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La cultura cancelada: sin juicio crítico solo hay tiranía y represión

La cultura solo es posible en la diversidad, en la libertad y en el marco de los valores republicanos

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«Imagina no publicar a Gay Talese porque tuvo la franqueza de decir que ninguna mujer periodista había tenido influencia en su vida», escribía hace un par de días el gran Orlando Avendaño. Esta exhortación a escapar, de alguna manera, de la cultura de la cancelación, lejos de ser pueril o pasajera, bien merece nuestra reflexión. En ese mundo (por lo pronto ingrávido) de la cultura cancelada, lo único sustancial que sucede es que perdemos todos (y lo perdemos todo).

No hay ninguna cultura en de la cancelación; tal neologismo no es más que un eufemismo para censura. No hay ni habrá cultura allá donde apenas un puñado de cobardes puedan dar discursos lavados que no condenen ni provoquen, que no sugieran ni agiten, que no inciten o estimulen.

La cultura solo es posible en la diversidad, en la libertad y en el marco de los valores republicanos. Lo demás, esa alternativa insípida y oscura que proponen algunos, es un panfleto que requiere el previo consentimiento (y, por ende, la formación) de una policía del pensamiento, de un “ministerio de la verdad” que digiera, tamice y amolde los hechos según los antojos morales de una generación que se atragantó en su prosperidad. La cultura solo es posible con voces disidentes que indaguen y cuestionen todo precepto o verdad revelada que las modas quieran imponer.

Sin cultura no hay juicio crítico, porque es la cultura la que lo habilita y fomenta. Sin juicio crítico solo hay tiranía y represión; obediencia y cinismo. Es ese y no otro el camino que marcan los bienintencionados, los medidores de la corrección y el buen comportamiento. Es ese y no otro el camino que pretenden quienes, desde lo más alto de su trono, organizan cazas de brujas con la excusa del bien común bajo el brazo.

Quienes buscan tan absurda quimera no tienen como enemigo, como ellos aseguran, a la “ofensa” o al heteropatriarcado o al hombre blanco. Su enemigo, eso contra lo que luchan, lo que les parece abominable e imperdonable, es la libertad, esa preciosa facultad natural del ser humano por la que tantos sacrificaron sus vidas.

¿Quién querría vivir en un mundo sin Monty Python? (Flickr) cultura cancelada
¿Quién querría vivir en un mundo sin Monty Python? (Flickr)

Imaginemos, entonces, un mundo sin Gay Talese. Sin Woody Allen ni Monty Python. Sin J. K. Rowling ni Michael Jackson. Imaginemos ese mundo pulcro e impoluto en el que no hay ofensa ni sobresaltos, pero en el que tampoco hay retos intelectuales ni variedad cultural. Imaginemos ese mundo sin sentido del humor, aburrido a morir, en el que toda palabra dicha en público ha sido previamente pasada por el colador inmenso del buenismo. Imaginemos un mundo en el que nuestra fuente de trabajo, bienestar emocional e integridad física dependan de la aprobación de los enemigos de la libertad. Imaginemos un mundo en el que la única forma de escapar a la homogeneidad sea el linchamiento.

Imaginemos ese mundo y temámosle, porque su frigidez golpea nuestras puertas. Imaginemos ese mundo y resistámoslo, porque de nuestra resistencia dependen los libres.

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