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“Entregar la sonrisa y la educación de mi hijo no es opción”: la cruzada de los padres contra el Estado

Crece el descontento de los padres: se niegan a entregar la tutela de sus hijos al Estado

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Recientemente, la candidata demócrata a gobernadora de Georgia, Stacey Abrams, fue fotografiada sin mascarilla, sentada entre estudiantes de una escuela primaria de Decatur que, a diferencia de ella, llevaban sus rostros cubiertos. La imagen quedó como evidencia para exponer la verdadera cara de quienes creen que tienen el derecho a elegir sobre los demás.

Mientras Adams sonreía a la cámara y respiraba con libertad, los niños —que ahora están obligados a vacunarse contra el COVID-19— debían cumplir con la imposición de tapar sus rostros en contra de recomendaciones de expertos que aseguran que el uso de mascarilla en infantes es perjudicial.

La imagen de la candidata demócrata no es más que un reflejo de cómo actúa el Estado: impone normas, materias e ideologías pisoteando la voluntad de los padres y la libertad de los hijos.

Una madre es capaz de abandonar su país, atravesar fronteras y tomar duras decisiones solo para mejorar la calidad de vida de sus hijos; muchas madres latinas son muestra de ello. Pese a todo esto, ahora el Estado empieza a adueñarse de esa “patria potestad” para obligarles a vacunarse, a taparse el rostro y a adoctrinarlos con nuevas ideologías.

Madres organizadas empiezan a moverse en el mundo para denunciar medidas y decisiones “abusivas” contra sus hijos. Ocurrió en España, por ejemplo, donde recientemente un grupo de madres navarras organizó una concentración en protesta contra lo que consideran unos protocolos abusivos en los colegios. “Los niños son los menos afectados y los que más están sufriendo”, denunciaban.

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En Canadá, en las manifestaciones del Convoy por la Libertad, madres e hijos también protestaban contra las medidas sanitarias. “Mi hija mayor empieza el colegio en septiembre y no quiero que tenga que llevar mascarilla”, dice Katherine Welk, quien decidió vacunarse contra el COVID-19, pero que asegura estar “harta” de las medidas sanitarias.

Retraso en el aprendizaje del lenguaje, una de las preocupaciones

En Estados Unidos, organizaciones como el Foro de Mujeres Independientes alza su voz constantemente ante las “injusticias” del Estado.

Karina Gómez, directora de la escuela inicial Rainbow Land de New Jersey, dijo en una entrevista para El American que como personal administrativo debe lidiar no solo con el Estado, que impone normas como las mascarillas obligatorias, también situaciones donde parece que “los niños, hoy, son los que se imponen sobre los padres”.



Gómez manifestó preocupación por la imposición de las máscaras debido a que traerá consecuencias a mediano plazo con niños con retraso en cuanto al aprendizaje del lenguaje.

“Los niños a nivel de fonética para aprender a leer y a hablar aprenden con los sonidos y los labios. ¿Cómo hacen para ver la boca de las maestras? Es muy difícil que un niño aprenda la fonética como es con los rostros tapados. Esta consecuencia la vamos a ver en 2 y 3 años. Niños que a nivel de lectura van a estar muy atrasados por el uso de las máscaras tanto en las maestras como en los niños. Esto se va a ver a la larga; niños muy atrasados en el área del lenguaje”, explicó.

La directora del colegio se mostró en contra de las imposiciones de las vacunas en los niños. Prevé que habrá problemas con los padres si se obliga la vacuna contra el COVID-19 en el caso de los más pequeños.

“En New Jersey tenemos una ley de que los niños antes de los 5 años y antes de diciembre deben ponerse la vacuna contra el flu, y hay padres que no quieren. Yo me pongo del lado de los padres que dicen: si no me da la gana de ponerme la vacuna, ¿por qué me tienen que obligar para que mi hijo tenga acceso a la educación gratuita?”, dijo Gómez.


“Se está escuchando este mes que se va a obligar a vacunar a los niños menores de 5 años. Eso va a ser un desastre porque un gran porcentaje de padres no va a querer vacunar a sus hijos”, agregó.

Las medidas sanitarias impuestas por los Estados en el mundo son solo la punta del iceberg de cómo gobiernos pretenden asumir decisiones que deberían estar a discreción de los padres.

Recientemente, la representante demócrata de Wisconsin Lee Snodgrass eliminó un tweet que evidencia la mentalidad de los gobernantes que quieren influir en la educación de los niños aprovechándose de la vulnerabilidad de los padres: “Si los padres quieren ‘opinar’ sobre la educación de sus hijos deberían educar en casa o pagar la matrícula de un colegio privado con su presupuesto familiar”, cita la desafortunada publicación.

¿Qué quiso decir la legisladora demócrata? ¿Si no le gusta que el Estado adoctrine a sus hijos, entonces pague por una escuela privada? Y si no tiene los recursos, ¿no tiene opción?

Las reacciones no se hicieron esperar. Helen Aguirre Ferré, directora ejecutiva del Partido Republicano de Florida, le recordó que los recursos con los que se mantiene el Estado provienen de los presupuestos familiares de aquellos a quiénes quieren adoctrinar.

“La izquierda siempre olvida que los presupuestos familiares pagan al gobierno. No es ‘su dinero’, es nuestro dinero lo que están gastando”.

Aguirre Ferré

“No importa la nacionalidad, la raza o la religión. Entregar la sonrisa, la educación y los valores de nuestros hijos al Estado no es opción”, señaló a El American Carla Mendoza, madre hispana que reside en California y quien tiene a sus hijos en una escuela pública.

Teoría crítica de la raza e ideología de género: el descontento de los padres

No es de extrañar que desde 2018 se vea un éxodo de alumnos de las escuelas públicas, pues miles de padres se ven alarmados ante la eliminación gradual de la enseñanza religiosa y el diseño de escuelas funcionando a favor de una “agenda liberal agresiva”.

“Los padres que son conservadores sienten que sus valores están siendo oprimidos. Los valores tradicionales ya no se respetan en las escuelas. El Gobierno se ha vuelto demasiado grande, por lo que la voz de un padre no cuenta ahora”, dijo a la BBC Kari Beckman, directora ejecutiva de la escuela privada Regina Caeli en Texas.

En el país crece el descontento de los padres ante un Estado que cada día se considera con más poderes para influir en la educación de los niños.

Un reportaje de Los Ángeles Times reveló que “la proporción de familias americanas que educan en casa a por lo menos un hijo aumentó del 5.4 % en la primavera de 2020, al 11.1 % en el otoño de 2021, según un análisis de la Oficina del Censo”. Agrega que “el número de familias negras que optaron por la educación en el hogar se quintuplicó durante ese tiempo, del 3.3 % al 16.1 %”.

De acuerdo con el Times, lo que todos estos padres tienen en común es el deseo de tomar el control de la educación de sus hijos: “Las escuelas implementan demasiados protocolos de seguridad ante el COVID-19, o muy pocos. A eso se suma la postura polarizada sobre la teoría crítica de la raza, niños neurodivergentes que luchan con la instrucción virtual y una creciente desconfianza general en el sistema de escuelas públicas”.

Una madre latina que vive en California y que prefirió mantenerse en anonimato comentó a El American: “dicen que quieren igualdad y tolerancia, pero separan a nuestros hijos por color. Con cosas como la teoría crítica de la raza ahora se impone la narrativa de que ser blanco es malo y ser negro es bueno, el que nació blanco será poderoso y el que nació negro será fracasado […] Nos quieren imponer estereotipos y definir con ellos el futuro de nuestros hijos”, denunció.

“Estamos llegando a los extremos. Esto no sé a dónde va a llegar, es la nueva generación y es lo que estamos viviendo lamentablemente, no hay conformidad. Cada vez hay que buscar algo que modificar, nunca van a estar conformes”, dijo Karina Gómez en tono de frustración tras todas las nuevas normas impuestas relacionadas con los géneros de los niños.

“En New Jersey lo que se decidió es adicionar un baño extra en cada piso que no tiene género. Inclusive ahora los baños ya no tienen la falda para el de niñas y los pantalones para los de niños, porque entonces una niña viene y dice: soy niña, pero a mí no me gustan las faldas, ¿por qué ponen faldas al dibujo?”, señaló Gómez.

Recordó que, así como ahora los niños intentan controlar a sus padres, hay leyes como la “No Child Left Behind” (Que ningún niño se quede atrás) con la que los estudiantes pueden pasar de grado sin si quiera estar preparados.

“En las escuelas públicas no se están enseñando valores familiares y se están perdiendo. Es frustrante todo lo que está pasando y no poder hacer nada”.

Karina Gómez

Conservadores inician cruzadas legales que benefician a padres e hijos

Mientras un grupo de madres conservadoras de New Hampshire está ofreciendo US $500 para detectar a los profesores que violen una ley estatal que prohíbe algunas lecciones sobre sexismo y racismo, según The Independent, estados como Florida ya iniciaron una lucha contra la teoría crítica de la raza. En diciembre de 2021, el gobernador Ron DeSantis presentó una propuesta de ley que le permitiría a los padres del estado demandar a las escuelas que la impartan.

Legisladores en Tennessee e Idaho han prohibido su enseñanza en el plan de estudios de sus escuelas públicas, mientras que los padres en Texas se oponen a los esfuerzos de un distrito escolar para combatir el racismo con lecciones de “conciencia cultural”.

En Virginia se habilitó una línea telefónica para denunciar a cualquier maestro que enseñe contenidos “divisivos”. En Oklahoma se presentó un proyecto de ley que permitiría a los padres requerir la eliminación de “libros de naturaleza sexual” de las bibliotecas de las escuelas públicas y autorizó multas y acciones disciplinarias contra aquellos que no accedan a las demandas.

Que autoridades republicanas se unan a la tarea de impedir las imposiciones del Estado evidencia que los padres no están solos en la lucha de proteger sus roles frente a la educación y tutela de sus hijos.

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