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Cuba, El American

Todos somos Cuba: contra el proyecto expansionista de Fidel Castro

La llegada del Foro de Sao Paulo no fue silenciosa ni su progreso estuvo aislado de la realidad histórica de Occidente. Todo lo contrario: ocurrió a la vista de todos e hizo mucho ruido

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La ola de protestas que inició en Cuba el pasado 11 de julio es de suma importancia para el continente americano. No solo porque se trata de una ciudadanía oprimida que se alza una vez más contra una dictadura comunista que la victimiza desde hace 62 años, sino porque esa misma dictadura tiene sus manos metidas en la extensión del territorio, desde Seattle hasta la Patagonia, sin exclusión de ningún país. El proyecto socialista de Fidel Castro es una amenaza expansionista para la seguridad del hemisferio.

No es solo una cuestión de retórica. Hoy en día, decenas de miles de agentes de inteligencia cubana, entre los que se incluye a las misiones médicas (que han sido reconocidas como instancias de esclavitud moderna por Europa), soportan y asisten a regímenes dictatoriales como los de Venezuela y Nicaragua. La ideología comunista que sustentó la Revolución de Castro hoy vive en cada uno de los países del hemisferio, se inocula desde las instituciones y hasta cobra dinero público.

De tal manera que las protestas en Cuba contra el actual heredero del proyecto castrista, Miguel Díaz-Canel, nos conciernen a todos. En este punto, cuando amigos de una Revolución concebida como antiamericana ya ocupan asientos en la Cámara de Representantes y en el Senado, concierne especialmente a Estados Unidos.

Aunque su expansión se hizo más evidente en las últimas décadas, su llegada no fue silenciosa ni su progreso estuvo aislado de la realidad histórica de Occidente. Todo lo contrario: ocurrió a la vista de todos e hizo mucho ruido.

La Unión Soviética mutó en Cuba: el Foro de Sao Paulo

El triunfo de la Revolución cubana en 1959 —la primera revolución comunista del continente americano— supuso el establecimiento de firmes relaciones diplomáticas y comerciales con la Unión Soviética (URSS). Fidel Castro se convirtió en fiel aliado de Moscú durante la Guerra Fría, con el que mantuvo una relación de dependencia militar y económica que convertía a La Habana en un frente estratégico de inteligencia antiamericana (o antioccidental) contra Estados Unidos.

Tras el fracaso del bloque socialista en 1990, cuando la disolución de la URSS era inminente, la Revolución cubana tuvo un momento crítico. Había quedado acéfala y sin recursos económicos ni militares, vulnerable ante unos Estados Unidos victoriosos y fortalecidos. Castro, quien ya había establecido contactos en toda Latinoamérica, se vio en la necesidad de reforzarlos y exportar masivamente su ideología por todo el continente. Fue entonces cuando engendró su proyecto expansionista: el Foro de Sao Paulo.

Una de esas alianzas que ya había amasado Fidel en Latinoamérica era el Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil, de la mano de su fundador, el hoy expresidente Luiz Ignacio Lula da Silva. En 1990, Castro y Lula mantuvieron las primeras reuniones con distintos grupos políticos de la izquierda latinoamericana y constituyeron un foro de partidos comunistas y socialistas que, bajo la bandera del progresismo, tenía la intención de hacerle frente al avance del capitalismo en la región.

Al momento de la fundación del Foro de Sao Paulo, el Partido Comunista de Cuba (PCC) era el único miembro que ostentaba el poder en un país latinoamericano. Sin embargo, sus integrantes accederían al poder paulatinamente en el curso de los siguientes 20 años, hasta llegar a dominar buena parte de la región e influir en todos los países.

Venezuela: el primer intento

En 1992, dos años después de la fundación del Foro de Sao Paulo, Venezuela vivía una crisis política. Tras una fuerte recesión económica que tuvo lugar a finales de los años 80, el entonces presidente Carlos Andrés Pérez planteó un paquete de medidas económicas que buscaban liberalizar la economía venezolana, recortar considerablemente el gasto público y someterla a un programa de supervisión del Fondo Monetario Internacional. Entre esas medidas se encontraba un aumento súbito de los precios del combustible y del transporte público, dos pasos sumamente impopulares para un país acostumbrado al subsidio de la gasolina.

El 4 de febrero, el presidente Pérez regresaba del Foro Económico Mundial en Davos y era recibido por una rebelión militar que pretendía un golpe de Estado en su contra, liderado por el teniente coronel del Ejército, Hugo Chávez Frías. Aunque la operación no tuvo éxito, el momento captó la atención del mundo y, especialmente, la de Fidel Castro.

Dos años después, Chávez era recibido en Cuba como un héroe revolucionario y exponía su proyecto de “transformación” de Venezuela en la Universidad de La Habana por invitación de Fidel Castro. Ya entonces, Chávez se refería a Cuba como un «bastión de la dignidad latinoamericana» y anunciaba sus planes de «seguir los pasos» de la Revolución.

En 1999, Chávez asumía el poder en Venezuela tras su victoria electoral y sepultaba la Constitución. El Foro de Sao Paulo había logrado su primera y más grande conquista: tenían el poder sobre la nación latinoamericana con las más grandes reservas de petróleo del mundo y la mayor concentración de recursos naturales de la región.

Los mesías del Cono Sur: el avance de la izquierda

Seguido al triunfo de Chávez y la instalación del Foro de Sao Paulo en la riquísima tierra venezolana, en conjunción con el boom de los commodities que benefició especialmente a los países petroleros de la región, la primera década del siglo XXI fue una racha de victorias para la izquierda comunista liderada por Castro.

El PT de Brasil logró llevar a Lula da Silva al poder en 2002; el Partido Justicialista (con la venia del Partido Comunista) puso a Néstor Kirchner al mando de Argentina en 2003; el Frente Amplio de Uruguay le dio la presidencia a Tabaré Vázquez en 2004; el Movimiento al Socialismo juramentó a Evo Morales en Bolivia en 2005; el Partido Socialista de Chile eligió a Michelle Bachelet en 2006; el mismo año que Rafael Correa ganaba en Ecuador y Daniel Ortega en Nicaragua. Paraguay se unió al club con Fernando Lugo en 2008 y El Salvador con Mauricio Funes en 2009.

El Foro de Sao Paulo ya repetía en Argentina con Cristina Fernández de Kirchner en 2007; en Uruguay con José “Pepe” Mujica en 2009 y en Brasil con Dilma Rousseff en 2010. Mientras Ollanta Humala tomaba Perú en 2011 y Nicolás Maduro heredaba el poder de Chávez en Venezuela en 2013.

Todos esos líderes y sus organizaciones forman parte del Foro de Sao Paulo, junto a 123 partidos que hacen vida en 27 países y que mantienen constante interlocución con el objetivo de construir agendas y acciones comunes. Esa gran alianza de organizaciones comunistas también cuenta con el apoyo de organizaciones terroristas como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Colombia y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) de Chile y Perú.

Bajo la excusa del antimperialismo, el progresismo y la justicia social, el Foro de Sao Paulo se organizó para llevar adelante el proyecto que ellos mismos se enorgullecen en llamar socialismo del siglo XXI —un concepto original de Heinz Dieterich Steffan— e instalar Estados socialistas de corte marxista en toda la región. Lo mismo que Fidel Castro se empeñó en hacer de Cuba, pero esta vez a gran escala.

Desde su trinchera ideológica, el Foro cultivó el mayor escándalo de corrupción de la historia reciente de América Latina: Lula da Silva (y su sucesora, Dilma Rousseff) participaron en un esquema de sobornos que se implementó mediante la empresa constructora más grande de la región, la brasilera Odebrecht, que llegó a financiar los proyectos y campañas tanto de políticos copartidarios del Foro como de sus opositores.

El escándalo fue desenmascarado por la denominada Operación Lava Jato, un esfuerzo de inteligencia e investigación liderado por el magistrado, escritor y catedrático brasileño, Sergio Moro. En 2017, el Departamento de Justicia de Estados Unidos condenó a Odebrecht a pagar una multa de 2,600 millones de dólares, después de las confesiones de varios de sus directivos. Su director general, Marcelo Odebrecht, fue condenado a 19 años de cárcel en Brasil. Según la sentencia, entre 2001 y 2006 la empresa pagó cerca de 788 millones de dólares en sobornos en asociación con más de 100 proyectos en doce países.

Y tras ellos, miseria

Mientras tanto, los países latinoamericanos que fueron gobernados por el Foro de Sao Paulo en los últimos 20 años han implementado políticas socialistas que han empobrecido pueblos enteros y corrompido repúblicas. Venezuela pasó de ser uno de los países más ricos de la región a uno de los más pobres del mundo, con un índice de pobreza extrema de más del 80 % y más de cinco millones de venezolanos desplazados.

En Argentina, los escándalos de corrupción siguen persiguiendo a Cristina Fernández de Kirchner, quien hoy en día es vicepresidente de un país con 42 % de pobreza. En Nicaragua, con más del 36 % de la población en situación de pobreza, la dictadura de Ortega persigue y encarcela a su disidencia.

En Colombia, un país que ha logrado resistir la llegada del Foro de Sao Paulo al poder de la mano de Gustavo Petro —excandidato presidencial y líder del movimiento aliado Colombia Humana— se hizo público un informe elaborado por el servicio de inteligencia militar que expone los intentos de injerencia por parte de la dictadura de Cuba para sabotear la democracia de este país.

Chile, que llegó a ser un auténtico bastión de libertad y ejemplo en economía y progreso para la región, hoy se juega su Constitución en un proceso constituyente que derivó de constantes manifestaciones violentas por parte de la izquierda, alentadas desde Caracas bajo el grito de «brisa bolivariana».

El Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla

Tras la victoria de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en México, y consumadas sus fórmulas en casi toda América Latina, el Foro de Sao Paulo dio a luz a un nuevo foro político progresista que reúne a las élites y a los políticos activos de entre sus propios miembros. Compuesto por presidentes, expresidentes, parlamentarios, académicos y activistas de Latinoamérica y España, el Grupo de Puebla es el brazo legislativo del Foro de Sao Paulo.

Su web oficial define su objetivo principal con muchísima claridad: «Ser un ámbito de encuentro de parlamentarios, para desarrollar y articular iniciativas legislativas comunes, para que éstas puedan traducirse en proyectos de resoluciones, declaraciones y leyes en los respectivos países». Es decir, el Grupo de Puebla es la herramienta mediante la cual los políticos del Foro de Sao Paulo llevan a cabo su agenda común.

Algunos miembros destacados del Grupo de Puebla son Alberto Fernández, actual presidente de Argentina; el expresidente de Bolivia, Evo Morales; los expresidentes de Brasil, Dilma Rousseff y Lula da Silva; el expresidente de Colombia, Ernesto Samper; el expresidente de Ecuador y prófugo de la justicia, Rafael Correa, y el expresidente socialista de España, José Luis Rodríguez Zapatero.

Para nadie es un secreto, pues, que el Foro de Sao Paulo es el gran legado que Fidel Castro dejó a los partidos comunistas del continente americano para llevar a cabo en sus países el proyecto de su revolución. Ni siquiera ellos esconden esa intención.

El rol de Estados Unidos

El hecho de que Estados Unidos sea el enemigo número uno de Fidel Castro no lo exime de ser un objetivo. Al contrario: que una revolución socialista sacudiera las instituciones americanas sería una rotunda victoria para su proyecto expansionista.

En el seno de las instituciones de Estados Unidos ya hacen vida de élite política movimientos de corte socialista que no ocultan su apoyo a gobiernos comunistas. Sin ir más lejos, el senador Bernie Sanders, que defiende el “socialismo democrático” de Chávez, es considerado un “amigo revolucionario” por Maduro y considera que Morales «hizo un buen trabajo» en Bolivia, estuvo a punto de ganar la nominación demócrata para enfrentar a Donald Trump en las elecciones de 2020, algo que habría sido inimaginable hace una década.

La organización Democratic Socialists of America (DSA), cuyas raíces se remontan al Socialist Party of America (SPA) y que reúne a antiguos miembros del Partido Comunista de Estados Unidos, ha logrado ubicar a cuatro de sus miembros en la Cámara de Representantes: Rashida Tlaib, Jamaal Bowman, Cori Bushh y Alexandria Ocasio-Cortez (AOC).

Hace apenas un par de semanas, una delegación de la DSA fue recibida por Maduro en el palacio presidencial de Venezuela, y unos días después la organización se ponía públicamente del lado de «la Revolución» en medio de las protestas en Cuba.

Organizaciones extremistas como Black Lives Matter (BLM) —que también se puso del lado de la dictadura en un fatídico comunicado en rechazo a las protestas de Cuba y se refirió a Fidel Castro como un héroe tras su muerte— y Antifa son aliadas en Estados Unidos del Foro de Sao Paulo.

Opal Tometi, fundadora de BLM, participó en la cumbre People of African Descent Leadership en 2015, donde reconoció a Maduro como un «luchador por los derechos del pueblo».

Cuba: la cabeza de la serpiente

Si bien es cierto que la existencia del Foro de Sao Paulo implica que la Revolución cubana emigró desde principios de los ’90 hasta expandirse por todo el continente, su seno de inteligencia, estrategia y poder sigue estando en Cuba.

Las protestas que han sacudido a la isla en las últimas semanas son casi un presagio para los países de la región, y cualquiera que sea el desenlace tendrá repercusiones severas en las Américas. Mientras tanto, el Gobierno del presidente Joe Biden pareciera ceder ante las presiones de la izquierda, y ahora se plantea la posibilidad de suavizar su postura frente a Cuba y facilitar el envío de remesas a los cubanos.

La comunidad cubana en Estados Unidos ha alzado su voz en busca de una respuesta certera por parte de Biden. Hace unos días, por ejemplo, artistas cubanos pidieron a la Casa Blanca que «despierte» ante los reclamos de libertad del pueblo de Cuba, durante la celebración de los Premios Juventud 2021.

En una entrevista exclusiva para El American, la periodista cubana de Breitbart, Frances Martel, expresó la necesidad de armar a la ciudadanía cubana para que pueda defenderse de los abusos del régimen comunista de Miguel Díaz-Canel:

«Si hablas con cualquier cubano, ellos te dicen: nosotros no queremos que se mueran soldados americanos con nosotros, no queremos que nadie pelee en nuestro nombre. Nosotros peleamos, pero no podemos pelear sin armas».

Martel considera que es el momento de dar el ejemplo a otros países actualmente reprimidos por regímenes autoritarios: «en todos los países reprimidos, si hay una manifestación, recordarán lo que pasó en Cuba y no van a querer apoyarlo». Y no es la única.

El alcalde de Miami, el americano de ascendencia cubana Francis Suárez, pidió una intervención militar internacional liderada por Estados Unidos para «proteger al pueblo cubano de un baño de sangre». «Son narcotraficantes, son terroristas y son personas que están exportando la ideología del comunismo en todo el hemisferio», dijo sobre el régimen cubano. «Esto afecta la seguridad nacional de Estados Unidos».

En los últimos días se han registrado manifestaciones en apoyo a las protestas en Cuba. En Argentina, grupos a favor y en contra se concentraron a las afueras de la embajada cubana en Buenos Aires. Mientras tanto, una caravana de cubanos llegó a Washington para dar apoyo a los manifestantes en la isla desde la Casa Blanca, así como para pedirle a Biden que reaccione al respecto. En Madrid, el exilio cubano protagonizó una multitudinaria manifestación a favor de quienes protestan en su tierra natal.

El Foro de Sao Paulo ha ocupado todos nuestros países y nos ha hecho a todos parte de esa protesta. De quebrarse los cubanos, todo el continente tendrá que asumir otros tantos años de comunismo y represión. De liberarse Cuba, toda la región protagonizaría el renacer de la libertad.

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