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La cultura de la cancelación ha llegado muy lejos con J.K. Rowling

Cómo la cultura de la cancelación y activistas trans pusieron en riesgo la vida de J.K Rowling

La autora de Harry Potter, según denunció en Twitter, recibió amenazas de muerte luego de que un grupo de activistas transgénero publicara la dirección de su casa

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La cultura de la cancelación sigue avanzando desenfrenadamente. Cada vez más grupos minoritarios, pero bulliciosos, se coordinan para “cancelar” todo aquello que se considere “inapropiado” ante los ojos de la corrección política. Lo hacen por internet, en la mayoría de los casos, a través de campañas de desprestigio y acoso; pero también lo hacen en persona, poniendo en riesgo la integridad emocional e incluso física de las personas, tal y como le pasó a Joanne Rowling, más conocida como J.K. Rowling.

El 22 de noviembre, la autora de Harry Potter denunció que un grupo de activistas trans había organizado una manifestación frente a su casa en Escocia, y luego publicaron una foto con su hogar visible en el fondo donde se exponía su dirección particular.

“El viernes pasado, la dirección de mi familia fue publicada en Twitter por tres actores activistas que se fotografiaron frente a nuestra casa, poniéndose cuidadosamente para asegurarse de que nuestra dirección fuera visible”, escribió J.K Rowling.

“Tengo que asumir que @IAmGeorgiaFrost, @hollywstars, y @Richard_Energy_ [las tres activistas trans] pensaron que al hacerme doxxing me intimidarían para que no hablara de los derechos de las mujeres basados en el sexo. Deberían haber reflexionado sobre el hecho de que ahora he recibido tantas amenazas de muerte que podría empapelar la casa con ellas, y no he dejado de hablar”, siguió la escritora británica.

Doxxing, para los que no están familiarizados con el término, es la publicación de información privada de alguien en Internet sin su consentimiento.

En su hilo, además, Rowling denunció que muchas mujeres le relataron que fueron “objeto de campañas de intimidación que van desde el acoso en las redes sociales, el señalamiento de sus empleadores, hasta el doxxing y las amenazas directas de violencia, incluida la violación”.

Según la escritora, estos casos surgieron por el simple hecho de que estas mujeres se negaron “a aceptar acríticamente que el concepto sociopolítico de identidad de género deba sustituir al de sexo”.

 La cultura de la cancelación ha llegado muy lejos con J.K. Rowling
En imagen, la autora de Harry Potter, J.K. Rowling. (EFE)

La “transfobia” de J.K. Rowling que le valió la cancelación

Quizás algunos no lo recuerden, pero este episodio inició con un tweet de Rowling en junio de 2020 cuando la escritora criticó un artículo que, en lugar de utilizar la palabra “mujeres”, usó en su titular el término “personas que menstrúan”, supuestamente para no herir las susceptibilidades de las personas trans.

A partir de ese tweet, la autora de Harry Potter sufrió en carne propia la cultura de la cancelación a manos de la comunidad LGBT. Los activistas trans, particularmente, fueron duros con la escritora, acusándola de transfobia. El ataque contra Rowling fue tan grande que incluso hubo librerías que retiraron los libros de la británica solo por su opinión sobre las personas trans.

Lo que caldeó aún más los ánimos es que J.K Rowling no se ablandó y, posteriormente a su tweet, publicó un extenso ensayo donde habla del miedo que sienten las mujeres por las políticas inclusivas relacionadas a las personas trans.

“Cuando se abren las puertas de los baños y vestuarios a cualquier hombre que se crea o se sienta mujer —y, como he dicho, ahora se pueden conceder certificados de confirmación de género sin necesidad de cirugía u hormonas—, se abre la puerta a todos los hombres que quieran entrar. Esa es la pura verdad”, se lee en ese artículo.

Esa denuncia de J.K. Rowling, por más que indigne a la comunidad LGBT, es innegablemente cierta. En octubre pasado, por ejemplo, el Daily Wire publicó una investigación sobre cómo Scott Smith, un padre que se viralizó luego de que la policía lo detuviera en una reunión de la Junta Escolar del Condado de Loudoun, en Virginia, intentaba denunciar en la reunión que su hija había sido violada por un estudiante masculino que “llevaba falda” y había entrado en el baño de mujeres gracias a la política de la escuela que permite a las personas trans ingresar a los sanitarios femeninos.

En imagen, los libros de Harry Potter escritor por la escritora británica J.K. Rowling. (Flickr).

Lo que denuncia J.K. Rowling no es más que sentido común. Los hombres biológicos, percíbanse como se perciban, deben ir a los baños de hombres. Los hombres biológicos, incluso haciendo su transición de género, no deberían competir en deportes femeninos porque tienen una ventaja física importante y eso sería injusto. Las mujeres, por supuesto, son las únicas que pueden menstruar y expresarlo no es un acto de transfobia.

Sin embargo, la cultura de la cancelación no concibe ni comulga con el sentido común. Es, de hecho, un arrebato de irracionalidad capaz de superar la barrera de Internet. Pues J.K Rowling no solo ha recibido insultos y amenazas en línea, sino que también se le apartó de eventos importantes, el más reciente organizado por HBO Max, que lanzó un especial de Harry Potter donde se reunió a todo el elenco de la zaga.

La autora británica fue apartada sin explicación, pero muchos suponen que es por su imagen “negativa” hacia la comunidad LGBT.  

La cultura de la cancelación tampoco entiende de aliados, razas, estratos sociales o edades. Durante años, J.K. Rowling fue una escritora asociada mayormente a ideas progresistas. Ella misma declaró, allá por el 2000, que es “de izquierdas”. En 2008 donó $1,900,000 al partido laborista de Reino Unido; criticó públicamente a políticos conservadores como Donald Trump y también se opuso al Brexit. Pero ahora los activistas de izquierda le acusan de ser una ”falsa progresista”; y lo hacen solo porque la autora no les siguió el juego y plantó cara a políticas o ideas que pueden ser peligrosas para las mujeres.

La cultura de la cancelación, definitivamente, ha llegado muy lejos con J.K. Rowling. A pesar de que no comulgo con las ideas políticas de la escritora, es imposible no apoyarla en un momento donde la sociedad necesita de personas influyentes que se animen a defender sus creencias basadas en el sentido común sin miedo a los canceladores.

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