. Además, las grandes urbes de todo el país tampoco quedan ausentes de lo que se ha vuelto un problema estructural. Lo más curioso de ello, es que en todos los estados donde el número de sintechos siguen creciendo constantemente existe un común denominador: las políticas asistencialistas, lejos de ayudar, están empeorando una situación que necesita soluciones eficientes cuanto antes.

Indigencia: un problema estructural que afecta al estado de Washington y las urbes más grandes del país

De acuerdo con el informe anual del Congreso, el estado de Washington tuvo uno de los mayores aumentos estimados de indigentes en el país entre 2019 y 2020. Según las cifras, la falta de vivienda en general en todo Estados Unidos creció más del 2 % en ese período, pero Washington tuvo un aumento general del 6,2 %, por lo que se posiciona como el tercer mayor aumento en el número de personas sin hogar entre los 50 estados.

«El informe también muestra que Washington no es el único que se enfrenta a uno de los tipos de sinhogarismo más devastadores y difíciles de aliviar: el sinhogarismo crónico, definido como los episodios frecuentes o prolongados de sinhogarismo que sufren las personas con discapacidad», explicó el periódico The Seattle Times. ¿Qué quiere decir? Que los indigentes que entran en esta categoría de «sinhogarismo crónico», normalmente, padecen «problemas de salud mental o de adicción que les impiden permanecer en una vivienda sin un tratamiento intenso u otros apoyos», explicó el periódico.

De acuerdo con los datos del informe, en todo Estados Unidos se contabilizó un 15 % más de “personas sin hogar crónicas” en el periodo 2019-20, lo que genera que el problema estructural sea aun mayor.

Hay más datos que son desalentadores con relación a Washington y sus grandes urbes como Seattle. Washington vio un aumento del 20 % en la falta de vivienda familiar entre 2019 y 2020, posicionándose en los primeros puestos a nivel nacional. Por otra parte, Seattle y el condado de King, por séptimo año consecutivo, ocuparon el tercer lugar en todo el país en cuanto a la población general de personas sin hogar en las principales áreas urbanas.

Se está volviendo común mirar a familias sin hogar que viven acampando en parques o en vehículos.

Pero no hay que dejarse llevar por el relato preestablecido, como el que la crisis de indigencia se da únicamente en zonas urbanas a raíz del alto costo de la vida impulsado por las grandes compañías como Microsoft, cuestión que se replica en San Francisco. No es nada más eso, el problema es mucho más complejo y, de hecho, la crisis de indigentes está trascendiendo lo urbano y ya se aprecia en las zonas rurales.

«Un dato revelador es que las zonas urbanas de Washington no fueron las únicas partes del estado que registraron un elevado número de personas sin hogar crónicas. Las áreas rurales de Washington se clasificaron como las que tienen el mayor número de personas que experimentan una falta crónica de vivienda entre las comunidades rurales del país», reseñó The Seattle Times.

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Personas sintecho acampan en las calles de Seattle (flickr)
Los análisis defectuosos impiden una respuesta efectiva

¿Qué provoca un deterioro todavía mayor de la crisis de indigencia? Justamente, uno de los problemas es que el diagnóstico es poco certero y las soluciones están generando resultados nocivos.

Por ejemplo, la oficina de la alcaldesa de Seattle, Jenny Durkan elaboró un informe donde explicaron varias de las «causas» que generan esta crisis de homeless.

Si bien la alcaldía reseñó algunos puntos lógicos y ciertos, como los problemas de adicción y de pobreza, o los cambios demográficos, las autoridades estatales también alegaron que una de las razones que agravan la crisis de indigencia son las «disparidades raciales». Esto no es una realidad palpable y perjudica desviando la atención del punto clave del asunto.

«Las personas que experimentan la falta de vivienda son desproporcionadamente personas de color. Los problemas sistémicos de la desigualdad racial y las políticas que impulsan esa desigualdad se entretejen en toda nuestra ciudad», explicó el informe de la oficina de Durkan. «Estas disparidades siguen apareciendo de muchas maneras —el nivel de estudios, la esperanza de vida y el acceso a la atención sanitaria, el acceso a una vivienda asequible y el acceso a la formación laboral para los trabajos con salarios familiares— y son indicadores clave para determinar el éxito en Seattle. De las 21, 500 solicitudes para el programa de vales de elección de vivienda de SHA de 2017, más del 35 % procedían de personas de color».  

La narrativa de problemas raciales con la crisis de indigencia no solo es fácticamente errónea, sino contraproducente, porque desvía la atención de lo más importante: la mayoría de las personas sintecho pueden volver a trabajar y necesitan una segunda oportunidad; lo cual otorga una ventana para constituir políticas más efectivas.

Además, el tema de la disparidad de raza se rebate fácilmente con datos: de las 11,751 personas sin hogar en Seattle King, las personas blancas representan un 48 % de la cifra total, los afroamericanos un 25 %, los asiáticos 2 %, los nativos americanos 15 %, nativos de Hawái o de las islas del Pacífico 4 %, y multirraciales 6 %.

Políticas asistencialistas fracasadas
Un hombre sin hogar duerme frente a la sede del IRS en Washington, DC. (EFE).
Las políticas asistencialistas fracasaron

Hay un artículo muy interesante titulado «Helping the homeless: lessons from welfare reform», escrito por Peter Cove y publicado en The Hill, que data del 2019. Allí se leen varias de las lecciones que las autoridades de cada estado deberían aprender para combatir la crisis de indigencia.

«La reducción de la asistencia social ha sido quizás la política pública nacional más exitosa de Estados Unidos. Diez años después de la ley de reforma de la asistencia social de 1996, se redujo el 60 % del número de casos nacionales. La razón: los programas “work first” y los requisitos de trabajo para mantener las prestaciones. Anteriormente, las listas de asistencia social habían aumentado, década tras década, pero este cambio de política invirtió la tendencia y redujo en millones las personas dependientes de la asistencia pública».

Inicio del artículo de Peter Cove en The Hill.

En efecto, lo que se explica en la columna es que, una inmensa mayoría de los indigentes son personas perfectamente capaces de reinsertarse en la sociedad mediante una segunda oportunidad laboral y de vivienda.

En la actualidad, el número de indigentes crece sin cesar pese a que el gasto público para reducir el sinhogarismo sigue aumentando. De acuerdo con la pieza de Cove, «Entre 2017 y 2018, el sinhogarismo aumentó a nivel nacional en un 0,3 % o 1,834 personas. Pero el 67 % de las personas que experimentan la falta de hogar se pueden encontrar en los diez estados con el mayor número de personas sin hogar», esto según los datos de la Alianza Nacional para Acabar con la Falta de Vivienda (NATEH).

En Los Ángeles y San Francisco, explica Cove, el número de personas sin hogar aumentó en un 12 % y un 16 %, respectivamente, y las políticas asistencialistas, de la mano con el aumento del gasto público, tuvo un efecto inverso en el número de personas sin hogar.

En un documental interesantísimo de Christopher F. Rufo, «Chaos by the Bay», el autor explica algunas de las políticas fallidas en San Francisco con respecto a la indigencia. De acuerdo con el vídeo, la ciudad tiene más de 18,000 vagabundos, incluyendo 4,000 que sufren enfermedades mentales y adicciones, todo pese a que la ciudad destina anualmente unos mil millones de dólares a esta población.

La crisis de Homeless afecta a San Francisco.

En San Francisco, solo para tener una idea, el problema de adicciones es tan grave que las sobredosis mataron más que el COVID-19 en el 2020. Lo más curioso de todo esto, es que muchas muertes por sobredosis ocurrieron en edificios de apartamentos de bajos ingresos y en habitaciones de hotel financiadas por la ciudad, de acuerdo con la información del San Francisco Chronicle. Un episodio más de «La ayuda que mata», por parte del Estado.

La situación no es muy diferente en Seattle, pues en el último lustro, su área metropolitana padeció el aumento indiscriminado de indigentes, delincuencia y adicción.

Solo en el año 2017, la agencia de servicios sociales del condado de Seattle King, All Home, encontró 11,643 personas durmiendo en tiendas de campaña, coches y refugios de emergencia.

De acuerdo con City Journal, además, los delitos contra la propiedad crecieron a una tasa dos veces y media mayor a la de Los Ángeles y cuatro veces superior a la de New York.

¿Y qué hizo la ciudad de Seattle? Se gastó más de mil millones de dólares al año combatiendo la crisis de indigencia. Según explicó Cove en su columna, «eso supone casi 100,000 dólares por cada hombre, mujer y niño sin hogar del condado de King».

Trabajos, trabajos y más trabajos: la política que debe implementarse

Las políticas asistencialistas fracasaron en New York, California, Washington (Seattle) y casi el resto del país. Sin embargo, «housing first», que ha sido de las políticas menos financiadas, sí ha tenido un éxito más claro.

«Los estudios realizados en Denver, Boston, Seattle y Utah demuestran que se ha reducido considerablemente el número de personas sin hogar, hasta un 72 % en algunos casos. En la ciudad de New York, cada persona alojada en el programa (housing first) ahorra a los contribuyentes 10,000 dólares al año. Sin embargo, la dependencia continua de los servicios sociales, las viviendas de transición y los refugios constituyen la mayor parte del dinero público gastado», explicó Cove.

Este no es punto menor, el problema no son las políticas que se generan del Estado, el problema es que la mayoría de ellas son poco funcionales, costosas y empeoran la situación. Y las buenas apenas llaman la atención.

Si a una política como la de housing firts, donde se lleva a los indigentes a una vivienda, se le agrega una política «work first», donde al indigentes se le consigue un trabajo, una segunda oportunidad, el problema podrá mejorar al largo plazo y no empeorar como la crisis actual.

Claro, no es una solución mágica y, de hecho, hay muchos factores a tomar en cuenta: como qué indigente puede ser reinsertado y cuál necesita ayuda psicológica. Pero, a todo esto, hay un dato alentador: aproximadamente el 75 % de las personas sin techo del país no padece enfermedades mentales graves.

Este es un buen número con el que se puede trabajar y atacar a esta gran crisis de indigencia que avanzó sistemáticamente ante la ineficiencia de políticas asistencialistas.

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