fbpx
Saltar al contenido

Cultura de la cancelación: qué es y cuáles son sus características

Imagen de la pantalla de un teléfono celular en donde se ven distintas apps de redes sociales

Seguramente has entrado en redes sociales como Twitter y has leído que están «cancelando» a una celebridad o algún personaje público al restringir su presencia en el ojo público. A este fenómeno digital se lo conoce como «cultura de la cancelación». 

¿Qué es lo que sabemos exactamente sobre este movimiento? ¿Cuáles son sus características? ¿De dónde proviene el término? Son preguntas que nos hemos planteado y desarrollado en esta nota. ¡Sigue leyendo para conocer más!

¿Qué es la cultura de la cancelación?

Se conoce como cultura de la cancelación al movimiento que surge cuando un grupo de personas, usualmente seguidores, retiran su apoyo y muestran su rechazo hacia alguna personalidad pública por cometer actos o dichos «ofensivos» en contra de un grupo, una actividad o contra una persona en particular. El uso de redes sociales ha sido fundamental en el crecimiento de la cultura de la cancelación contra diversos personajes públicos. 

Aunque son pocos, también se conocen algunos casos en el que es tu misma comunidad la que te cancela, como fue el caso de John Milius, al ser censurado por Hollywood.

La cancel culture, como se le conoce en inglés, es uno de los temas que ha tenido más relevancia en la última década, hallando diversos escándalos que han terminado afectando la reputación de celebridades por actos ilícitos o poco morales cometidos en perjuicio de otros. En ocasiones, este movimiento ha logrado eliminar del panorama del espectáculo a estrellas con carreras consolidadas, pero con grandes escándalos de fondo, siendo Estados Unidos uno de los países con mayores ejemplos de esta situación.

Cuando un grupo de personas quiere cancelar a algún famoso, buscan la manera de retirarle su apoyo. Por ejemplo, si se tratara de un actor, las personas dejarían de ver la serie en la que participa; si habláramos de alguna empresa o marca, los clientes dejarían de comprar sus productos.

Un caso muy famoso de «celebridad cancelada» fue el de Ellen DeGeneres. A mediados del 2020, varios medios de comunicación en Estados Unidos sacaron a la luz testimonios de personas que trabajaron con la conductora. Los empleados la acusaban de ser una «jefa tóxica» que, incluso, tenía actitudes agresivas.

Los trabajadores, además, explicaron que la amabilidad que proyectaba DeGeneres frente a las cámaras era solo una pose, ya que ella en realidad era muy déspota con su staff de producción. Incluso, llegaron a comentar que la conductora llegó a realizar comentarios racistas a una de sus empleadas. La compañía Warner Media abrió una investigación para comprobar tales acusaciones y, por otro lado, las redes sociales estallaron para comenzar a cancelarla. 

¿Cómo se origina la cultura de la cancelación? 

La cultura de cancelación posee varias versiones que intentan explicar sus orígenes e intenciones. La primera de ellas está relacionada con una película llamada New Jack City, en la cual se llamaba a «cancelar» a una de las mujeres que aparecía en dicha cinta. Otro de los orígenes históricos se remonta al ​​reality show Love and Hip-Hop: New York donde la expresión «estás cancelada» era repetida.

Filósofos como el esloveno Slavoj Zizek han manifestado su preocupación ante el fenómeno digital y lo han catalogado como «un caso ejemplar de falso igualitarismo destinado a alimentar el odio y la envidia».

Con las condiciones adecuadas, un tuit, por ejemplo, puede viralizarse en solo un par de horas, recibir miles o millones de visualizaciones y comentarios que hablen de indignación y odio ante lo que leen o ven. Esta avalancha de mensajes es el inicio de la cultura de la cancelación. Aquí algunas personas decidirán ir más allá, tomar represalias, proponer castigos, etc. Se han visto casos en que los usuarios investigan y analizan todos los perfiles públicos y privados de esta persona para recopilar información.

El movimiento de cancelación tomó más amplitud en 2017, cuando salieron a la luz diversos escándalos de personalidades de Hollywood, en las cuales se pedía su cancelación de espectáculos y de diversos eventos. Un caso ejemplar de este movimiento lo protagonizó el mismo Zack Snyder, director de la película Justice League. El movimiento se fue extendiendo con diversos hashtags como el de #MeToo, en el cual se denunciaban abusos sexuales por parte de personalidades.

Otro de los casos más conocidos fue el boicot a J.K. Rowling, autora de Harry Potter, por sus dichos y lo que muchos activistas denominan una «actitud transfóbica», acusación que ella ha rechazado en varias ocasiones.

Los señalamientos hacia la creadora de Harry Potter crecieron en el 2020, tras el lanzamiento de su libro Troubled Blood. Se puso en tela de juicio la trama de la obra, la cual trataba sobre un hombre que se viste de mujer para cometer diversos asesinatos. Estas ideas inquietaron al público y a la comunidad LGBT, quienes popularizaron el hashtag #RIPJKRowling en alusión a que su carrera estaba terminada. Incluso, se dice que este tipo de inconvenientes con la escritora fueron la causa de su ausencia en el reencuentro del 20º aniversario de Harry Potter.

¿Cuáles son las características de esta cultura?

La cultura de la cancelación tiene una serie de características intrínsecas al tipo de movimiento que es y a los objetivos que se plantea con sus ideales de justicia social sobre diversas figuras públicas. 

Entre las características de este movimiento es posible mencionar:

  1. Suele originarse en redes sociales a partir de la revisión de un tuit antiguo o dichos de alguna persona sobre un tema o acciones ilícitas.
  2. Buscan el silenciamiento o finalización de la carrera de una personalidad pública como parte del reclamo de justicia.
  3. Tiene como objetivo castigar y avergonzar de manera pública a una figura que haya dicho un comentario reprochable o que haya tenido una actitud del mismo estilo.
  4. Existe un debate en ciertas áreas sobre si algo es válido o no en nombre de la libertad de expresión. Ejemplo de esto son los comediantes y novelistas como Margaret Atwood, quien se ha manifestado en contra de este movimiento.
  5. Parece no existir una especie de derecho a réplica, ya que una vez que ha crecido la ola de críticas por parte de cientos o miles de usuarios, la persona culpada no es escuchada o no se cree en sus palabras en el caso de disculparse. Impera mucho más el sentimiento de desidia hacia ella. 
  6. La persona que es cancelada suele ser una relevante en algún área (deporte, entretenimiento, política, música, entre otros) o tiene cierta cantidad de seguidores en sus redes sociales. Sin embargo, los usuarios que suelen cancelar son en su mayoría anónimos, perfiles falsos o personas con una cantidad de seguidores mucho menor.
  7. No suele ser de larga duración, es decir, la avalancha de críticas y comentarios de reproche suele durar unos pocos días o semanas. Sin embargo, durante ese período de tiempo, el cancelado puede recibir miles y miles de mensajes negativos en todas sus redes sociales.

La cultura de la cancelación funciona como un arma de doble filo: por un lado, se saca para callar a los que amenazan diversas libertades, pero, por otro lado, supone en sí misma una amenaza para la libertad de expresión y el derecho a la privacidad.

Otro punto importante que debemos rescatar sobre este fenómeno está relacionado con el anonimato en internet. En una red social como Twitter o Facebook, cualquier usuario puede optar por escribir su nombre real y subir una foto de su cara o, por el contrario, puede usar un avatar y un seudónimo que oculte su identidad real. Esta última dinámica puede ser totalmente reprobable, ya que hay usuarios que aprovechan ese anonimato para sumarse a la ola de odio o, incluso, provocarla.

No podemos negar que hay declaraciones y hasta bromas que pueden ser vistas como desafortunadas, ofensivas o dañinas para el que las escucha. Pero que eso fomente actuaciones que lleven al otro a la pérdida de su empleo u otro tipo de represalias, puede causar daños irreparables.

Si se tiene una declaración concreta que supone un delito, hay pruebas, testigos, etc., la ley debe actuar. Pero si unas palabras ofenden a una persona o grupo, estas deberían poder ser respondidas a través del debate. La sociedad debe buscar el diálogo constructivo y, para lograrlo, es necesario contar con la educación adecuada

¿Es efectiva la cultura de la cancelación?

En los últimos años, se ha venido generando una discusión sobre la efectividad que tiene el método de cancelación y las repercusiones que acarrea para personalidades que han sido «canceladas». 

Uno de los ejemplos ha sido el expresidente de los Estados Unidos, Donald Trump, a quien se le canceló por diversas acciones y dichos sin que esto fuera un paso hacia su desaparición del ambiente político o mediático. Sin embargo, Twitter y Facebook cerraron sus cuentas, ya que consideraban que sus mensajes podían incitar a la violencia

Desde luego ha habido casos en los que la cultura de la cancelación no logra sus objetivos, como fue el caso de Joe Rogan, al que querían censurar y sacar de Spotify.

En la cultura americana este debate tiene mucho protagonismo por las continuas afirmaciones que existen entre quienes apoyan al movimiento y quienes expresan su disconformidad con el mismo. Estos puntos de vista están formados a partir de muchos factores como pueden ser la ideología política, la visión de la sociedad o las afinidades de tipo social.

En 2020, se publicó en Harper’s la carta de 150 intelectuales, entre los que destacaban Margaret Atwood, Noam Chomsky, Salman Rhusdie o J. K. Rowling. Estas personalidades mostraron su preocupación sobre la cultura de la cancelación, considerándola como una «restricción del debate». Además, solicitaban «preservar la posibilidad de desacuerdos de buena fe sin consecuencias profesionales nefastas». 

En la carta se habló de la preocupación que sentían estos pensadores sobre las consecuencias que puede tener en el futuro el movimiento de la cancelación, ya que no solo se está extendiendo, sino que además mantiene con fuerza la intolerancia hacia otros puntos de vista, lo que podría convertirse en una especie de moda para la vergüenza pública y el ostracismo.

Según lo que hemos podido ver, la cultura de la cancelación parece no tener una forma concisa. Las conversaciones que se desarrollan en redes sociales, los tonos que se usan y los objetivos que se exponen dependerán al 100 % del contexto en el que se desenvuelvan y, desde luego, de la figura pública expuesta. 

Podemos decir que otra de las grandes peculiaridades que parece tener la cultura de la cancelación es que suele ser incontrolable, característica que ha molestado a muchas sociedades, especialmente la americana. Funciona como una especie de bumerán: la persona que hoy cancela y promueve la cancelación, corre el riesgo de ser devorado por ese mismo mecanismo. Y, como hemos visto, tampoco tendrá su derecho a réplica si se siguen las pocas reglas que el fenómeno tiene.

Actualmente, temas como el racismo, clasismo, violencia de género y violación no tienen ningún tipo de pretexto válido con el que el acusado pueda defenderse. Pero ¿es necesario juzgar con la misma vara otro tipo de equivocaciones? ¿Por ejemplo, un chiste? La pregunta que debemos hacernos parece ser: ¿son el odio o el rencor el mejor mecanismo para censurar a alguien

¡No te pierdas de los diversos artículos informativos sobre la cultura del presente que tenemos preparados para que avances en tu camino a la libertad sin ningún tipo de excusas! 

Deja una respuesta

Total
4
Share