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Duras críticas a desvergonzado artículo del Washington Post sobre los niños y el «sexo kink» durante el Pride

La autora, Lauren Rowello, está recibiendo infinidad de críticas en redes sociales por publicar una pieza de opinión titulada: «Sí, el kink pertenece al Orgullo (pride). Y quiero que mis hijos lo vean»

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El mes del orgullo LGBT terminó y dejó una polémica relacionada a un controvertido artículo publicado en The Washington Post a cargo de la escritora Lauren Rowello. La pieza titulada «Sí, el kink pertenece al Orgullo (Pride). Y quiero que mis hijos lo vean», argumenta que a los niños no se les debe proteger de la sexualización intrínseca que presenta el movimiento sexual «kink» en las marchas del Pride.

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Título y entradilla del artículo de opinión de la escritora Lauren Rowello. (Captura de pantalla)

El sexo kink, para el que no conozca el término, son las prácticas sexuales no convencionales. Básicamente, todo aquello que sea una relación sexual no normativa; que tiene diferentes niveles, desde los juegos de fantasía, hasta los azotes, el sadismo o los fetiches.

En la comunidad LGBT, a las personas que se identifican como practicantes del sexo kink, se les identifica con la letra Q; de Queer, pues es el término «que se utiliza para describir orientación sexual, identidad de género o expresión de género (la manera de manifestar la masculinidad o feminidad externamente) que no se adecúa a las normas sociales dominantes», según la BBC.

Sin embargo, dentro de la propia comunidad LGBT tienen reservas para incluir a los «kinkster» como elemento de la Q. En las marchas del Pride se pueden observar a personas que practican el sexo kink mostrándose explícitamente sexualizadas. Algunos utilizan atuendos con tirantes o cuero dejando partes íntimas desnudas, también usan cuerdas amarradas en el cuerpo, látigos y dejan por lo general imágenes potencialmente grotescas para muchas personas.

Para Rowello, el kink pertenece al Pride y se les debe apoyar. Ella relata un episodio que vivió en carne propia cuando fue a una marcha del Orgullo con sus hijos y su pareja trans.

«Cuando nuestros hijos se cansaron de marchar, nos dejamos caer en una acera cercana. Justo cuando nos acomodamos, nuestro hijo de primaria señaló en dirección a las carrozas que se acercaban, levantando una ceja hacia un hombre con el pecho desnudo y gafas de sol oscuras cuyos tirantes negros se enganchaban a una correa de cuero», relata Rowello.

«El hombre se detuvo para que un compañero lo azotara juguetonamente con un látigo. “¿Qué están haciendo?”, preguntó mi hijo curioso mientras nuestro hijo más pequeño los animaba. La pareja fue la primera de unas cuantas docenas de kinksters que bailaron por la calle, riendo juntos mientras hacían girar sus látigos y bastones, algunos llevando a sus compañeros de las correas. En aquel momento, mis hijos eran demasiado jóvenes para comprender los matices de la situación, pero les dije la verdad: que esa gente era miembro de nuestra comunidad que celebraba lo que es y lo que le gusta hacer».

Parte del artículo publicado en The Washington Post.

La autora, quien en su Twitter se identifica como “escritora realmente autista” y “extrabajadora sexual”, dice que a los jóvenes no se les debe limitar el conocimiento sobre las prácticas kink en las calles y que sus pequeños hijos entendieron que la comunidad Queer iba mucho más allá de las formas no tradicionales “de ser, vivir y amar”.

Los participantes con atuendos drag asisten al desfile anual del orgullo LGBTQ (Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transgénero y Queer) en París, Francia, el 26 de junio de 2021. (EFE)

«La comunidad kink ha participado en el Orgullo desde sus inicios, arriesgando sus trabajos y su seguridad para ser auténticamente ellos mismos en público. Sin embargo, cada año, cuando se acerca el mes del Orgullo, surge un debate sobre si el kink debe estar presente en el Orgullo. Aquellos que esperan expulsar a los kinksters suelen citar la presencia de niños como su principal preocupación», escribió Rowello.

«Este fue el caso de este año cuando los usuarios de Twitter argumentaron que el kink en el Orgullo es una experiencia altamente sexualizada de la que los niños deberían estar protegidos (…) Estoy de acuerdo en que el Orgullo debe ser un espacio acogedor para los niños y los adolescentes, pero vigilar la forma en que otros se presentan no protege ni eleva a los jóvenes. En cambio, homogeneizar la autoexpresión en el Orgullo hará más daño a nuestros niños que bien. Cuando mis propios hijos vieron la cultura kink, se dieron cuenta de que la comunidad Queer abarca muchas más formas no tradicionales de ser, vivir y amar».

«Yes, kink belongs at Pride. And I want my kids to see it», es el título original de la polémica pieza.

Las críticas a la autora y al Washington Post por sugerir que los niños deben aprender sobre el movimiento sexual kink

La pieza es notoriamente controvertida y hasta desvergonzada. Sugerir que un niño debe mirar o aprender sobre un movimiento sexual asociado a la desviación del comportamiento sexual es peligroso, o al menos así lo interpretan los usuarios en Twitter que rápidamente salieron a criticar duramente el artículo de Rowello.

«En una sociedad cuerda, CPS ya estaría en camino», escribió Ben Shapiro, editor Emeritus del Daily Wire, publicando el enlace de la pieza.

«Las ‘bendiciones de la libertad’ se han centrado últimamente en exponer a los niños a contenido sexual extraño últimamente», dijo Drew Holden, columnista en diferentes medios.

Muchos usuarios en redes acusaron al artículo de Rowello de promover la pedofilia e incluso pidieron prisión por ello.

«¿Es esta una confesión abierta de ser un pedófilo? Pregunta seria. Si está promoviendo la sexualización de los niños, usted y el @washingtonpost deberían estar en serios problemas por esto», escribió Barrington Martin II, escritor y presentador en Newsweek.

Dentro de los miles de comentarios, se destaca uno del periodista Glenn Greenwald, quien opinó que «El problema es que cuando un movimiento social altamente financiado tiene éxito en todos sus objetivos, no declarará la victoria y se detendrá: demasiado dinero, demasiada burocracia activista y puestos de trabajo en juego, por lo que sigue expandiéndose para justificar su propia existencia en un proceso irreconocible».

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