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Dahmer: La serie con la que Netflix vuelve a manipular la historia

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Monster: The Jeffrey Dahmer Story es la nueva serie de Netflix que está cautivando a la audiencia. En diez episodios de aproximadamente una hora, Dahmer cuenta la historia de uno de los asesinos en serie más siniestros y retorcidos de todos los tiempos. Aunque Netflix asegura que con esta serie “quiere dar voz a las víctimas”, más bien parece que aprovecha para modificar la historia real y hacer política.

El éxito que está teniendo Dahmer se explica por varios factores. En primer lugar, es una serie muy bien rodada, de gran factura técnica y con sólidas actuaciones. Aparte, explota un género muy atractivo para la audiencia de Netflix, el de las historias de asesinos en serie con el agregado de estar basada en hechos reales.

Netflix debe saber de la fascinación que provoca en el público este género y ha decidido hacer una serie del que fuera uno de los psicópatas más prolíficos y retorcidos del pasado siglo, Jeffrey Dahmer, quien, en un período de 13 años, asesinó a 17 jóvenes, con muchos de los cuales además practicó la necrofilia, el canibalismo, y conservó a modo de trofeo algunas partes de sus cuerpos.

Esta serie se suma a otras producciones de Netflix con toque macabro de asesinos en serie, como Extremely Wicked, Shockingly Evil and Vile, sobre las andanzas de Ted Bundy, o Manson Family Vacation, sobre el infame Charles Manson.

Sin embargo, Dahmer difiere de las tradicionales producciones sobre crímenes reales en centrar su atención en las historias de las víctimas, y no sólo en contar de forma más o menos metódica la vida del asesino.

Aunque la serie profundiza en la infancia y juventud de Jeffrey Dahmer, intentando explicar qué le pudo llevar a cometer tan atroces crímenes, lo hace en orden no cronológico, armando su historia con saltos en el tiempo en función de sus relaciones con algunas de sus víctimas, mostrando sus vidas y qué les llevó a ellos a verse seducidos por quien acabaría matándolos.

Este enfoque sería la justificación de Netflix para contar por enésima vez los crímenes del Monstruo de Milwaukee, que ya han sido expuestos en decenas de películas y documentales. Sin embargo, a pesar del supuesto respeto por los muertos que dice haber querido tener Netflix con esta serie, muchas personas están criticando la serie por oportunista y morbosa, incluidas algunas familias de las víctimas.

Rita Isbell, la hermana de la víctima de Dahmer, Errol Lindsey, se quejó en una entrevista para Insider de que Netflix no se pusiera en contacto con ninguno de los familiares de las víctimas, asegurando que “Netflix debería haber preguntado si nos importa o cómo nos sentimos por hacerlo. No me preguntaron nada. Simplemente lo hicieron”.

Rita Isbell es quien durante el juicio se encaró con el asesino y lo increpó de forma vehemente por sus crímenes, en una escena que se reconstruye con exactitud milimétrica en uno de los últimos capítulos.

Un primo de Rita Isbell también se hizo viral con un tweet en el que acusaba a Netflix de “retraumatizar” a su familia.

Este tipo de reacciones de los familiares, dejando claro que se sienten ninguneados y agredidos, ponen en entredicho las afirmaciones públicas de la productora de querer homenajear a las víctimas. ¿Cuáles serían entonces las intenciones de Netflix para hacer esta serie?

Dahmer según Netflix: todo es política

La respuesta más plausible e inmediata es que Netflix simplemente quiere hacer caja explotando el morbo de uno de los casos más escabrosos que se conocen. Pero al ver la serie, y conociendo los antecedentes de la productora a la hora de impregnar de ideología su contenido, bien podría pensarse que la nueva serie pretende reescribir la verdadera historia para hacerla encajar con el relato político que conviene a la izquierda.

A pesar de que Jeffrey Dahmer fue asesinado en la cárcel en 1994, y que sus crímenes tuvieron lugar durante la década y media anterior, la serie está impregnada en todo momento de los temas fetiche de la política izquierdista woke de la actualidad.

Por un lado, la serie pretende convertir a las víctimas en una suerte de proto-mártires de los movimientos BLM, LGBT y feminista, y por otro lado se encarga de señalar con el dedo al villano que hay que odiar, quien sorprendentemente no es el Monstruo de Milwaukee, sino la Policía. La serie prácticamente termina siendo un pasquín en apoyo al movimiento Defund the Police.

¿Qué nos hace pensar esto? Los cambios que hace la serie con respecto a la historia real son la pista que revelaría las no tan ocultas intenciones de Netflix.

El cambio más evidente es el del personaje de Glenda Cleveland, presentada como la vecina puerta con puerta del asesino, quien es casi la protagonista en esta versión de la historia. No en vano, la serie empieza y termina con ella.

En los primeros instantes del primer capítulo aparece viendo noticias en la TV sobre brutalidad policial con tintes racistas, cuando escucha ruidos de una sierra eléctrica que provienen del apartamento contiguo, así como un insoportable olor a podrido.

Cada vez que pide explicaciones a su vecino, este le da ridículas excusas. Lo mismo le pasa todas las veces que llama a la policía para advertir de lo que podría estar sucediendo en el piso contiguo, quedando los policías retratados como incompetentes rayando en la complicidad con el asesino, que la ningunearon, aparentemente, por ser negra y mujer.

El sesgo racista, clasista, machista y homófobo de la Policía serían la explicación que da la serie para que el asesino hubiera podido prolongar durante tanto tiempo sus fechorías. Además, que se nos muestre que la Policía premió como policías del año a los agentes que tantas veces ignoraron a Glenda Cleveland, sería la confirmación de que el racismo es sistémico dentro del cuerpo.

El problema es que la versión de Netflix es mentira. El premio a los policías nunca ocurrió en la vida real, y la verdadera Glenda Cleveland no era la vecina de al lado de Jeffrey Dahmer, sino que vivía en un edificio cercano.

En realidad, Glenda Cleveland sí llamó a la policía meses antes, cuando su hija le contó que vio al joven de 14 años en estado semiinconsciente con Dahmer, y la policía actuó mal al aceptar las explicaciones de este diciendo que estaba borracho tras una pelea de novios, pero no al extremo que lo lleva la serie.

La serie fusiona el personaje de Glenda Cleveland con el de su verdadera vecina, Pamela Bass, quien se quejaba de ruidos y olores, y con el de otros muchos vecinos que tras su detención salieron a contar sus experiencias con el asesino.

Podríamos pensar que esta unificación en un solo personaje se hace para simplificar la historia, pero cuando Netflix se empeña en denostar a la policía de forma tan flagrante, lo que sería una inocente licencia narrativa se convierte en malicia para condicionar al espectador.

Dahmer y la espiral de victimismo woke

La serie Dahmer es víctima de las incongruencias propias de la ideología woke y la “interseccionalidad“, cayendo en una espiral de victimización por el mero hecho de pertenecer a diferentes minorías supuestamente oprimidas. La confirmación de este victimismo sin fin está en la propia reacción de la comunidad LGBT ante la serie.

En un principio, Netflix incluyó la serie dentro de su categoría LGBT, ya que la mayoría de las víctimas de Dahmer eran homosexuales a los que seducía en bares gay. Parecía lógico que el servicio de streaming se sumara a la moda potenciando esta temática, pero pronto tuvo que retirar esta etiqueta debido a las quejas de los activistas LGBT, que acusaban a la serie de dejar en mal lugar a su comunidad, ya que el propio Dahmer era homosexual.

También resulta sospechoso el empeño de Netflix por querer hacer del caso Dahmer una cuestión de derechos civiles de los afroamericanos, cuando en realidad elegía a sus víctimas no por el color de su piel, sino por el tipo de complexión física.

En resumidas cuentas, la publicidad que presenta la serie como un homenaje a las víctimas es difícil de creer, porque no sólo ni siquiera pidieron permiso ni información a los familiares, sino que además parecen estar instrumentalizando a las víctimas con objetivos políticos.

También resulta difícil confiar en las nobles intenciones de Netflix cuando con esta serie parece estar preparando algo así como un “Universo Cinematográfico de Asesinos en Serie de Netflix“, al meter con calzador al personaje del payaso asesino John Wayne Gacy, de quien probablemente sacarán su propia serie en un futuro.

Si uno siente la necesidad de conocer más sobre este horrendo caso y sus víctimas, mejor que vea alguno de los documentales, ya que esta serie sólo ofrece entretenimiento para satisfacer las fantasías woke.

Ignacio Manuel García Medina, Business Management teacher. Artist and lecturer specialized in Popular Culture for various platforms. Presenter of the program "Pop Libertario" for the Juan de Mariana Institute. Lives in the Canary Islands, Spain // Ignacio M. García Medina es profesor de Gestión de Empresas. Es miembro del Instituto Juan de Mariana y conferenciante especializado en Cultura Popular e ideas de la Libertad.

Social Networks: @ignaciomgm

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